EN SARPOURENX, EN EL SUR DE FRANCIA Prohiben morirse por falta de tumbas.
Un alcalde vasco ilegalizó las muertes porque no hay lugar en el cementerio.
Un alcalde vasco ilegalizó las muertes porque no hay lugar en el cementerio.
Prometió castigos.
Gérard Lalanne, el alcalde de Sarpourenx, un pequeño pueblo unos 260 habitantes en el departamento francés de los Pirineos Atlánticos, ha descubierto el secreto de la inmortalidad. El truco consiste en ilegalizar la muerte. El alcalde, de 70 años, sacó un bando en el que indica expresamente que todo vecino que no tenga comprado un espacio en el cementerio del pueblo no puede morir. Si lo hace puede ser "severamente sancionado".
Y es que, según ha explicado el 13 de febrero pasado cuando publicó la orden, en el cementerio local no hay sitio para más nichos. El problema se agravó ante la negativa del tribunal administrativo de Pau, capital del departamento, que se opone a la expropiación de un terreno privado contiguo de cinco mil metros cuadrados y que permitiría hacer el cementerio municipal más grande.
"No puedo enterrar a más gente. El primero que se muera, se lo mando a la persona responsable de que no amplíen el cementerio", afirmó a la televisión pública France 3.
De momento, al parecer, los vecinos acatan la inmortalidad por decreto. De hecho, en 2007, sólo falleció una persona. Los más pesimistas se consuelan diciendo que siempre les queda la incineración. "Una urna no ocupa mucho espacio", aclaraba unos de los vecinos. Con esta decisión, el alcalde copió a su homólogo de Cugnaux, que tuvo el mismo problema el año pasado y logró su objetivo: nadie murió. Simplemente será cuestión de vivir para verlo.
Gérard Lalanne, el alcalde de Sarpourenx, un pequeño pueblo unos 260 habitantes en el departamento francés de los Pirineos Atlánticos, ha descubierto el secreto de la inmortalidad. El truco consiste en ilegalizar la muerte. El alcalde, de 70 años, sacó un bando en el que indica expresamente que todo vecino que no tenga comprado un espacio en el cementerio del pueblo no puede morir. Si lo hace puede ser "severamente sancionado".
Y es que, según ha explicado el 13 de febrero pasado cuando publicó la orden, en el cementerio local no hay sitio para más nichos. El problema se agravó ante la negativa del tribunal administrativo de Pau, capital del departamento, que se opone a la expropiación de un terreno privado contiguo de cinco mil metros cuadrados y que permitiría hacer el cementerio municipal más grande.
"No puedo enterrar a más gente. El primero que se muera, se lo mando a la persona responsable de que no amplíen el cementerio", afirmó a la televisión pública France 3.
De momento, al parecer, los vecinos acatan la inmortalidad por decreto. De hecho, en 2007, sólo falleció una persona. Los más pesimistas se consuelan diciendo que siempre les queda la incineración. "Una urna no ocupa mucho espacio", aclaraba unos de los vecinos. Con esta decisión, el alcalde copió a su homólogo de Cugnaux, que tuvo el mismo problema el año pasado y logró su objetivo: nadie murió. Simplemente será cuestión de vivir para verlo.

Gérard Lalanne a punto de firmar el decreto






