jueves, febrero 19, 2009

Un blog llamado Juan Carlos

Elegir el nombre de un blog no es cosa fácil.
Esto ustedes ya lo sabían, pero yo no, hasta hoy jueves que me pareció que Latimidezyotrascosas ya no me gustaba, que era demasiado largo, y que era hora de cambiarlo por algo más representativo, más corto y más lindo. Todo eso.
Hace 3 años no tuve ningún problema porque el blog salió al mismo tiempo que el libro y más bien como complemento de éste, así que les puse el mismo nombre a los dos y listo. Y además no tuve problemas porque en Blogger todavía no existía ese nombre.
Porque ahí reside el verdadero problema, en encontrar un nombre que no haya sido registrado previamente, y esa es la razón lógica que hoy le encuentro a los nombres deplorables de algunos blogs (¿Collagedeyo , Laura? ¿Qué carajo es eso?)

En realidad, los nombres que quedarían como anillo al dedo ya están todos usados, y entonces uno tiene que agregar letras, o palabras, o hacer conjugaciones extrañas, o anagramas, o escribir al vesrre para encontrar algo que no haya sido utilizado antes, y cuando finalmente ve el resultado, ya está tan agotado que termina dejándole un nombre que no tiene ni siquiera un parecido remoto con la idea original.
Peor, todavía, en el caso de que uno haya querido mejorar un primer nombre algo defectuoso. Por ejemplo:
- Che, cambié el nombre del blog porque me parecía largo, difícil, poco representativo…
- ¿No es más Latimidezyotrascosas? ¿Ahora cómo se llama?
- Collagedeyo3-2-1alcuadradomellevo3-ole-ole-olé.
- Ah…
- La última "é" es con acento…
- Qué precioso…

Claro está que la mayoría de los iniciados nos manejamos con los links dinámicos, o guardamos el vínculo en algún lado, y con un solo clic llegamos a los sitios que nos interesan. Pero eso es como decirle "Cacho" a un amigo que se llama "Pierce Exequiel ". Es decir, hubo una intención en los padres de Exequiel, no se quedaron con un Juan Carlos, no se lo podés presentar a una mina como Cacho. Tiene que haber un laburo detrás aunque de entrecasa le digamos Cacho.
O tal vez es solamente una cosa mía, no lo sé ni me importa demasiado: lo que sí me importa es que a mí me gustaría que el nombre del blog fuera lindo.
Para mí los nombres son importantes, y los títulos mucho más.

Y además, aunque no fuera importante, me gusta poner títulos, es una de las partes que más me gustan de escribir. Y hablo de escribir cualquier cosa: hasta para un mail me fijo que el Asunto le sea claro, o le llame la atención, o le dé una pauta del contenido al que quiero que lo lea.
Pero la triste realidad es que hay que encontrar un nombre que esté libre, y usar ese aunque sea una porquería.

Exhausto, intenté apelar a la ironía como último recurso.
Pero ya ni siquiera me dejan que le ponga Juan Carlos :
Ya existe juancarlos.blogspot.com, ni siquiera eso me dejaron.
Fui al blog de Juan Carlos a putearlo como se merece, pero encima es un blog abandonado.
Juan Carlos dejó algunas preguntas para que reflexionemos, no se animó a escribir "cagar", y se fue para nunca más volver.



Adiós, Juan Carlos, adiós.
Ojalá a tus hijos les digan de por vida Cacho, Pomarola y Cabeza de Poronga.

viernes, febrero 13, 2009

El perico


Cuento

Ah, sí.
Ahora ponen cara de asco o me acusan de cosas varias. Pero ahora: después de lo que pasó. Al principio a ninguno le pareció asqueroso, o degenerado como dice la Susana Tessore ahora que se enteró de todo.
La idea fue de Martín, pero en realidad yo creo que a todos se nos cruzó por la cabeza en cuanto salió el tema, a todos. Pero fue el gordo Martín el que le agregó la parte del proletariado sexual y por qué la falta de recursos debe privarnos hasta de los juguetes eróticos, díganme un poco por qué, señores. Y entre el calor de la arenga y el calor de imaginarnos nuevos placeres antes prohibidos (por la guita, claro; porque entre gastarla en un vibrador o pagar la luz no teníamos opción), decidimos la compra comunitaria del consolador entre varios de los de la oficina. Karina dijo que conocía un lugar donde vendían esas cosas, pero se negó rotundamente a ir sola. Martín se ofreció a acompañarla y a mí se me ocurrió lo del papelito anónimo con las sugerencias para la compra del perico. Porque era obvio que no a todos y todas les iba a gustar lo mismo, y eso sí tenía que ser un poco privado, y después había que comprar algo que fuera lo más cercano al gusto de todos.
Así que primero estudiamos las sugerencias (te juro que había cosas desopilantes, y hasta te puedo decir quién escribió un par de ellas; había hasta descripciones de venas y torceduras apropiadas: fue un momento de desparpajo maravilloso) y después la mandamos a Karina a averiguar por un consolador de entre 20 y 25 centímetros, no muy ancho pero con relieve y textura, no negro pero de preferencia oscuro, con distintas velocidades, preferentemente de acrílico o de un material que fuera resistente a detergentes poderosos (esto era prioritario, por lo menos en los papelitos) Y así vino un martes Karina con un católogo de los 5 o 6 posibles, así hicimos la colecta un viernes y así el lunes siguiente Martín lo trajo.
El jueves yo me había encargado de sortear entre los participantes los turnos para llevárselo: casi como hacen los chicos de jardín con la mascota de la salita.
Un detalle importante: el lunes Martín abrió la caja delante de todos y mostró que el perico continuaba herméticamente envuelto. Es que a esa altura ya todos habíamos tenido tiempo para pensarlo más fríamente, e incluso Valeria la de Contaduría se había borrado olímpicamente, aunque pidió que no dejáramos de contarle las anécdotas. Lo que quiero decir es que ya había recelos, creo que algo de culpa, o vergüenza. En todo caso, ya no era el jolgorio de cuando empezó. Y entonces también se nos ocurrían cosas como que Martín y su mujer podían haber usado el pingüino durante el fin de semana, nuevito, y después traerlo ya como una cosa de segunda mano, sucia, más un instrumento de flagelo y oprobio que de goce. Flagelo y oprobio eran también palabras de Martín cuando se le daba por el discurso político. Carlitos decía que eran los primos del gordo. El primo Flagelo y el primo Oprobio, de Ramos Mejía. Martín decía que Carlitos era un reaccionario, pero no le encontraba ningún parentesco para endosarle, así que Reaccionario cumplía más bien las funciones de apellido de soltero, y de Mierda venía a ser el de casado. En todo caso, Carlitos también participó del Círculo Cerrado de Alegría Genital, y tuvo el primer turno para estrenarlo.
Al perico le pusimos Perico y al nombrarlo casi dejó de ser un objeto inanimado. Algunas incluso le hicieron unas caricias antes de que Carlitos lo metiera en su portafolios, y Andrea le pidió que lo trataran bien. Es sensible Andrea.
Yo creo que ese fin de semana todos garchamos pensando en el perico, imaginándonos a Carlitos y a la esposa dándole vida al muñeco. Yo creo, también, que ese fin de semana nos dimos cuenta de que era como una orgía lo que íbamos a hacer, que sabíamos que el próximo que se llevara el perico (Andreíta) inevitablemente estaría llevando también algo de Carlitos y de la jermu, y el tercero se llevaría algo de Andreíta, y así sucesivamente. A algunos que somos más imaginativos se nos ocurrió que el consolador haría las veces de copa de vino, y que al pasar de labio en labio (sin doble sentido, pero casi) nos enteraríamos de los secretos sexuales de todos. Lo que no podíamos imaginarnos era que estábamos tan cerca de la verdad.
Ahora yo te lo cuento y suena mal o suena a verso. Ahora parece increíble que las esposas y esposos también hayan estado de acuerdo, por ejemplo. Yo tengo la teoría de que lo vendimos bien. Teníamos (en el ratito que nos duró) un entusiasmo y una alegría contagiosa, incluso subimos las ventas en la semana previa, mientras duraban los preparativos. Hubo felicitaciones para dos sectores y todo. Después se lo llevó Carlitos, y empezó la ronda del perico, y la historia que te tengo que contar.
No pudimos sacarle demasiada información a Carlitos, ni el lunes ni el martes. El miércoles directamente nos dijo que se lo había prometido a la esposa, que había estado todo bien pero que la esposa le había hecho jurar por los hijos que no iba a contar nada de nada. En realidad le correspondía tener el perico hasta el viernes siguiente, pero el jueves lo trajo y anunció que además se retiraba de la ronda. Y no lo veíamos nada bien, pero podía ser por tántos motivos…
La cuestión es que Andreíta era de las que todavía mantenía el entusiasmo intacto, como yo, y aceptó gustosa llevárselo un día antes de lo previsto y ese jueves fue una fiesta entre los mails con sugerencias que le mandaban a ella (con copia a todos, por supuesto) y las contestaciones de Andrea pidiendo disculpas por anticipado si lo devolvía gastado y mordido. El viernes Andrea llegó tarde, lo que generó expectativas más bien envidiosas. Pero cuando vino se la notaba como triste, y tampoco quiso contar nada.
Fuimos a almorzar los tres, Andrea, Carlitos y yo, y casi no comimos porque a Andrea le vino un ataque de llanto que no podía parar, y solamente se fue calmando cuando Carlitos la abrazó y le dijo que ya estaba, que se olvidara de todo, que hiciera de cuenta que fue una pesadilla y que no se preocupara que el marido iba a estar bien. Yo supuse que Andrea le había contado algo en secreto, que tal vez el marido estuviera enfermo y yo no me había enterado. La cuestión es que entre ellos parecía que se entendían y yo pude comer algo, y sin saber muy bien cómo al término del almuerzo yo me había agenciado del perico.
Obviamente, Andrea no estaba para andar jodiendo, con el marido enfermo y esa angustia, y Carlos ya había dicho que no lo quería más y además Andrea podía tenerlo hasta el viernes siguiente. En realidad le hubiera correspondido al gordo Martín, que era el siguiente de la lista, pero el que estaba en el almuerzo era yo, y en cuanto sugerí que podía hacerme cargo del muñeco, Andrea aceptó. Dudó un poco, y hasta lo consultó a Carlos con la mirada, pero de eso me di cuenta mucho después.
Llamé a mi novia en cuanto volvimos al laburo y le dije que se viniera esa noche a casa, con una botella de champán o algo. O nada, pero que se viniera sin falta. La verdad es que yo nunca había usado esas cosas y estaba como intrigado, por sobre todo sentía curiosidad, pero la curiosidad aumenta la excitación o por lo menos a mí me la aumentaba, y ese viernes a la tarde no podía concentrarme en el laburo, estaba disperso, contentísimo. Caliente, si querés. Lo que quiero decir es que podés estar seguro de que estaba diez puntos, en todo sentido.
O sea, lo que te cuento no es para justificar nada, no son excusas ni inventos. Ya sabés, ya te dije que soy imaginativo, pero eso no tuvo nada que ver.
Te ahorro la previa y te cuento lo que me pasó, una cosa espantosa.
Al principio casi bien, cuando todavía ni había sacado el perico. Pero después me agarró como un dolor de cabeza, y todavía no había hecho nada. Me dolía la cabeza, mucho vino tal vez, y la cuestión es que empecé a imaginarme o a ver a Carlos intentando meterle el aparato a la mujer y a ella negándose, pero negándose con alma y vida, con todo. Era como una película, una cosa extrañísima y que me sacaba de clima como la puta madre, era una porquería. Y después la vi a Andrea, clarito. Y vi cómo Andrea también había visto a Carlos, la vi a Andrea confundida y después excitadísima.
La vi a Andrea muy pasada, metiéndole el consolador al marido casi con rabia, metiéndoselo para lastimarlo como finalmente lo lastimó y a él casi aceptando que se merecía todo eso. La vi después llorando en un rincón de la cama, sola, como había llorado en el almuerzo o peor, y hasta sentí la angustia de ella y el dolor de él.
Suena a invento, ya lo sé.
Mi novia debe pensar que me drogo, algo de eso me dijo cuando tiré el perico por la ventana y me quedé como vacío por un rato largo, y ese fin de semana ni la toqué.
El lunes tuve que explicar en el laburo que al perico me lo había llevado yo y que además lo había perdido, y nadie me creyó y se armó tal lío que se enteró hasta Susana Tessore, pero Carlos y Andrea me dijeron que había hecho muy bien, y Martín me trató de cipayo y yo lo mandé a cagar sin remordimientos.

miércoles, febrero 11, 2009

Pause y después Play


(Imagen que apareció en "Orsai" el 17 de febrero)


Esto es así.
A veces se escribe mucho, y a veces no tanto. A fin de cuentas este blog no es un diario (Dios me libre), y uno también es de la opinión de no apurar nunca la escritura, de dejar decantar bien las ideas y mientras tanto ir juntando material casi sin darse cuenta, de ir apuntando en la libretita, de tentarse a veces con empezar algo y después tentarse con dejarlo en reposo un rato más, y todo eso sin que le dé angustia.
Pero uno también sabe de la inercia, y sabe que los cuerpos en reposo tenderán a permanecer en ese estado y los que se muevan harán otro tanto, y ya entregados al lanzamiento de frases hechas es muy fácil decir que para escribir hay que escribir, justamente; diez porciento de inspiración y noventa porciento de transpiración, y si las musas vienen a visitarme que me encuentren trabajando; y doble cabezazo en el área es gol, además. Eso significa que para justificar la larga ausencia es posible decir vacaciones (un cabezazo) y después acopio de material (golazo).
Y para vencer la inercia, o para cambiarle el sentido, bien puede escribirse sobre el particular. Hay novelas de 600 páginas y manuales de autoayuda con menos argumento que ese.

Una anécdota: en el último post de Hernán Casciari en Orsai (blog que leo con invariable placer) hablaba de algo parecido, y el de él es del 20 de diciembre y todavía no lo actualizó, y como el último mío es del 22 de diciembre hasta ahora yo sentía que Casciari me estaba justificando ampliamente, que hasta que él no actualizara yo todavía tenía tiempo. Al fin y al cabo él es un profesional, cada post tiene como 400 comentarios y seguramente hay gente esperándolo ansiosamente.
Excusas, en definitiva. O pautas que uno se pone como jugando, y que llegado el caso pueden pasar abruptamente de justificación a acicate, de tiempo extra a ultimatum.
Por ejemplo, hoy me desperté casi asustado de que Hernán ya hubiera actualizado y me hubiera puesto en vergonzosa evidencia (ante todos los que conocieran la pauta, o sea: nadie), y decidido a escribir lo que saliera, y a postearlo cuanto antes.
Es más: estoy escribiendo muy rápido, no sea cosa que actualice Orsai antes de que yo termine esto...

Por lo pronto, bloqueo, lo que se dice bloqueo, no hay. Ideas tengo, y algunas me gustan bastante. Por lo menos lo bastante como para intentar desarrollarlas y ver hasta dónde pueden llegar, que es lo que hago habitualmente. Hay una que me gusta particularmente, y que tiene que ver con las frases hechas del fútbol, como la del doble cabezazo, técnico que debuta no pierde, etc.
Hay una que reza “Equipo que gana no se toca”. Basado en esta última, imaginé un equipo que no perdiera nunca, y por lo tanto no fuera cambiado. Así, hasta que los jugadores son ya prácticamente ancianos, aburridos de jugar siempre con los mismos compañeros, con achaques de la edad, y hasta asustados del estigma de no poder perder ni a propósito e intentando como locos quebrar la maldición.
Otra, de un tipo que se pelea con su propio perro por la demarcación del territorio. Y claro, lo hace con el mismo método que (dicen) usan los perros: esparciendo orina sobre la zona reclamada. El problema básico es que el perro incluye en el territorio demarcado, siempre, a la mujer del tipo. Y ella parece que se siente halagada, la muy idiota.
Otra, que no sería un cuento sino más bien un artículo y por qué no una denuncia, acerca de una tendencia notoria y alarmante de que los hombres, cuando se deciden a convivir, se están mudando siempre para el barrio de la novia y no a la inversa, cuando antes sucedía exactamente lo contrario. Para mí tiene que ver con los metrosexuales y esas modas raras de depilarse, etc.
Y tengo una joyita basada en una historia real de una amiga cubana, acerca de cómo velaron a su padre mientras asolaba la isla el huracán Charley en agosto de 2004.
Y una idea (aunque bastante verde) para una novela al revés del “Diario de la guerra del cerdo” de Bioy: en este caso, los viejos atacan a los jóvenes. Y razones no le faltan, según yo…

Así que, por lo expuesto y por varias cosas más, el problema es sobre todo de decisión.
Yo ya tomé la mía de volver a escribir y a postear.
Decídanse ustedes a leer y comentar (pueden poner: “¡Pri!”, “¡Segundo!”, y esas boludeces), y robémosle el espacio al puto de Casciari de una vez por todas.

lunes, diciembre 22, 2008

Noel


Este blog se toma vacaciones durante diciembre, para arrancar el año como corresponde, trabajando. No nos distraerá del merecido descanso ni siquiera que Boca salga campeón el martes.
Para estar a tono con el espíritu navideño, dejo foto de María Noel (Cuatro pícaros bomberos, Los superagentes biónicos, entre otras joyas del cine nacional).
Buenas fiestas para todos, nos vemos en unos días.
Sergio


Nota del 3 de febrero de 2009: Bueno, enero también me lo tomo.

miércoles, noviembre 19, 2008

Azul un ala...creo


Antes de que asome el sol del 27 de febrero de 1812, el General Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano abandona su tienda de campaña y se dirige hacia las orillas del río Paraná, donde las dos baterías de artillería recién creadas, Libertad e Independencia, lo esperan en solemne formación.
Ha dormido muy mal: la inminencia de ponerse en contra al Triunvirato por la creación de una bandera lo mantiene nervioso y preocupado desde hace días. Sumado a un principio de conjuntivitis que afecta a gran parte de la tropa, Belgrano ve poco y nada. Camina apoyado en el antebrazo del capitán Francisco Villanueva, quien le murmura que se ha lavado la bandera conforme a sus órdenes de la víspera.

Sale el sol, hiriendo aún más los ojos del General.
Belgrano da la orden para que se ize por primera vez la enseña patria, pero mantiene la mirada en el suelo, a salvo de los rayos del sol de febrero.
Sobre el final del estruendo de la salva de honor, Belgrano alza la vista para ver ondear por fin la bandera, y le parece que no son los colores que ha elegido. Pero seguramente lo engañan los ojos.

- Ahora marcharemos siempre con los colores del cielo al frente – dice Francisco Villanueva después del juramento de los soldados, y al General Belgrano se le detiene el corazón.
- Pancho - dice Belgrano -, ¿el azul quedó bien?
- Es más bien celeste, mi General.
Hay terror en la voz de Belgrano cuando pregunta:
- ¿De qué color es la franja del medio?


Nota del diario "La Nación"
Los orígenes de la enseña patria son, aún hoy, una fuente de misterios y controversias
No se conocen con exactitud las características de la original, izada en 1812.
Tampoco, pese a las hipótesis, el significado de los colores.
Ver nota completa


De regreso en su tienda, un Belgrano pálido y desencajado despacha a sus colaboradores y a solas relee la nota que enviara doña María Catalina Echevarría, quien confeccionó la divisa patria según órdenes expresas (y secretas) de Belgrano. Antes no ha tenido tiempo de leer más que las primera líneas (ni se lo ha permitido la conjuntivitis), que dicen así:
"Estimadísimo General:
He concluído a tiempo la Bandera que me encomendó, a pesar de la premura de su pedido, y aquí se la envío con un patriótico abrazo. Eso sí: debe lavarla, porque yo no he tenido tiempo y la tela azul oscuro se ensucia muy fácilmente.".

"Azul oscuro", piensa Belgrano.
El color de la tela capturada a los ingleses durante las invasiones. La misma tela que se usó para confeccionar los primeros uniformes de los nuevos regimientos coloniales en 1807. Azul noche, casi. Tal cual lo recuerda Belgrano, tal cual lo confirma doña Catalina, y tan distinto del celeste que cree haber vislumbrado, y que le confirmó el capitán Villanueva.
"Aquí se ha producido una traición", reflexiona Belgrano. La Insignia Patria, recién nacida y ya mancillada…
Con profundo dolor en el alma, continúa leyendo.

"Permítame felicitarlo, Manuel José Joaquín, por el hermoso diseño que ha creado y del que tuvo a bien confiarme los significados. El azul (azur o blao en el arte heráldico, según recuerdo que me contó Usted) simbolizando los ideales de justicia, verdad y fraternidad. El azul de sus amados incas, también. El color predilecto en los ornamentos de los Incas del Perú que usted tanto respeta. De modo que las dos alas exteriores debían ser azules".

"Como si yo no supiera lo que significa", murmura Belgrano. Y sin embargo, tiene que reconocer que la razón fundamental es que la única tela disponible en cantidad es la azul capturada a los ingleses años antes.

"Y en el medio del azul, como símbolo del victorioso y cálido Nacimiento de la Patria,…"

Manuel Belgrano se retuerce de ira. Llama a los gritos a Villanueva aunque no sabe muy bien qué va a decirle. La bandera ha sido izada, ha sido jurada por todos los soldados de los Libertad e Independencia más todos los que anduvieron cerca y pudieron llegar. Es imposible dar marcha atrás.
- ¿Me llamó, mi General? – dice el capitán Villanueva entrando.
- Pancho…hay algo que no está bien.
- Usted dirá, mi General…
- Verá, capitán…los colores de la bandera…
- Estaba bien limpia, ¿verdad?
- Sí – dice Belgrano pensativamente -. A propósito, ¿quién la lavó?
- Yo mismo, mi General. Con más ahínco y más lejía que nun…
- ¿Lejía…?
- Es lo que uso para lavar mi propia ropa de combate, mi General. Y le aseguro que hasta la mugre más indómita y resistente…
- Sí, conozco el poder de la lejía, capitán. Pero dígame… - casi implora Belgrano - ¿No notó que antes de lavarla los colores eran un poco distintos, más intensos?
- La verdad, General, con la conjuntivitis…
- ¿Usted también?
- Y sí.

Consternado, Belgrano baja la vista. La nota de doña María Catalina Echevarría se le clava en los ojos y le duele mil veces más que la conjuntivitis.
"Y en el medio del azul, como símbolo del victorioso y cálido Nacimiento de la Patria, como el mismísimo Sol Naciente, ese amarillo dorado que usted sabiamente ha elegido, conformando desde aquí hasta la Eternidad el glorioso Auriazul de la Patria.".

Belgrano acerca decididamente la nota a la llama de una vela, y todavía alcanza a leer:
"Postdata: es una tela delicada, ni se le ocurra lavarla con lejía.
..........................................................................M.C. Echevarría"





Mentira Histórica relacionada:
El caballo de San Martín

martes, noviembre 18, 2008

Próximas primeras veces

Hay que aclarar que esto se escribe un lunes, casi a las doce de la noche, y que fue un día complicado.
Hay que aclarar, además, que a la densidad habitual de los lunes se suma haber dormido muy poco y una derrota de Boca Juniors que, de haberse resuelto favorablemente, hubiera colocado al equipo en la cima solitaria. En fin, hay que aclarar que el autor tal vez se dejó atrapar por la melancolía, y que quizás mañana vea las cosas un poco distintas, pero que, en definitiva, no le salió algo divertido.
Quedan avisados desde el vamos.




Todo comenzó después del mediodía, cuando la digestión y el solcito en los ojos acaso también contribuyeron al malestar general. Más o menos a esa hora estaba pensando en las próximas vacaciones, y eso me llevó a las últimas, y a los viajes en avión, y recordé que hasta escribí algo sobre eso, y sobre la primera vez que volé.
En realidad, ahí empezó todo: en el recuerdo de la primera vez, y en la certeza de que no habría nunca más una primera vez para volar, ni para otras cosas. Muchísimas cosas.
Alejandro Dolina dice algo así: “Le he dado mucho besos a Laura, pero ninguno será como el primero que le di”. Algo de ese espíritu hay en el artículo.

Yo recuerdo el primer beso en la boca que di. Mejor dicho: recuerdo muchos primeros besos, pero si bien todos tuvieron algo de mágicos, el primero fue mágico. Yo tenía 11 años, y aunque no era demasiada edad, hacía como un año que venía pensando en eso y preguntándome qué se sentiría.
Ella se llamaba Gladys, era una compañera de escuela, y era bastante más alta que yo. Hubo un asalto, hubieron lentos, y recuerdo que primero la besé en la base del cuello (que era hasta donde llegaba, digamos, cómodo), temblando y mareado por el perfume y la tibieza de la piel. Después levanté la cara y ella la bajó. Recuerdo que cerré los ojos en cuanto se tocaron los labios y sentí inmediatamente que se me iba la cabeza.
Recuerdo también que, entre el delirio del momento, me asombró la cercanía de sus dientes. Yo me había imaginado sólo labios, hasta ahí había llegado, algo completamente blando e insípido, y los dientes y la saliva me sirvieron para confirmar que todo era real y que estaba dando mi primer beso de amor.

No lo sabía en ese momento, pero también estaba dando el último beso asombrado de mi vida: nunca más me sorprendería la presencia inminente de dientes y lengua y sabores y seguramente otras sensaciones que ahora son para siempre irrecuperables.

Seguramente también, en una escala del 1 al 10, el beso fue un 1, pero eso no tiene ninguna importancia. Daría un año de mi vida por recuperar la virginidad en todas las sensaciones de ese primer beso.

Recuerdo claramente otras primeras veces en otros rubros, y hasta podría decir que recuerdo parte de las sensaciones. Pero solamente una parte.
La mejor parte, la de la novedad y la magia, se ha perdido casi toda, sobre todo a fuerza de repeticiones. Se puede volver, claro, a la escala del 1 al 10, y es cierto que casi todo (besar, sin in más lejos) ha mejorado con la práctica. Pero hacer mejor las cosas no tiene la misma gracia que hacerlas por primera vez, con la torpeza incluida y todo. La gracia, el misterio, la magia, la expectativa verificada contra la realización, el sueño hecho realidad y en general mejorado.
Como con los aviones: yo soy bastante imaginativo, pero ni en cien años de mis fantasías más elaboradas me hubiera imaginado lo que se siente cuando un boeing despega.
Lo que se siente la primera vez, claro.
Las demás, en comparación, son bien inferiores.

Cabe aclarar en este punto que la belleza intrínseca de la primera vez no es aplicable a todos los rubros. Nadie atesora la primera vez que le sacó punta a un lápiz, digamos, o si lo hace es por algún otro motivo. Por haberlo logrado, por ejemplo, si el que sacaba puntas era un nene muy chico.
Justito acá debe llamarse la atención sobre un hecho obvio: cuanto menos edad se tiene, son mucho mayores las posibilidades de que casi todo se haga por primera vez, y tal vez en ese simple hecho estriba que la niñez esté tan preñada de magia.
Y uno, de chico, a medida que va captando el mundo, cae en la cuenta de que aún le faltan años para ir accediendo a algunas cosas que parecen buenas. Hay impaciencia por llegar a esos momentos, ganas de que los años se apuren.

Después uno llega más o menos a mi edad, donde más o menos se ha hecho lo que más o menos han hecho todos los de la misma edad. Con toda certeza, no hay ningunas ganas de que los años aceleren, al contrario. Y es una edad jodida en una época jodida, porque a pesar de no ser tan así, tenemos la sensación de que cualquier misterio es cosa de otra época (otra época del mundo, y otra época nuestra)
Y un día se empieza a pensar que hace mucho que no se hace algo verdaderamente importante o movilizador por primera vez, o se llega a algo verdaderamente misterioso por primera vez. Algo que además sea deseable, digo.

Porque es una edad en la que por algún lado nos ha llegado ya el resplandor sombrío de la muerte, y nos ha hecho volver a pensar en la propia (como cuando éramos chicos, y la muerte era un misterio más sobre el que se podía especular alegremente en los fogones, amparados en una inmortalidad de 40 o 50 años por delante * y ninguna baja ostensible. Pero con la diferencia, ahora, de que ya le hemos visto el gesto ladino y los dientes torcidos, y a la hora de los fogones preferimos otros temas)
Es una edad en la que uno hace rápidamente una lista de próximas primeras veces que parece una lista de ideas de Stephen King para una novela de terror: primera vez de un infarto, primera vez de una bancarrota, primera vez que debe considerarse seriamente la impotencia…
Y al final, cómoda e inexorablemente instalada, la del resplandor sombrío. Primera y última vez con esa señora. Y fin de la lista para siempre.

No es de extrañar que algunos opten por otras primeras veces un poco más simpáticas. Es un momento ideal para experimentar por primera vez con otras religiones, o quizás por primera vez con una religión, cualquiera. Incluso han salido varias religiones nuevas, y bastante fashions además.

O primera vez para cometer un asesinato. Esa es bastante buena para un jubilado, porque si ya se sabe que el final es la muerte y la corrupción, ¿por qué permitir que alguno te haga aún más insoportable el último tramo?
Primera vez para matar.
Primera vez para enloquecer casi del todo.
Suena, por lo menos, tentador.

Pero uno puede inclinar la balanza hacia el Lado Oscuro (sobre todo un lunes después de que Boca perdió la punta de manera increíble) o intentar un tono más pastel y no cerrar este texto tan abajo.
Pareciera surgir de lo escrito que lo deseable no es seguir develando misterios a lo pavote, sino todo lo contrario: agregar un toque de colorido misterio al gris de nuestras vidas, convencernos de que Don Juan Matus tenía razón, y de que este será para siempre un mundo misterioso y fantástico, lleno hasta el borde de cosas increíblemente maravillosas y sobre todo inexplicables (con lo cual, el misterio seguirá sin develarse). Y que es posible transformar en mágico nuestro tiempo ordinario sobre él.
El misterio está ligado a algo de miedo y ansiedad, claro. Sin esas cosas sería un misterio bastante aburrido. Sería como saber de antemano que en un buen beso en la boca va a haber algo más que sólo labios tiernos sin sabor.
Y recordar que a veces el misterio puede estar en cualquier cosa que se haga por primera vez. Al fin y al cabo, volar en un avión no es una fantasía inalcanzable de Tolkien: es un medio de transporte muy común. Menos, claro, para el que lo hace por primera vez.



* Un pedacito de esa frase es de Cortázar, pero no me acuerdo exactamente cuál pedacito.

miércoles, noviembre 05, 2008

The Wall

Hace poco Rossana Vanadía., blogger amiga y periodista de La Voz del Interior, me mandó un cuestionario por los 25 años del estreno de The Wall. Entre otras cosas, le dije a Ross que cada tanto veía la película, porque hay cosas que no están en el álbum.

¿Ves, Ross? Esto, por ejemplo, no está...


La nota de Ross, puede leerse acá (yo soy Sergio M., el que se peleó con la novia)

lunes, noviembre 03, 2008

E.T. go home!

Desde mi más tierna infancia sentí asombro y curiosidad por las cuestiones espaciales, incluidas, por supuesto, las relacionadas a la existencia de vida en otros planetas y a la posibilidad de contacto. Cómo serían, qué pensarían, qué maravillas habrían encontrado o creado, y cuál sería su filosofía, su religión…; esas cosas me intrigaban y yo seguía bastante de cerca las novedades del tema.
Como Clarke, como Sagan, yo también suponía que relacionarnos con una civilización mucho más avanzada debería producirnos inmensos beneficios y rogaba que el encuentro cercano se realizara cuanto antes.
Hace unos días reventé una hormiga de un pisotón, y ahora ya no quiero saber más nada con los extraterrestres.

Yo estaba fumando un cigarrillo en el jardín de la casa de mi novia, pasó una hormiga, y sin pensarlo le puse el pie encima y la aplasté. Casi en el mismo instante me acordé de Clemente y del poder que sentía por sobre las hormiguitas. Yo podría ser un Dios para estos bichos, pensaba Clemente. Esta línea de pensamiento me llevó a Les Luthiers ("¡Esa polillita, hermanos, está viva!…Hay que matarla…"), y entonces me pregunté por qué la había pisado, si no me molestaba, si ni siquiera eran muchas, si no amenazaba los malvones. Era una hormiguita sola, cosa curiosa porque en general van en manada.
Una hormiguita sola, haciendo quién sabe qué cosa importante para ella y para su sociedad. Importante según sus parámetros, claro.
A lo mejor, para la organización del hormiguero, esa hormiga era un científico explorando un nuevo territorio, o recolectando sustancias para una nueva medicina. O un artista buscando inspiración. Incluso se parecía un poco a Calamaro.

La miré de nuevo, y seguía siendo una hormiga (ahora muerta), y nadie iba a pedirme nunca que hiciera el esfuerzo de verla como algo más. Pero yo me había puesto filosófico, de la rama más bien especulativo-catastrófica, partiendo de algo tan simple como la vieja pregunta: "¿Te gustaría que te hagan lo mismo?"
Lo siguiente que pensé fue que por suerte yo estaba en otro escalón de la evolución zoológica. En el más alto, precisamente. Nadie podía eliminarme tan eficaz e impunemente, no había en la Tierra un ser con semejante poder como para…Acá me corrió un frío por la espalda, realmente. La siguiente imagen que me vino es la de "La guerra de los mundos", cuando usan sangre de humanos para regar las plantas o algo así.

De repente, la teoría de que seres mucho más avanzados serían a la vez benévolos con los inferiores fue a parar a la papelera de reciclaje.
Me pareció que la hormiguita movía una de las patitas, incluso me pareció (pero esto seguramente fue producto de mi imaginación) que escribía en la tierrita la fórmula química del agua, como para que yo comprendiera que había atacado a un ser inteligente (igual, la letra era muy chiquita)

No pude evitar especular acerca de un encuentro con extraterrestres ya con esta nueva visión obtenida por la muerte de la hormiga.
Realmente no tenía muchos motivos para suponer que el encuentro con una civilización superior resultara beneficioso: nuestra propia historia demuestra que de tales encuentros siempre han salido muy, pero muy mal los inferiores.

Las cursivas, precisamente, indican que la valoración puede estar totalmente equivocada, y que más bien se refiere a una tecnología superior, por lo menos a nivel armamento.
Pongamos por ejemplo a españoles e indios americanos, y se entenderá de qué hablo.

Claro, los alienígenas podrían hacer el esfuerzo de entendernos, aunque también, para ellos, eso requeriría mucho empeño.
Me imaginé a mí como un ser extraterrestre hiperinteligente y con tecnología ultra avanzada, ante la disyuntiva de intentar comprender a Guido Suller o reventarlo de una piña.
Casi con seguridad me duraría menos que la hormiguita...

Un consuelo que me sirvió diez segundos fue pensar que nosotros mismos no tratamos a todos los animales tan mal como a las hormigas. A algunos no los pisoteamos ni les echamos veneno: son los que nos comemos.
De todas formas, entre que me den un pisotón o que me sirvan glaceado y con enebro, no me quedo con ninguna.

Otros diez segundos me alivió la teoría de que no a todos los animales los envenenamos o los comemos. Y en algunos reconocemos y hasta fomentamos su inteligencia. Los monos, por ejemplo.
Aunque algunas pruebas son un tanto crueles. Les abren la cabeza y los conectan a electrodos y porquerías similares; o les inyectan vacunas antes de hacerlo con humanos; o van a parar al circo de Carlitos Scazziotta lisa y llanamente. Todo por culpa de ser inteligentes.

El panorama no era muy alentador a nivel especie, así que intenté por el de la división política y/o racial, y contemplando los rubros obvios.

Para Alimento, un eficiente relevamiento hecho por los E.T. debería indicarles que los franceses a la fuerza tienen que ser los más sabrosos, al fin y al cabo, dicen que uno es lo que come y Francia tiene fama en ese sentido.
Pero ha de haber paladares distintos, y no va a faltar el marciano botón que sepa algo de la carne argentina. A lo sumo, calculé, estaríamos segundos en el menú.
Para Experimentos, bueno, se supone que tomarían los especímenes más inteligentes, y en ese rubro debe haber como 50 países que califiquen mejor que nosotros. Pero…a nivel país.
Me imagino al mismo botonazo del asado haciendo lobbie para que no dejen de capturarse ejemplares argentinos, con la precaución de mantenerlos alejados de cualquier tipo de alambre…
Mascotas es un rubro, digamos, no tan peligroso, si uno está dispuesto a aprender a traer el diario en la boca o a ronronear en las rodillas (¿?) de una medusa intergaláctica. Para esos menesteres, ¿quiénes más graciosos, hábiles y simpáticos que los brasileros? ¿A quién no le gustaría invitar a los amigos y, en lugar de mostrar como el Boby trae un palito, tenerlo a Ronaldinho haciendo jueguito en el jardín?
"Ah, pero…", diría el ya insufrible garca extraterrestre, "¿y alguna mascota argentina? ¿Un Messi, un Riquelme, el viejo Diegote? Los brasileros son buenos, pero no tienen el mismo aguante, che…"

Y así sucesivamente, en casi todos los rubros me enfrenté a la terrible verdad de que los argentinos no pasaríamos desapercibidos para los invasores.
No pude consolarme ni siquiera con la idea de que aún existen animales en estado salvaje, sin un gobierno organizado, entregados a su habilidad para la supervivencia y con plena vigencia de la ley del más fuerte: eso me recordaba demasiado la situación actual.

miércoles, octubre 22, 2008

Chris Scalf


Chris Scalf, o Cómo dar vida a un dragón en 5 minutos.

O Cómo usar el Photoshop para algo mejor que retocar fotos de políticos...

(Tarda en cargar, pero vale la pena)



lunes, octubre 20, 2008

Mi novia Ann


Esta es una foto de mi novia Ann. Seguramente se la saqué en Mar del Plata, aunque no me acuerdo ni me importa.
Porque así son las cosas con mi novia Ann: no le damos importancia a los recuerdos (más bien nos gusta inventarlos) ni a cosas que para otras parejas pueden ser fundamentales. Como el sexo, por ejemplo: nosotros no tenemos sexo, más allá del virtual, obviamente.
La conocí hace un año a través de Internet y al principio no me gustó mucho: ella es rubia y yo prefiero las morochas, y además habla todo en inglés. Así que al principio medio que la ignoré, y además en ese momento yo estaba de novio con Angelina Jolie y estaba muy enamorado…
Pero Ann insistió: cada vez que yo engañaba a Angelina y navegaba por otras páginas (en general los jueves, día de navegación más bien pirática) ella se me aparecía. De a poco, su aspecto sencillo y desenfadado, de verdadera chica next door, me fue convenciendo. Había algo en esta petisa de ojos claros y cola renacentista…o tal vez fundamentalmente eso, una cola gorda y bastante atrevida, aunque siempre dentro del softcore, sugiriendo mucho pero sin llegar jamás a mostrar todo: tal y como hacían las novias decentes de antes. Me volvió completamente loco, y nos pusimos de novios.

Ingenuamente alegarán algunos que nos separa una abismal distancia. Se equivocan: estamos más cerca que muchas parejas que conozco, y muy estrechamente conectados siempre. Siempre que yo quiera, para ser más exactos. A cualquier hora del día o de la noche, desde cualquier lugar (siempre que medie una computadora), puedo ver a Ann, y ella siempre está dispuesta a que la vea, siempre está deseosa de mostrar, permanentemente busca nuevas formas de tenerme contento. Maliciosamente agregarán los detractores de mi amor que debo pagar por esas delicias, pero, ¿quién no? Señalen ustedes a un novio, y estarán señalando a un comprador compulsivo de entradas de cine para dos, a un pagador de cenas con el único aliciente de elegir el vino…aunque también con la obligación de hacerlo. Indiquen un marido, y encontrarán hechos parecidos, acaso exacerbados y elevados a potencias ridículas en el caso de una prole numerosa. La patria potestad es compartida; no pareciera ocurrir lo mismo en la compra de la indumentaria de los retoños, por ejemplo.
Y está muy bien: el amor exige, entre otras cosas, un aporte pecuniario mayor de parte del varón. Y algunos lo asumimos con felicidad.

Ann tiene todo lo que puede pedírsele a una novia. Es hermosa, y muy discreta. Jamás llama al trabajo, ni a ningún otro lado. Jamás cuestiona una cena de hombres o un partido de fútbol. Jamás le duele la cabeza. Le aporta belleza, erotismo y misterio a mi vida. Cuando tipeo temblando la dirección de su site seguramente estoy más cerca de la felicidad que muchos que pueden tocar diariamente a sus novias.
Qué nuevas formas de seducción, me pregunto mientras se abre su página, habrá encontrado mi novia para seguir construyendo nuestro amor. Y su respuesta es siempre sublime. Y suficiente, con el agregado sutil de ser suficiente pero dejarme con más ganas que antes.
Vean de nuevo su foto: imaginen lo que imagino. O elaboren sus propias fantasías.
A propósito: Ann me es absolutamente fiel.

Lo comento para los palurdos que aún, con todos los argumentos que he dado, pretendan menoscabar mi noviazgo o denostarlo con el recurso fácil de que Ann no me otorga exclusividad. Adelante: recorran todos los links que quieran y muéstrenme una sola foto de Ann con otro hombre. Para mí es demostración suficiente de que soy el único en su vida, y que puedo ilusionarme.
Hallarán, justo es advertirlo, a mi prometida con otras mujeres…en algunos casos con más de una a la vez.
Adivinen quién se lo pidió, y lo que me costó convencerla.
Bueno, no tanto. Repito que Ann siempre está dispuesta a complacerme, al menos mientras esté dentro de las posibilidades de mi tarjeta.

De manera que creo haber expuesto claramente que mi relación con Ann es (o era) plena, excitante y absolutamente sana.
Ella es perfecta, aunque yo no lo sea.
Menos que eso: estoy a un paso de lo patológico, y temo que eso signifique el fin de mi relación con Ann.
Sucede que conocí a otra persona, muy distinta de Ann.
Esta otra chica dista mucho de ser perfecta, e ignoro cómo puedo hacerle esto a Ann, pero la verdad es que estoy teniendo una relación paralela.
Sé que sonará enfermizo, pero creo que me enamoré de una mujer real, de carne y hueso, y más cerca de mi barrio.
Sabrán disculpar el exceso de sinceridad: hasta he mantenido relaciones sexuales con esta señorita.
Ignoro lo que pueda acontecer de aquí en más.
Seguramente, en caso de persistir esta conducta abyecta, consultaré a un profesional, a través de Internet.

miércoles, septiembre 24, 2008

Carteles



Tradicionalmente los colectivos usaron carteles para indicar los distintos ramales o incluso para avisar cuando estaban fuera de línea o no les funcionaba la máquina expendedora de boletos. Entonces uno sabía, por ejemplo, que si el 78 tenía un cartelito que decía "Loma Hermosa" y uno quería ir a Villa Adelina, pues entonces no debía de ninguna manera ascender a ese, y debía esperar alegremente la aparición de otro con el pertinente cartel amarillo, y si alguien le preguntaba cuál iba al "Jumbo", uno respondía pedagógicamente: "El rojo". Algo así, pero que lo entendíamos bastante bien.

La cosa cambia radicalmente cuando una línea reemplaza a otra pero con los vehículos propios, y utiliza los carteles para indicar que en realidad el colectivo está disfrazado o se está haciendo pasar por otro, con la respectiva ramificación vial incluida. O sea, más o menos: un colectivo con apariencia del viejo 204 (aunque ahora parece que es el 430) que en la parte frontal superior dice "Línea 60" y un cartelito azul con la aclaración "Ford", pero con un papelito pegado y escrito a mano que dice "Recorrido L 15".
Má’ sí, dice el pasajero, que sea lo que Dios quiera…

Sin embargo, esta ductilidad para asumir identidades ajenas con un simple cartelito tiene algunas ventajas. Colectiveros de franco, por ejemplo, que siempre quisieron trabajar en otra línea, diseñan a mano un cartel con el número de sus amores y se largan a cumplir el recorrido de aquel: choferes de la mencionada línea 78, aburridos de las calles llenas de pozos de San Martín, se lanzan felices a las primorosas avenidas de San Isidro. Y todo por la simple colocación de un cartel que dice "707 por hoy".
Algunos, emulando al viejo y querido F.U.C.K. *, directamente pasan al fuera de línea colocando un aviso tipo "Yendo a buscar a una trola", pero ese es otro uso de los carteles, algo explícito pero totalmente válido, y además nadie se confunde y detiene a un colectivo con un cartel así. O por lo menos queremos pensar eso.

Todo muy lindo, pero va a parar a los caños la máxima que reza si parece un pato etcétera: ahora hay que ver qué dice el cartelito. Incluso hay rumores de que se trata de una movida de la Secretaria de Cultura para promover la lectura.
Usuarios con problema de vista (o podridos de los insufribles cartelitos), directamente paran cualquier colectivo y preguntan si eres tú, rabí, el que estábamos esperando o qué. Y les contestan muy mal, por supuesto.
Y entonces vienen las revanchas. A colectivo impostor, pasajero impostor.

Siguiendo la onda cartelera, ya hay gente que sube con un papel prendido con alfileres y se hace pasar por Robert Mitchum, por ejemplo.
Más vivos son los que se ponen "Escolar" y hasta sacan el boleto respectivo; o los hombres barbudos que portan carteles de "Mujer embarazada" y pretenden que les cedan el asiento, y a veces lo consiguen. El de "Manco" para los que practican la mano boba no da buenos resultados, y las chicas se defienden a los carterazos en cuanto las quieren tocar (algunas sacan presurosas sus propios carteles que dicen "Lorena Bobbit", y eso calma a cualquier abusador).
A mí me gusta ponerme el de "Chancho", porque además de que no pago el boleto me entretengo pidiéndoselos a los demás.
Incluso hice bajar a un chofer por no tener el boleto correspondiente, y ante las protestas del tipo le hice notar que en la espalda tenía pegado un papelito que decía "Chunchuna Villafañe". Si no lee los carteles no es mi culpa, le dije.
Acto seguido, me di vuelta mi propio cartelito para que se leyera "Ayrton Senna", y partimos.

* "Fornication Under [the] Consent [of the] King", aunque dicen que es una etimología falsa

martes, septiembre 02, 2008

Llegaron las visitas...





Según el servicio de estadísticas que tengo contratado (antes tenía al INDEC y me iba bárbaro, me cantaban como 1500 visitas por día…) en la última semana ha llegado hasta este blog gente que buscaba cosas muy diversas.
La mayoría supongo que se habrá desilusionado bastante (ver redondeles), pero no quiero que le pase eso al que preguntó (SIC): “¿Es algo común que a alguien le atraiga su hermana sexualmente?”
Y quisiera contestarle al amigo:
Además de que está horriblemente mal armada la pregunta, estás muy pero muy enfermo.
No, delincuente, en principio no es común que te quieras coger a tu hermana (¿en principio?).
Pero vamos por partes.

La pregunta estaría mejor expresada así:
“¿Es normal que me sienta atraído sexualmente por mi hermana?”, pero se comprende que entre la calentura y la evidente culpa tampoco podamos pedirte demasiada corrección gramatical.

Ahora, ¿qué querés preguntar, realmente? ¿Te interesa saber si está bien o mal, o solamente si hay muchos degenerados como vos?
Ejemplo: Es normal que la gente vote lo que más le conviene como individuo, aunque sea lo peor para el país. Es normal, pero no está muy bien que digamos. ¿Entendés, monstruo aberrante?

Sin embargo, antes de enviarte a la hoguera debemos considerar muchos otros puntos, a saber:
1. Estado de tu hermanita
2. Nada más.
Y sí, al final es un solo punto.

Yo creo que debe ser bastante normal si la hermana está buena. Digo: debe ser normal la atracción, incluso fantasear un poco.
Y si sos el hermano de Jesica Cirio se te permite tocarte un poco. Un poco en invierno y bastante en verano.
No sé, nene…es difícil ayudarte…

Pero me parece importante la actitud de tu hermana, también.
No va a servirte demasiado, pero hace un tiempo escribí el cuento que sigue.
Buen provecho.


PUNTOS DE VISTA

Y pensar que no querían comprarte el celular con cámara incluida. Como si lo hubieran adivinado, pendejo. Pero insististe, te pusiste cargoso y hasta extorsionaste con lo del fallido regalo de Navidad. Hacerle eso a tu vieja, refregarle lo del regalo, fue una guachada mayor. Pero te dio resultado, tu vieja se sintió culpable por haberse equivocado de muñeco en Diciembre y te compró el celular. Ahora, a los 8 años, estabas a la par de tu hermana de 16, con ese celular brillante que le mostraste a los chicos del barrio tratando de disimular un poco tu alegría desbordante.
Lo de fotografiar a tu hermana se te ocurrió un poco después.Hacía poco que la espiabas cuando se vestía y una vez te habías animado a treparte desde el jardín a la ventana del baño mientras se bañaba. Pero era un riesgo demasiado grande, incluso alguna vez estuviste casi seguro de que te había visto, y la cosa no te daba mayores satisfacciones, ni siquiera entendías bien por qué lo hacías. Tenía el encanto de lo prohibido, pero más allá de eso era una aventura intrascendente que te dejaba con la sensación de arriesgarte por nada. Sé que eso cambió cuando lo dijiste sin querer en un cumpleaños. Alguien había hecho la pregunta, y vos dijiste que sí, que habías visto a una mujer desnuda. Cuando te apretaron para que digas a quién, dudaste. Pero al mismo tiempo te diste cuenta de que no tenías salida, nadie iba a creerte otra cosa, las opciones eran tu mamá o tu hermana. Y dijiste la verdad, porque no te hubieras animado a mentir con semejante cosa metiendo a tu vieja en el medio. Así que tiraste la respuesta y viste cómo el grupo se te subordinaba de inmediato: incluso chicos mayores te miraron con admiración. Claro que sabías que tu hermana era linda, aunque nunca lo admitieras. Para vos la belleza todavía tenía que ver únicamente con ojos celestes y cabellos rubios. Sólo recientemente habías empezado a fijarte en el resto del cuerpo, en los pechos en general y en las tetas de tu hermana, grandotas y paradas, en particular.Cuando los chicos te pidieron detalles, una prueba, sentiste que pisabas arenas movedizas. Porque la prueba la tenías ahí mismo, en tu celular. Pero mostrar las fotos podía ser igual a pasar de ídolo a degenerado, y además iba a ser imposible que ninguno hablara y que el asunto no llegara incluso a oídos de tu familia. Te decidió la apuesta con Hernán, el líder natural del grupito. Porque él también había percibido tu respuesta como una amenaza, y quiso recuperar terreno. Entonces te había desafiado, se te había reído en la cara tratándote de mentiroso, de pendejo mentiroso. Tuviste la lucidez de no darles el gusto demasiado pronto; de repente te diste cuenta de que el resto asistía mudo al diálogo entre Hernán y vos y te gustó ese poder repentino. Y además, ya tenías la prueba que te pedía Hernán, ese grandote Hernán de 12 años que de repente parecía asustado y en el fondo se le advertía que ya te estaba admirando también.Así que te quedaste callado y con una sonrisa, y los dejaste que se agrandaran, que te cargaran entre todos hasta que apareció la apuesta. Primero escuchaste lo que querías oír, que había varios que se morirían si veían una foto de tu hermana en bolas, que darían no se qué por verla.Por fin le dijiste a Hernán, mirándolo sólo a él, fijamente:
- ¿Qué apostamos?
Me dijo Juan que le hizo gracia cuando le contaste esta parte. Más allá de la indignación y las ganas de cagarte a trompadas, esta parte le había dado risa a Juan. Porque te imaginó inflando el pechito contra el del otro nene, con apenas 8 años y haciendo apuestas que incluyen minas en pelotas. Claro que Juan nunca iba a decirte ésto. Pero sigamos: el tiempo que te demoraste hasta hacer la apuesta, te dio la posibilidad de ver todo en pespectiva: ibas a mostrar una prueba, una sola, pero no en ese momento y no a todos. Ibas a mostrarle una foto a Hernán, pero no directamente del celular sino impresa. Eso iba a dejar por lo menos dudas acerca de cómo la habías conseguido. En caso de que a Hernán le importara eso, claro. En caso de que a Hernán le importara más eso que ver a tu hermana completamente desnuda, en la cama y con las piernas abiertas, como posando.Así que habías ganado la apuesta, 10 pesos y un juego original para la computadora. Pero por sobre todo habías ganado prestigio, el propio Hernán se encargó de ponerte por las nubes. A vos y a tu hermanita, claro.Después de eso no hubo más apuestas. Pero sí hubo más fotos y muchos pedidos para ver “la” foto, y a algunos se la mostraste a cambio de algo. Nadie supo que tenías más de cincuenta fotos. Ni siquiera Juan.Hablando de él, nunca entendimos qué fue lo que realmente te pasó, por qué de repente tuviste un cargo de conciencia insoportable con Juan. No tenías ningún remordimiento con tu hermana, pero con Juan sí. Te torturó la culpa hasta que se lo contaste. Debe haber sido muy difícil para vos, porque apreciabas mucho a Juan, y él a vos, era el novio de tu hermana desde hacía años y siempre te trató como si fueras especial, a pesar de la diferencia de edad. Así que un día lo llamaste y le dijiste que querías verlo, solo. Hacía meses que andabas con el celular y casi no podías creer las fotos de tu hermana que habías conseguido. Juan se preocupó, porque te notó angustiado de veras. Y cuando le contaste lo lastimaste mucho, porque le parecía terrible lo que estabas haciendo, pero vos te quebraste en un llanto desgarrado y entonces Juan se dio cuenta de que se te había ido de las manos, que el juego perverso se te había vuelto en contra de repente, que te mezclaste en cosas demasiado jodidas para tu edad. Y Juan tuvo que calmarte, apenas pudo retarte un poco y decirte que bueno, que él mismo iba a encargase de arreglar todo con tu hermana, porque tu hermana tenía que saberlo, era mejor eso a que se enterara por otro lado. En cuanto pudo apaciguarte un poco te hizo prometer que todo se terminaba ahí, incluso borraste las fotos delante de Juan. Fue lo mejor, viéndolo ahora a la distancia.
Porque a mí también el asunto se me había ido de las manos, y ahora estaba Juan. Pero desde la primera vez que te pesqué fotografiándome supe que jugábamos con fuego. Yo también me sentía estremecida cuando sabía que me estabas espiando, y adivinaba que mis fotos andaban torturando a tus amiguitos, a esos mismos nenes que me miraban y enrojecían cuando venían a casa, y a mí me gustaba.