sábado, diciembre 16, 2006

Monedas y papeles

Resulta que andaba preparando la ropa para mandar al lavadero, y era una pila grande porque hacía como tres semanas que no llevaba nada. Había ropa en el piso de la habitación, sobre las sillas, en el baño, por todos lados. Como hago siempre, empecé a separarla según la simpatía que le tenga a la prenda, y así las camisas de laburo fueron amontonándose sin ninguna gracia y las camisas de salir fueron dobladas con amor y apiladas en grupos de no más de tres, y estacionadas a 45º al lado de los pantalones que cumplen el mismo propósito y que ostentan pequeñas etiquetas de papel que dicen “Cena con Fulana”, “Primer beso a Sultana”, etc.
Al doblar una bermuda con un papelito azul que decía “Paseo por el Tigre con Aníbal”, noté un bultito en el bolsillo derecho que resultó ser un billete de 5 pesos arrugado y unas monedas chicas y pegoteadas (recuerdo que Aníbal compró helados, y que ese día el sol derretía la brea de las calles). Desarrugué el billete y lo puse sobre la mesita de luz, y seguí ordenando. En el bolsillo de una camisa encontré 20 pesos y en un short 35 doláres.
Y así sucesivamente, fui armando una pila grandecita sobre la mesa de luz, porque encontré ropa debajo de la cama con etiquetas de la época del 1 a 1, “Praia Dos Ingleses” y esas cosas.
Australes, Patacones serie B, Reales, Pesos Uruguayos, Dólares y, debajo de la toallita de un slip que decía “Ruta Hotel con Katsumi”, 200 yenes.
Decidí buscar en la ropa limpia también, por supuesto.

Así llegué a juntar casi 700.000 pesos y estaba pensando en llamar a mis amigos para ir a festejarlo, cuando llegué al vaquero Wado’s que tenía la etiqueta roja de las malas salidas.
Estaba en lo más profundo del cajón de abajo del placard y decía simplemente “BB”. No recordaba a nadie que tuviera un nombre con esas iniciales, ni un lugar, y con Brigitte Bardot nunca salí, así que metí la mano confiado y saqué un papel amarillo con olor a farmacia.

Ahora voy a ver qué hago con la guita. Si me compro algo, o invito a mis amigos o la vuelvo a meter en la ropa y hago de cuenta que nunca revisé nada y que las cuentas están saldadas, porque no me alcanza todo lo que junté para deshacer la letra retorcida del ginecólogo que decía que todo había salido bien cuando justamente todo había salido tan mal y yo no podía ni mirarte a la cara cuando te dije que ya estaba y que tus padres jamás iban a enterarse.

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* Esto es un borrador, y adolece terriblemente de tener un (proyecto de) final que no tiene nada que ver con el desarrollo suelto y casi fantástico, un abrupto cambio de rumbo a partir de que escribí "bebé". Pero eso es lo que pasa cuando uno escribe al garete o anda revisando bolsillos como si fuera inocente.

jueves, diciembre 14, 2006

El show de los Muppets

Cuatro de la tarde.
Pablito se apura con un laburo que hasta ese momento venía haciendo a media máquina. Nelly interrumpe sus excursiones al baño por lo menos por una hora. El señor Cañete le mete presión a una reunión y azuza a sus muchachos para que entreguen lo que les pueda quedar en el tintero.

A las cuatro de la tarde se produce un giro dramático, casi grotesco, en la trama oficinesca. Es demasiado tarde para dar vuelta el día por completo, pero demasiado temprano para darlo por terminado. Por espacio de más o menos una hora, hay un movimiento parecido al trabajo a conciencia. Los jefes vuelven a ejercer por un rato (se relajan después del menú ejecutivo y la copa de Valmont bautizado) y entonces las caretas deben reacomodarse y sostenerse un rato más.
En una oficina que trabaja hasta las seis, a las cuatro pasa eso, se realiza el Maratón de los sesenta minutos; a las cinco eso está terminado, y la inercia manda hasta las seis. Pero las cuatro de la tarde son milagrosas. Uno podría pararse a contemplar la hora camaleónica como si fuera el cambio de guardia en Buckingham, y no saldría defraudado.
Es la mejoría de la muerte, el último manotazo del ahogado, la recta final sin ganador visible todavía, cuando el pelotón entero cobra vida de pronto por lo menos hasta que uno saque cuatro cuerpos y todo esté definido.
A las cinco se les agota el aire, se cortan los piolines al unísono y las caretas empiezan a rodar y a entrechocarse en el suelo. Pablito manda a la bandeja más oculta lo que le queda pendiente y Nelly vuelve al baño aunque sea a mirarse las uñas. El señor Cañete, súbitamente tiene una visión de su flamante cuarta esposa y quiere terminar ya con una reunión lánguida y frustrante, donde ha comprobado una vez más que está rodeado de inútiles.

A las ocho del día siguiente volverán a intentarlo, renovarán el drama que irá haciéndose comedia hacia el mediodía, caerá en el absurdo en varios momentos y alcanzará su apogeo a las cuatro, cuando un mamarracho de cucú grandote como el de Carlos Paz les indique que es la hora del grotesco.

miércoles, diciembre 13, 2006

Échale la culpa a La Volpe

Lo siento.
Tenía un post buenísimo para festejar los 100, y pensaba engancharlo con el tricampeonato. Había fotos de Ramírez y un gran danés arlequín, otro poema de jmslayer al ventilador de Gutiérrez, en fin, cosas hermosas.
Pero lo de esta tarde acabó con cualquier ánimo festivo que existiera en mí por varias décadas.
Es de esperar que venga rápido el post 101, y que coincida con el anuncio de la violación alevosa, masiva y reiterada, de La Volpe.
Sean benévolos con los comentarios, porque el fútbol siempre da revancha, porque sé dónde viven y porque mi psiquiatra se rió mucho cuando le pregunté por el alta.

martes, diciembre 12, 2006

Post número 99

Una receta para Simón (Primera Parte)

Dicen que la comida es el sexo de los viejos; tomando eso en cuenta, podría afirmarse que la casa de los Martínez era como un templo consagrado al Kamasutra, aunque el libro de cabecera fuera el de Doña Petrona, edición de 1.962.
Tanto Marta al mediodía como Simón para la cena, solían consultar el voluminoso manual que ahora estaba lleno de anotaciones marginales y con señaladores de colores por todas partes. Y no oficiaba sólo como el Kamasutra: en ocasiones , sobre todo Simón con su voz de barítono, lo usaban como si fuera un tomo de poesía. Él a veces, con la excusa de confirmar un preparado con su mujer, le leía de pie cosas así:
Lengüitas de Cordero a la Rusa: Limpiar las lengüitas pasándolas por la llama, y cocinarlas con abundante agua con sal y verduras; dejar enfriar en su mismo jugo.
Y Marta, pícara, podía responder al rato y de memoria con otra receta:
Se cortan los pomelos por la mitad y se les extrae la pulpa, que se usará para rellenar las cáscaras mezclada con azúcar negra. Rociar con crema de leche cada mitad y colocar unos minutos en horno caliente.
Y así andaban, rehogados todo el día, almibarados, adobados, salpimentados, salteados, untados, eligiendo martinetas gordas para hacerlas a la “Bellavista”, atándoles las patas, cubriéndolas con tiras de tocino y mandándolas al horno que siempre estaba caliente. Se prodigaban toda clase de atenciones a través de las comidas, se enviaban caricias con aroma y sabor, y en ocasiones casi las corporizaban: a veces, después de un plato especialmente sabroso a Simón le daban ganas de besar a Marta. O era ella la que invitaba un licor con las mejillas arreboladas y a Simón le parecía que volvía a verla de 15 años, cuando él tenía 22 . Sobre todo con los licores, Simón sentía que volvía el tiempo atrás. Porque esa era la especialidad de Marta desde siempre. Los hacía casi desde niña, enseguida había superado a su propia madre, y eso no era un mérito menor. Preparaba un licor de duraznos al coñac que le demandaba más de 5 días, pero Simón caía a sus pies cada vez, invariablemente. La ventaja de ese licor era que también le servía para perfumar cremas y postres y Simón lo reconocía al instante y entonces la retribuía de forma similar. Él tenía muchas especialidades, pero cuando le ofrecía a Marta unos buñuelos de Viento los presentaba como “su especialidad”, y Marta creía que era porque le encantaba el nombre. Pero los buñuelos también llevaban coñac en el almíbar final y así quedaban empatados y había que desempatar , y eso les gustaba a los dos.
Todo se iba dorando armoniosamente, con toques de calor precisos y espolvoreos de coco no tan precisos a causa de la artrosis, hasta el día en que Marta perdió por completo el apetito.
Simón la vio venir del Banco preocupada y supuso que algo había andado mal con la jubilación. Siguió preparándole el café como a ella le gustaba, sin que hirviera el agua pero muy caliente, y esperó a que Marta le contara. Pero ella se demoró en el baño y al salir sólo rechazó el café y se puso a leer una revista cualquiera. No era común verla a Marta tan callada, y sobre todo verla rechazar el cafecito de la media mañana, que era apenas un dedal bien acompañado. Simón se tomó su café con roscas de maicena y estuvo pensando. La última vez que había visto así a su mujer había sido por un problema de salud, y algo más que eso. Porque el médico le había encontrado el colesterol alto y había pretendido ponerla a dieta. Fue tanta la impresión que a ella le produjo la idea de una vida escueta de milanesas de soja y verduras al vapor, que a la semana se había regularizado milagrosamente, y sin privarse ni siquiera del locro de Simón.
Le preguntó cautelosamente si se sentía bien, y ella dijo que le dolía un poco la cabeza y que iba a recostarse. Simón tuvo que prepararse el almuerzo, porque Marta le aseguró que era cansancio y que durmiendo se sentiría mejor. Así que después de mucho tiempo él había cocinado al mediodía, y la comida le pareció sosa y la mesa le pareció muy grande.
Al segundo día de ayuno de su esposa, él insistió en llamar al médico, y ella había acatado distraídamente, entre suspiros. Mientras lo esperaban, Simón apeló a los violines gitanos para ver si la música le despertaba el apetito, pero Marta apenas si aceptó un té cargado y los suspiros se incrementaron.
Por las dudas él dejó abierta la puerta de la cocina mientras repasaba los ingredientes para una bouillabaisse y se los comentaba entre el clamor de la música, allí donde a las cuerdas de los violines se le sumaban las de unas guitarras apasionadas y Simón se quejaba porque no había camarones y así la sopa no era lo mismo.
El doctor la revisó y no encontró nada significativo, y hasta alentó la idea de la dieta, pero recomendó descanso y análisis de sangre y uno espantoso que incluía la búsqueda de parásitos y que Marta intentó rechazar. Los líquidos se permitían en todas sus formas y Simón decidió interpretar que eso incluía a los licores. Por la noche volvió a comer solo, y ni siquiera la bouillabaisse con su merluza, su lenguado, su corvina y su brótola pudieron hacerlo sentir mejor. Ni los mejillones ni los langostinos le devolvieron el entusiasmo, y media cacerola fue a parar a la basura.
En el amanecer del tercer día Marta pareció más animada y se tomó una hora larga para arreglarse el cabello, pintarse las uñas, elegir la ropa y maquillarse. Preparó un desayuno liviano, pero se tomó una taza de café con leche y le volvieron los colores a la cara y le mejoró el pulso. Simón la acompañó con creces y puso muy alto un disco de Aznavour, y hasta cantaron juntos un rato. Sobre el final de una canción, ella cruzó un brazo a través de la mesa y lo tocó. Se tomaron de las manos y ella le dijo que se sentía mejor y que había soñado.
- Fue tan lindo, Simón.
- ¿Y que soñaste?
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(Continuará)

lunes, diciembre 11, 2006

Indioteces


El peyote

Casi tan importante como el de la taplán es nuestro vínculo con el peyote, aunque con él es un vínculo de amistad.
El peyote, peyazo o peyo grande, es una figura tradicional de nuestro acervo popular. Hasta tenemos un dicho: El peyo es el mejor amigo del indio.
Usted habrá visto la cantidad de peyos que andan por acá, coyeteando por todo el teyitorio; y habrá observado nuestra preferencia por los grandes. No encontrará aquí ni chihuahuas ni pequineses: sólo peyotes onda Yotgüáiler.
Como decía, el vínculo es amistoso: a diferencia de la taplán, no lo consideramos un guía. Salvo en el caso de los cieguitos...


Nota para turistas extranjeros: el presente escrito adquiere sentido y hasta cierta gracia si se lo lee en porteño, es decir pronunciando la “y” como “sh”.
Pero también habría que aclarar que se apela al conocimiento del regionalismo que pronuncia la “rr” como “y”, es decir como “sh”.
Es bastante complicado, así que, mejor, si usted no es porteño no lo lea.
Porque puede ser argentino y provinciano, y ne fregarse en porteñidades, y haber leído de entrada “peiote”, en cuyo caso habrá entendido casi tanto como un neozelandés.

Nota innecesaria pero nunca se sabe: la raza canina a que se alude es Rottwailler. Y acá sí me encantaría saber cómo la compilaron, pero eso es una cuestión de maldad mía, propia de la típica soberbia porteña que ejerzo con soberbia típica. (N. Del A.)

sábado, diciembre 09, 2006

Los taplanes


¿Alguien puede criticar a los esquimales por comer pescado? ¿Qué van a comer, camellos? ¿Se puede decir algo de los incas porque comían maíz? Si estaban rodeados de maíz, ¿qué iban a comer, señor?
Eso es lo que nos pasa a nosotros. Acá hay muchísima cannabis, que nuestros ancestros llamaron taplán. Se da solita, en toda la región. Y la comemos, claro. Y la usamos como medicina y hasta la fumamos.

La taplán forma parte de nuestras vidas por una inevitable cuestión de cercanía. El que nos conoce, sabe que nosotros no la iríamos a buscar ni la sembraríamos. Somos un pueblo tranquilo, de no salir mucho. Un poco vagos, también eso es cierto. ¿Para qué andar yendo de un lado para el otro, si acá estamos bien?
La naturaleza nos proveyó de la taplán en abundancia, y acá nos quedamos, y bien contentos. ¿Molestamos a alguien, señor? ¿A quién molestamos?

Sepa que para nosotros la taplán es sagrada. Eso se lo digo de entrada, no porque me quiera atajar, pero es así. Usted pregunte lo que quiera, pero la verdad es que es sagrada y tenemos nuestras razones secretas. Hay secretos, señor, y esos no se los voy a contar. Usted pregunte, y si la respuesta es una cosa secreta, yo se lo digo y me hace otra pregunta.

¿Usted la probó? Digo: ¿la comió? Porque ustedes los gringos son de fumársela y nada más. Con eso adquieren parte del secreto ese que le digo, pero una parte ínfima. A la taplán hay que ingerirla preparada, casi en un ritual. Una ensalada está bien para empezar. O mejor: un tecito de taplán a la mañana. Un sedante natural, y un laxante magnífico, señor. Usted empieza la mañana maravillosamente. Y le abre el apetito, señor; es buenísimo para los chicos que no quieren comer nada.
Después puede hacer unos buñuelos, o usarla en lugar del orégano, o unas empanadas de vigilia distintas y mucho más propiciatorias: capaz que ve a su Dios y todo, señor.

A nuestros animales también les encanta. Vacas, perros, quirquinchos, a todos les hace bien la taplán. Bueno, a los quirquinchos los altera un poco. Por lo general son bichitos tranquilos, pero si comieron brotes de taplán enseguida se les nota, por la velocidad. A veces organizamos carreras de quirquincho y, por supuesto, los entrenadores les dan brotes tiernitos antes de la carrera.

A las mujeres especialmente les cae bárbaro. Les deja la piel sedosa y el pelo brillante, y mejor predispuestas para el amor.
Pero ahí casi me estoy metiendo de lleno en el secreto, así que pregunte otra cosa.

¿Venderla? No, señor. Le dije que es sagrada, ¿ustedes venden sus cosas sagradas? A lo sumo si usted quiere un poco yo le puedo obsequiar, pero venderla no. Además hay como un equilibrio natural entre nosotros y la taplán. Si la vendiéramos nos veríamos obligados a cultivarla, a producirla. Alteraríamos el orden natural. Y además ya le dije que no somos muy afectos al trabajo, señor.

Cuando nos agarran ganas o nos viene la idea de trabajar, lo consultamos con la taplán. La fumamos un rato y oímos sus consejos. Hasta ahora a nadie la taplán le dijo que sí, que empezara a trabajar. Todos tuvimos revelaciones que más o menos decían que nos quedáramos en el molde y no jodiéramos.

¿Mi acento? Es porque vienen muchos turistas argentinos, son los que más vienen. Y están más abiertos espiritualmente: enseguida entienden la parte sagrada y se hacen devotos. La alaban como a su propio Dios, o más.

No me vuelva a preguntar por las mujeres porque ya le dije que eso no, eso es secreto. En todo caso después lo hablamos, ahora tómese el té que se le enfría. Si lo hubiera tomado al mismo tiempo que yo, ahora usted no estaría sentado en ese elefante celeste, señor.
¿Cómo llegó ese elefante hasta acá?

viernes, diciembre 08, 2006

Beta test

Estamos como "en construcción".
Migramos a la versión Beta (lo que permite publicar directamente, clasificar las entradas y agruparlas, etc y por eso al pie de cada post aparecen ETIQUETAS, aunque todavía no clasifiqué todo) pero vamos descubriendo errores con los acentos y con las eñes, y hay que corregirlos.
Seguramente habrá más errores, sepan disculpar y agradecemos si nos avisan de otras fallas. Como dice mi hermano brasilero "Quem avisa nao é traidor"
Obrigado.


miércoles, diciembre 06, 2006

(capaz que es un country)

(ojo. a lo mejor termina siendo un country o la mismísima buenos aires,…
en todo caso ejercicio muy libre, del estilo “escribí que algo sale”, pero bastante prometedor, si se me permite)

La gran cabeza de vidrio domina todo el área, que incluye a la pequeña ciudad y a la selva que comienza más allá. Está suspendida en el aire, veinte metros por encima del edificio más alto. Es blanca, traslúcida, con vetas azules y con hilos rojos que la surcan como una monstruosa red sanguínea. Tiene unos cuarenta metros de altura y no tiene rasgos muy definidos: podría ser una mujer de pelo corto. En la ciudad futurista llueve casi permanentemente y los rayos le dan a la cabeza un aspecto sobrecogedor. La boca de la esfinge es lo único que presenta detalles, aunque no tantos como para determinar su género . Es una boca grave, abierta, donde se advierten los caninos enormes y los colmillos agudos, la lengua, y la bóveda hendida del paladar. Los labios están ligeramente alargados hacia adelante: la boca forma una “O” gigantesca.
La gran cabeza mira hacia la selva, atravesando con la vista la ciudad de metal de este a oeste, y la nuca da sobre el río oscuro y caudaloso, donde las nubes sulfurosas cubren franjas de peces muertos. La figura tiene la apariencia de estar viendo algo que se acerca desde la jungla, y de espantarse con lo que ve.
Los incendios de la selva se ven primero en la cabeza. En esas ocasiones, las lenguas de fuego la encienden como si saliera el sol, y es un astro pavoroso e inmóvil que puede durar días enteros. A veces, cuando la gran cabeza de vidrio se llena de fuego, se oyen tambores. Pero los habitantes de la ciudad metálica no reconocen el sonido lejano ni saben nada del rencor de los parches, y lo atribuyen a la tormenta perpetua. De todas formas los haces de neón verde atraviesan la ciudad y las alarmas hacen que los peatones se refugien aterrados. Las puertas se cierran herméticamente mientras la cabeza arde, y no vuelven a abrirse hasta que el vidrio se calma.
Nadie se pregunta cómo se sostiene la cabeza mineral, ni qué significan los incendios. La aceptan como aceptan el dorado de sus calles y las fuentes de ambrosía, como parte de un orden divino que puede mantener esa luna de vidrio suspendida para siempre: un ídolo misterioso y un vigía para la barbarie circundante. Si la cabeza de los largos colmillos no estalla (y a veces parece temblar con los tambores) los de la ciudad estarán bien.

Fe de erratas: Caninos y colmillos son lo mismo.


lunes, diciembre 04, 2006

Una rascada


Cuando tengo insomnio (como ahora) me da por rascarme. Bueno: cuando tengo insomnio, me da comezón y eso hace que me rasque. Pero lo importante no es el insomnio, ni la comezón, sino la rascada. Parece que rascarme facilita la elaboración de pensamientos y hasta de teorías, como ésta de que rascarse facilita la elaboración etcétera. Algunos detractores dirán inmediatamente que es el insomnio lo que etcétera, pero estarán equivocados, porque si no me rasco no me viene nada a la cabeza por más insomnio que tenga. Y eso lo sé porque he intentado no rascarme cuando me empieza la picazón y en esos casos sólo pude pensar "no me pica, no me pica" o en su defecto "me pica", o una combinación sucesiva y de alto conflicto interno de "no me pica, ¿ah, no?" . Y al rascarme, esos pensamientos se van y dejan lugar a otros mucho más interesantes. O no tanto, pero por lo menos más variados, porque a la media hora de pensar cómo me pica ya estoy aburrido y aburrirse de los propios pensamientos es de lo más deprimente para alguien que la juega de creativo. Y de lo antedicho se deduce fácilmente que tampoco es la comezón porque el único pensamiento que ésta genera ya se mencionó, y no voy a repetirlo. El que no me siga deberá releer porque no voy a cortar la línea de pensamiento ni a dejar de rascarme, porque o somos consecuentes con las propias teorías o nos vamos a dormir, y como dormir no da, ya se sabe.
La rascada, a los efectos de promover ideas, puede comenzar en cualquier parte, siendo conveniente o más piola, iniciar en algún punto donde pique: enseguida aparecerán otros, porque rascarse es sólo cuestión de empezar, y ésta verdad que hasta ahora se tomó como algo menor y sin importancia, algo casi chabacano, a la luz de mi propia teoría adquiere un potencial nuevo y enorme, porque equivale a decir que la formulación de nuevas teorías que tal vez beneficien a la humanidad, es sólo cuestión de empezar. Yo, por ejemplo, empecé con una pierna, y miren adónde he llegado.
Imagino que la fricción de zonas genitales conducirá inevitablemente a cambios beneficiosos y placenteros para la comunidad, pero hay que acordarse de ir a escribirlos, porque en esos casos a mí me gustó más seguir con lo que estaba y ahora me es imposible recuperar esas teorías que seguramente eran buenísimas. Me parece recordar algo que involucraba a Araceli González, pero hoy por hoy, si me apuran, no le veo la relación.
Seguramente todo tiene que ver con la activación del flujo sanguíneo y la captación de endorfinas. Si me rasco con la suficiente vehemencia capaz que largo la explicación científica completa, pero se los dejo como tarea a ustedes porque ahora se me está ocurriendo otra teoría que tiene que ver con que escribir da sueñito, y que los blogs, aunque ésto ya se sabe, son el opio de los pueblos.
Sobre todo el propio.
No hagan ruido.

sábado, diciembre 02, 2006

"Manténganse hambrientos, manténganse descabellados"

En general no pongo cosas de otros, pero acabo de recomendarle ésto a alguien y, releyéndolo, me pareció que valía la pena. Gracias a César por habérmelo hecho llegar a mí.


Discurso que Steve Jobs, CEO de Apple Computer y de Pixar Animation Studios, dictó el 12 de Junio de 2005 en la ceremonia de graduación de la Universidad de Stanford que es una universidad tecnologica y que nunca habia permitido que un no-universitario diera el discurso de despedida a una promocion de alumnos.
“Tienen que encontrar eso que aman”
Me siento honrado de estar con ustedes hoy en su ceremonia de graduación en una de las mejores universidades del mundo. Yo nunca me gradué de una universidad. La verdad sea dicha, esto es lo más cerca que he estado de una graduación. Hoy deseo contarles tres historias de mi vida. Eso es. No es gran cosa. Sólo tres historias.

La primera historia se trata de conectar los puntos
Me retiré del Reed College después de los primeros 6 meses y seguí yendo de modo intermitente otros 18 meses o más antes de renunciar de verdad. Entonces ¿por qué me retiré?.
Comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era joven, estudiante de universidad graduada, soltera, y decidió darme en adopción. Ella creía firmemente que debía ser adoptado por estudiantes graduados. Por lo tanto, todo estaba arreglado para que apenas naciera fuera adoptado por un abogado y su esposa; salvo que cuando nací, decidieron en el último minuto que en realidad deseaban una niña. De ese modo, mis padres que estaban en lista de espera, recibieron una llamada en medio de la noche preguntándoles: “Tenemos un niño no deseado; ¿lo quieren?”. Ellos dijeron “Por supuesto”. Posteriormente, mi madre biológica se enteró que mi madre nunca se había graduado de una universidad y que mi padre nunca se había graduado de la enseñanza media. Se negó a firmar los papeles de adopción definitivos. Sólo cambió de parecer unos meses más tarde cuando mis padres prometieron que algún día yo iría a la universidad.
Luego a los 17 años fui a la universidad. Sin embargo, ingenuamente elegí una universidad casi tan cara como Stanford y todos los ahorros de mis padres de clase obrera fueron gastados en mí matrícula. Después de 6 meses yo no era capaz de apreciar el valor de lo anterior. No tenía idea de lo que quería hacer con mi vida y no tenía idea de la manera en que la universidad me iba a ayudar a deducirlo. Y aquí estaba yo, gastando todo el dinero que mis padres habían ahorrado durante toda su vida. Así que decidí retirarme y confiar en que todo iba a resultar bien. Fue bastante aterrador en ese momento, pero mirando hacia atrás fue una de las mejores decisiones que tomé. Apenas me retiré, pude dejar de asistir a las clases obligatorias que no me interesaban y comencé a asistir irregularmente a las que se veían interesantes.
No todo fue romántico. No tenía dormitorio, dormía en el piso de los dormitorios de amigos, llevaba botellas de Coca Cola a los depósitos de 5 centavos para comprar comida y caminaba 11 kilómetros, cruzando la ciudad todos los domingos en la noche para conseguir una buena comida a la semana en el templo Hare Krishna. Me encantaba. La mayor parte de las cosas con que tropecé siguiendo mi curiosidad e intuición resultaron ser inestimables posteriormente. Les doy un ejemplo: en ese tiempo Reed College ofrecía quizás la mejor instrucción en caligrafía del país. Todos los afiches, todas las etiquetas de todos los cajones estaban bellamente escritos en caligrafía a mano en todo el campus. Debido a que me había retirado y no tenía que asistir a las clases normales, decidí tomar una clase de caligrafía para aprender. Aprendí de los tipos serif y san serif, de la variación de la cantidad de espacio entre las distintas combinaciones de letras, de lo que hace que la gran tipografía sea lo que es. Fue hermoso, histórico, artísticamente sutil de una manera en que la ciencia no logra capturar, y lo encontré fascinante.
Nada de esto tenía incluso una esperanza de aplicación práctica en mi vida. No obstante, diez años después, cuando estaba diseñando la primera computadora Macintosh, todo tuvo sentido para mí. Y todo lo diseñamos en la Mac. Fue la primera computadora con una bella tipografía. Si nunca hubiera asistido a ese único curso en la universidad, la Mac nunca habría tenido tipos múltiples o fuentes proporcionalmente espaciadas. Además, puesto que Windows sólo copió la Mac, es probable que ninguna computadora personal la tendría. Si nunca me hubiera retirado, nunca habría asistido a esa clase de caligrafía, y las computadoras personales no tendrían la maravillosa tipografía que tienen. Por supuesto era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en la universidad. Sin embargo, fue muy, muy claro mirando hacia el pasado diez años después.
Reitero, no pueden conectar los puntos mirando hacia el futuro; solamente pueden conectarlos mirando hacia el pasado. Por lo tanto, tienen que confiar en que los puntos de alguna manera se conectarán en su futuro. Tienen que confiar en algo – su instinto, su destino, su vida, su karma, lo que sea. Esta perspectiva nunca me ha decepcionado, y ha hecho la diferencia en mi vida.

La segunda historia es sobre amor y pérdida
Yo fui afortunado – descubrí lo que amaba hacer temprano en la vida. Woz y yo comenzamos Apple en el garage de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos duro y en 10 años Apple había crecido a partir de nosotros dos en un garage, transformándose en una compañía de US$2 mil millones con más de 4.000 empleados. Recién habíamos presentado nuestra más grandiosa creación – la Macintosh – un año antes y yo recién había cumplido los 30. Y luego me despidieron. ¿Cómo te pueden despedir de una compañía que comenzaste? Bien, debido al crecimiento de Apple contratamos a alguien que pensé que era muy talentoso para dirigir la compañía conmigo, los primeros años las cosas marcharon bien. Sin embargo, nuestras visiones del futuro empezaron a desviarse y finalmente tuvimos un tropiezo. Cuando ocurrió, la Junta del Directorio lo respaldó a él. De ese modo a los 30 años estaba afuera. Y muy publicitadamente fuera. Había desaparecido aquello que había sido el centro de toda mi vida adulta, fue devastador.
Por unos cuantos meses, realmente no supe qué hacer. Sentía que había decepcionado a la generación anterior de empresarios – que había dejado caer el testimonio cuando me lo estaban pasando. Me encontré con David Packard y Bob Noyce e intenté disculparme por haberlo echado a perder tan estrepitosamente. Fue un absoluto fracaso público e incluso pensaba en alejarme del valle. No obstante, lentamente comencé a entender algo – Yo todavía amaba lo que hacía. El revés ocurrido con Apple no había cambiado eso ni un milímetro. Había sido rechazado, pero seguía enamorado. Y así decidí comenzar de nuevo.
En ese entonces no lo entendí, pero sucedió que ser despedido de Apple fue lo mejor que podía haberme pasado. La pesadez de ser exitoso fue reemplazada por la liviandad de ser un principiante otra vez, menos seguro de todo. Me liberó para entrar en uno de las etapas más creativas de mi vida. Durante los siguientes cinco años, comencé una compañía llamada NeXT, otra compañía llamada Pixar, y me enamoré de una asombrosa mujer que se convirtió en mi esposa. Pixar continuó y creó la primera película en el mundo animada por computadora, Toy Story, y ahora es el estudio de animación más exitoso a nivel mundial. En un notable giro de los hechos, Apple compró NeXT, regresé a Apple y la tecnología que desarrollamos en NeXT constituye el corazón del actual renacimiento de Apple. Además, con Laurene tenemos una maravillosa familia. Estoy muy seguro de que nada de esto habría sucedido si no me hubiesen despedido de Apple. Fue una amarga medicina, pero creo que el paciente la necesitaba. En ocasiones la vida te golpea con un ladrillo en la cabeza. No pierdan la fe. Estoy convencido que lo único que me permitió seguir fue que yo amaba lo que hacía. Tienen que encontrar eso que aman. Y eso es tan válido para su trabajo como para sus amores. Su trabajo va a llenar gran parte de sus vidas y la única manera de sentirse realmente satisfecho es hacer aquello que creen es un gran trabajo. Y la única forma de hacer un gran trabajo es amando lo que hacen. Si todavía no lo han encontrado, sigan buscando. No se detengan. Al igual que con los asuntos del corazón, sabrán cuando lo encuentren. Y al igual que cualquier relación importante, mejora con el paso de los años. Así que sigan buscando hasta que lo encuentren. No se detengan.

La tercera historia es sobre la muerte
Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo parecido a “Si vives cada día como si fuera el último, es muy probable que algún día hagas lo correcto”. A mí me impresionó y desde entonces, durante los últimos 33 años, me miro al espejo todas las mañanas y me pregunto: “Si hoy fuera en último día de mi vida, ¿querría hacer lo que estoy a punto de hacer hoy?” Y cada vez que la respuesta ha sido “No” por varios días seguidos, sé que necesito cambiar algo.
Recordar que moriré pronto constituye la herramienta más importante que he encontrado para ayudarme a decidir las grandes elecciones de mi vida. Porque casi todo – todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo el temor a la vergüenza o al fracaso – todo eso desaparece a las puertas de la muerte, quedando solamente aquello que es realmente importante. Recordar que van a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que tienen algo que perder. Ya están desnudos. No hay ninguna razón para no seguir a su corazón.
Casi un año atrás me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un scanner a las 7:30 de la mañana y claramente mostraba un tumor en el páncreas. Yo ni sabía lo que era el páncreas. Los doctores me dijeron que era muy probable que fuera un tipo de cáncer incurable y que mis expectativas de vida no superarían los tres a seis meses. Mi doctor me aconsejó irme a casa y arreglar mis asuntos, que es el código médico para prepararte para la muerte. Significa intentar decirle a tus hijos todo lo que pensabas decirles en los próximos 10 años, decirlo en unos pocos meses. Significa asegurarte que todo esté finiquitado de modo que sea lo más sencillo posible para tu familia. Significa despedirte.
Viví con ese diagnóstico todo el día. Luego al atardecer me hicieron una biopsia en que introdujeron un endoscopio por mi garganta, a través del estómago y mis intestinos, pincharon con una aguja mi páncreas y extrajeron unas pocas células del tumor. Estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me contó que cuando examinaron las células en el microscopio, los doctores empezaron a llorar porque descubrieron que era una forma muy rara de cáncer pancreático, curable con cirugía. Me operaron y ahora estoy bien.
Fue lo más cercano que he estado a la muerte y espero que sea lo más cercano por unas cuantas décadas más. Al haber vivido esa experiencia, puedo contarla con un poco más de certeza que cuando la muerte era un útil pero puramente intelectual concepto:
Nadie quiere morir. Incluso la gente que quiere ir al cielo, no quiere morir para llegar allá. La muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y es como debe ser porque la Muerte es muy probable que sea la mejor invención de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Elimina lo viejo para dejar paso a lo nuevo. Ahora mismo, ustedes son lo nuevo, pero algún día, no muy lejano, gradualmente ustedes serán viejos y serán eliminados. Lamento ser tan trágico, pero es muy cierto.
Su tiempo tiene límite, así que no lo pierdan viviendo la vida de otra persona. No se dejen atrapar por dogmas – es decir, vivir con los resultados del pensamiento de otras personas. No permitan que el ruido de las opiniones ajenas silencien su propia voz interior. Y más importante todavía, tengan el valor de seguir su corazón e intuición, que de alguna manera ya saben lo que realmente quieren llegar a ser. Todo lo demás es secundario.
Cuando era joven, había una asombrosa publicación llamada The Whole Earth Catalog, que era una de las biblias de mi generación. Fue creada por un tipo llamado Steward Brand no muy lejos de aquí en Menlo Park, y la creó con un toque poético. Fue a fines de los 60, antes de las computadoras personales y de la edición mediante microcomputadoras, por lo tanto, en su totalidad estaba editada usando máquinas de escribir, tijeras y cámaras polaroid. Era un tipo de Google en formato de edición económica, 35 años antes de que apareciera Google: era idealista y rebosante de hermosas herramientas y grandes conceptos.
Steward y su equipo publicaron varias ediciones del The Whole Earth Catalog, y luego cuando seguía su curso normal, publicaron la última edición. Fue a mediados de los 70 y yo tenía la edad de ustedes. En la tapa trasera de la última edición, había una fotografía de una carretera en el campo temprano en la mañana, similar a una en que estarían haciendo dedo si fueran así de aventureros. Debajo de la foto decía: “Manténganse hambrientos. Manténganse descabellados”. Fue su mensaje de despedida al finalizar. Manténganse hambrientos. Manténganse descabellados. Siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando se gradúan para empezar de nuevo, es lo que deseo para ustedes.

Permanezcan hambrientos. Permanezcan descabellados.
Muchas gracias.

viernes, diciembre 01, 2006

Semblanzas

- Acá vengo a rendir yo, y viva Perón – dijo el alumno Casas sentándose, al tiempo que sacaba y dejaba sobre el pupitre una 45 reluciente.
- Y acá – dijo el profesor López Echandía poniendo un 38 recortado sobre su escritorio –, tomo examen yo. Y viva el cáncer.

La escena tenía lugar en un aula del colegio “General Paz” del barrio carenciado “Virgencita de Itatí”. La materia era Historia Argentina.

006

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Soy el agente 006.
Black. Tom Black.
Antes, cuando me presentaba así, era como mi marca personal, causaba impacto. Después la gente creía que estaba imitando a Bond, y a veces me lo comentaban sonriendo: “Ah, como…”. La voz y la risa se les esfumaban al ver mi cara.
Pero no podía culparlos, así que dejé de usar esa forma de saludar. Y al cabo de un tiempo hasta supe apreciar las virtudes de Sean Connery.
Ignoro si Fleming se inspiró en mí (nunca nos vimos, aunque es cierto que perteneció al Servicio), o si la casualidad hizo que su famoso personaje usara mi forma de presentación. Lo cierto es que Connery patentó lo de “Bond, James Bond” y no tuve nada más que hacer.
Buen actor, por otra parte. Me sentí íntimamente halagado durante mucho tiempo. Incluso, algunos compañeros notaron el latiguillo y me apodaron inmediatamente “James”.
Con el tiempo, algo de simbiosis fue inevitable.
Luego apareció Roger Moore, y no fue lo mismo.
Al tiempo vino Pierce Brosnan, y fue peor.
Tal vez no haya sido peor, pero yo ya era grande y me molestaban los cambios. Cada vez molestan más.

Estoy en el final de mi carrera, que ha sido brillante. Pero he envejecido, y la gente se ha ido renovando. Los novatos siempre preguntan por mí, y me hablan del Bond de Hollywood. Soy como una leyenda.
Ayer una agente muy joven se presentó ante mí diciendo que quería conocer al auténtico Daniel Craig. (*)
¿A quién?
Daniel Craig, el último “Bond”. El que actuó en…
¿Quién???
Me despedí distraídamente de la muchacha, cogí mi impermeable y salí a la calle. La lluvia siempre es una aliada del que quiere cavilar sin distracciones, y anduve durante horas sin detenerme.
Cuando entré en un pub hice algunos llamados: no fue difícil establecer el patrón de Craig.

Me asigno una misión final, y me autorizo (me ordeno) que antes de disparar me presente como Bond, James Bond.


(*) "Craig luce últimamente como el hermano menor de Gollum" (dicen acá)