Por ejemplo: hasta hace un mes el apéndice no servía para nada, te lo sacaban incluso a la pasada de otra operación. Muchos marineros se lo extirpaban por las dudas antes de irse a pescar el calamar, para evitar el riesgo de que les reventara en alta mar que, según los tránsfugas de guardapolvos, era lo único que podía esperarse del apéndice.
Y ahora resulta que no, que viene a ser casi el órgano principal. Es el colmo.
Nadie duda de que hay una ciencia seria y formal, y que incluso es refrescante que de vez en cuando los Doctores se saquen el corsé con alguna noticia simpática y estrafalaria (es como el aggionarmiento de la religión, como un acercamiento de la ciencia dura a los legos), pero esto del apéndice suena más a pavada de Hollywood, a estupidez mediática para la mayoría mononeuronal.
Es que ellos saben que tienen impunidad: si algunos protestamos demasiado, dentro de un mes dirán que una nueva investigación invalida todo lo antedicho y demuestra que en realidad el apéndice sólo sirve para juntar los hollejos que te tragás sin querer.
El artículo, publicado el mes pasado por la National Academy of Medicine and Medical Research decía casi textualmente:
Un estudio realizado en la Universidad de Massachussetts demuestra que el apéndice es un órgano directamente relacionado con las emociones y los afectos, incluso el amor.
Según la Dra. Susan Leigh, coordinadora del equipo de investigadores “Sex, drugs and rocknroll” , el hipotálamo del cerebro está íntimamente relacionado con el apéndice a través de la vena cava superior (1) y tal relación es bidireccional (y no unidireccional desde el cerebro, como se suponía), siendo el apéndice el sitio donde se originan los Sentimientos Humanos Altos (HHF por sus siglas en inglés), como la piedad, la amistad y el amor a la camiseta .
El resultado es francamente revolucionario, por varios motivos: se comprueba que no estaban tan errados los que antaño le atribuían esa particularidad a un órgano (N. De la A: el corazón) y se establece por primera vez la función específica del apéndice humano.
Entre los testimonios recogidos se destaca el caso de apendicitis aguda sufrida por el cantante melódico Lou Dennis mientras veía a su novia flirteando con otro en el reality “Big Brother”.
(1) Esquema altamente lisérgico presentado por los investigadores:

Después el artículo se divaga hacia consideraciones mucho más técnicas, seguramente incluidas con el objetivo de confundir y rellenar. Lo importante era dar esa noticia, anunciar que es el apéndice el que se te inflama cuando la ves pasar a Gabriela en minifalda o cuando Goyeneche canta “Naranjo en flor”.
Hablando de artistas, la noticia causó más bien indiferencia. Ya se habían ne fregado cuando la ciencia destituyó al corazón y de todas formas nadie, ni cantautor ni plomero, dejó de usarlo metafóricamente (y no tanto) como el centro vital de los sentimientos.
Mucho menos se harán fanáticos del apéndice, que es una cosa antiestética con forma de ají en vinagre, y que ni siquiera late.
De todas formas, algunos que se la dan de transgresores y de modernos, ya han cometido desatinos como Owner of a lonely apén, una cosa espantosa que, aunque mantiene la fonética, remite más a tenia saginata que a algo romántico (ver post siguiente).
De todas formas, la última pavada de la Medicina tiene poco futuro: está a punto de colapsar el sistema jurídico entre las demandas de mala praxis y los pedidos de habeas corpus.
A ninguno le pasó desapercibido que la oportunidad era increíble: entre los que protestan por haber sido privados del órgano y los que se amparan justamente en eso, a la Doctora Susan Leigh la deben tener escondida para que no la fajen.
Efectivamante: ministros corruptos, asesinos despiadados, violadores de cuises, incluso menemistas…todos pueden alegar ser inimputables, siempre y cuando demuestren que carecen del apéndice. Porque ¿cómo podrían ser culpables, si les robaron quirúrgicamente la posibilidad de ser altruistas y piadosos?
- ¿Cómo pudiste, Bush? ¿Acaso no tienes corazón?
- Corazón sí, lo que no tengo…
Y casi con orgullo el sátrapa mostrará la lívida cicatriz del costado.
La otra cara de la misma moneda son los apáticos operados, que también reclaman aunque con menos efusividad (tal vez lo hacen a propósito, justamente para reforzar su caso).
Dice Fernando de la Rua, extirpado en 1951:
- Yo antes era un cascabel, un canto a la vida y un miura en celo. Ahora ni siquiera fantaseo con mi nuera.
El lado positivo es la esperanza que se les brinda a muchos con lo del transplante de apéndice o el Apéndice Artificial que ya sacó la Fundación Favaloro, que es mucho menos riesgoso y más barato que un corazón.
Aunque sea psicológicamente, el impacto es fuerte y seguramente traerá secuelas. Legiones de recién injertados llenarán las calles recitando a Becquer y ayudando a cruzar la calle a cieguitos y ancianos.
Matrimonios desapasionados dejarán el Viagra y los disfraces de Gatúbela, y optarán por un apéndice joven, preferentemente latino, y un chequeo a tiempo evitará las recaídas y también los crímenes pasionales por exceso de irrigación.Por lo menos hasta la primavera, cuando los farsantes del estetoscopio nos distraigan confirmando las propiedades adivinatorias ubicadas en el ojete, y entonces acierten con los horóscopos, como siempre, los astrólogos que lo tengan más desarrollado.



