jueves, marzo 19, 2009

Amigos son los amigos hombres


Yo no sé si es que soy más amplio que la mayoría o si es que de verdad tengo un problema.
Porque a mí desde que era muy chiquito no me cerraba eso de ser amigo de las mujeres.
Observen por favor el punto 37 del post anterior:

37. Que no te caiga bien una persona no significa que no te guste tener sexo con ella.

Eso es cierto.
Los hombres no necesitamos crear un marco de mutuas afinidades, ni establecer una comunión espiritual importante, ni siquiera conocer a fondo el estado mental de una mujer para poder sentir atracción física genuina y urgente. Es más, la mina nos puede caer directamente mal, sin que sea un obstáculo insalvable para el tema sexual.
Fácilmente se deduce que con alguien que nos llevemos bien (una amiga, por ejemplo) tendremos aún menos inconvenientes.

Pero se deduce mal, o en serio estoy teniendo un problema.
Los que de entrada supusieron que quiero tener sexo con mis amigas harían mejor en no seguir leyendo y buscar material apropiado en blogs más calenturientos, aunque peor redactados.

El problema a que me refiero es que de un tiempo a esta parte me pasa justamente lo contrario: no me dan ganas de acostarme con mis amigas, ni siquiera con las más recientes (y por ende, menos consolidadas como amigas)
Es difícil de aceptar, pero creo que he cambiado.

A favor de mi imagen machista (?), puedo decir que las desconocidas me siguen calentando como siempre, y que elaboro unas fantasías hermosísimas con las ocasionales compañeras de colectivo. Pero (¡ay!) todo se desmorona cuando pienso que para llegar al coito vamos a tener que conocernos un poco, y que hay una probabilidad grande de que sea una persona interesante (no sé por qué, pero las que me atraen últimamente terminan siendo gente interesante, sobre todo gente), y que antes de poder someterla me habrá distraído del objetivo inicial algún otro aspecto de su personalidad y estaré escuchándola más que mirándola. Llegar desde ahí a tocándola, apretándola, etc., se complica bastante.

Repaso la lista del post anterior, y confirmo que estoy más de acuerdo con que es maravilloso ser hombre que con las supuestas razones. Lo que se expone ahí tiende a marcar lo que nos diferencia de las mujeres, y la maravilla de ser hombre en gran parte radica en que existen las mujeres y en que son muy distintas a nosotros.

Sí, es cierto que hablan mucho por teléfono, que arman valijas enormes para ir a tomar mate a 3 cuadras, que van al baño en grupo, que son de llorar por boludeces…
Es igual de cierto que nos alegra el espíritu hasta las lágrimas cuando tardan en arreglarse para nosotros, que si no hicieran las valijas no llegaríamos ni a la primera estación de servicio…
Y esas son solamente las cuestiones menores. Tienen un contacto con su parte sensible que nosotros ni soñamos, y no se cansan de darnos generosas lecciones en ese sentido. Son inteligentes y prácticas sin perder de vista la ternura, son increíblemente resistentes sin dejar de ser dulces.
Son creativas, están completamente locas.
Son alucinantes.

En este punto cabría volver al inicio y preguntarse: Y entonces, ¿cómo no querer amarlas a todas?
Bueno, sí. Tal vez. Pero hay otras cuestiones.
Que algunas puedan ser amigas y que además una especial pueda ser la mujer de uno en todo sentido, es casi demasiado.
Que uno pudiera acostarse impunemente con todas, definitivamente sería demasiado.
Al mismo tiempo, ellas mismas ya nos habrán ido enseñando sobre el compromiso, el respeto, el valor de saltar algunas tentaciones y otras cuestiones que a nosotros nos cuesta más entender.
Así de completas vienen.

Yo no concibo mi vida sin mis amigos hombres, sin el fútbol de los viernes o las reuniones esporádicas con accedo vedado al sexo opuesto. No concibo no poder demostrarle cariño a alguien dándole un cortito en las costillas, por ejemplo.
Y hasta no hace mucho me sentía completo en ese sentido.
Desde que tengo amigas mujeres me siento todavía mejor.

Arriba de todo dije que de chiquito no me cerraba ser amigo de las mujeres. Y después dije que tal vez he cambiado.
Creo que no es cambiar la palabra sino crecer, y está bastante bueno y seguramente se lo debo sobre todo a un par de amigas.
Mujeres, claro.


martes, marzo 17, 2009

Tienes un e-mail

Esto me llegó por mail. Con muchas de las "razones" estoy de acuerdo y con otras no, pero va completo.
Gracias, César!


RAZONES POR LAS QUE ES MARAVILLOSO SER HOMBRE.

1. Las conversaciones telefónicas duran 30 segundos.

2. Los desnudos de las películas son casi siempre femeninos.

3. Para unas vacaciones de 7 días necesitas simplemente un bolso.

4. No tenés que bucear en la vida sexual de tus amigos.

5. Las colas para el baño son un 80 % menores.

6. A los viejos amigos no les importa si subiste o bajaste de peso.

7. Cuando hacés zapping no tenés que parar cada vez que ves alguien llorando.

8. Tu culo no es importante en las entrevistas de trabajo...

9. No tenés que llevar una cartera llena de boludeces a todos lados.

10. No necesitas ir al baño en grupo.

11. Tenés el mismo apellido toda la vida.

12. Nunca tenés que limpiar el inodoro.

13. Podés estar bañado y listo en 10 minutos.

14. Si alguien se olvida de invitarte a algún lado, puede seguir
siendo tu amigo.

15. Tu ropa interior se vende por pack de tres.

16. Ninguno de tus colegas de trabajo tiene la capacidad de hacerte llorar.

17. No tenés que afeitarte del cuello para abajo.

18. Si tenés 34 y sos soltero, a nadie le importa.

19. Podés disfrutar en silencio de un paseo en auto.

20. Las flores arreglan todas las cagadas que hacés.

21. Nunca tenés que preocuparte por los sentimientos de otras personas.

22. Tres pares de zapatos son multitud.

23. Te podés quitar la camiseta cuando hace calor.

24. No tenés que limpiar tu departamento cada vez que entra alguien.

25. Los mecánicos no te mienten.

26. Te importa un carajo si alguien percibe o no tu nuevo corte de pelo.

27. Podés ver TV en total silencio durante horas con un amigo, sin
pensar que está enojado contigo.

28. Tenés el mismo estado de ánimo durante todo el tiempo.

29. No tenés que ir a otra estación de servicio porque el baño esté muy
sucio.

30. Podés sentarte con las piernas abiertas, sin importarte lo que tenés
puesto.

31. Por el mismo trabajo ganas más sueldo.

32. Traje de bodas: $ 2.000; traje alquilado: $ 100.

33. El control remoto es sólo tuyo.

34. La gente nunca te mira las tetas cuando le hablás.

35. Si alguien aparece en una fiesta con tu mismo pullover, podés
llegar a hacerte amigo.

36. No tenés que recordar fechas de cumpleaños y aniversarios.

37. Que no te caiga bien una persona no significa que no te guste
tener sexo con ella.

38. Y 1000 MÁS....

sábado, marzo 14, 2009

Así no nos sirve, Maradona


Los trapitos sucios no se lavan por televisión

Excelente artículo de Juan José Becerra en diario "Crítica"

Mientras las conversaciones privadas se sigan llevando a cabo en la televisión, ese simulador de realidad en el que los efectos de realidad se multiplican por mil, irá muriendo la confesión y la confianza entre personas. El último ejemplo –y por ahora el mejor– acerca de cómo lo que pudo ser un armisticio íntimo terminó siendo una operación pública de Maradona sobre o contra Riquelme salta a la vista.




Justo Diego, el autoproclamado Rey del Código, deslizó sus pensamientos crueles en voz alta ante el acicateo de su entrevistador, casi siempre dispuesto a dar el sí, aunque menos en nombre de la profesión que por la primicia destructiva que no lo haga retroceder en su movilidad social ascendente.




Es cierto que Maradona, entre tantas cosas que podríamos enumerar a su favor, tiene el mismo apego al código que a su violación inesperada. Pero eso nos gusta: por bocón e intratable. Y porque siempre parece estar diciendo una verdad. Pero denigrar a Riquelme del modo en que lo hizo –con una violencia con la que no acostumbra a tratar a los futbolistas– pareció más un ajuste de cuentas en vivo que las instrucciones de un técnico que pretende rectificar el juego de su discípulo.




Su discípulo y su heredero. No debemos olvidar, ahora que ya se ha desencadenado el choque de galaxias, que uno sucedió al otro en el interior de la camiseta de Boca Nº 10, y que la gloria que aún envuelve a Riquelme desde 1998 comenzó con el paso al costado de Diego. Lo que no los ha enfrentado directamente lo han hecho por ellos sus épocas. Sin embargo, a esos roces que podríamos llamar históricos le suceden éstos, más actuales e incomprensibles.



El reproche de Diego a Román no es técnico (esas cosas las entiende cualquiera) sino mucho más profundo y doloroso. Lo que Diego ha cuestionado de Riquelme no fue su estado atlético, ni su carácter taciturno (mezcla de verdugo y condenado), ni las órdenes que imparte en las concentraciones desde su comandancia en jefe. Cuestionó, directamente, su identidad futbolística completa, su ADN, su tipología: todo lo que Román puede darle a un equipo.Excepto que Riquelme se convierta en otro jugador (y si hay algo que Riquelme no haría, en eso es igual a Diego, es representar aquello que no es), el caso no tiene solución. Pero Maradona, con esa brutalidad naturalizada por los logros del pasado, aunque también por su sufrimiento personal, no es un entrenador deshonesto. Simplemente cree en la televisión –la misma televisión que le mete la cámara en la ambulancia cuando se enferma– y en los programas de sus amigos-voceros para fundar y resolver conflictos. Debería saber que los mensajes televisivos enviados a los ausentes dañan. Los ausentes no pueden defenderse, son convidados de piedra de las objeciones que se les hacen. El mensaje televisivo, y mucho más si lo manda Diego, es abuso de poder.




Si es cierto, como se dice, que Diego ve en Messi, Tevez y Agüero la velocidad que Riquelme no tiene, hay que decir que no la tuvo nunca. Era cuestión de plantear el desacuerdo y apartar la pieza lenta (aunque de oro) de la máquina supersónica que se está armando en Europa. ¿Qué necesidad había de tratarlo como a un aprendiz? Salvo que sea más cómodo que el efecto de una crisis reemplace las decisiones, ninguna.




Entonces, Román renunció otra vez y será, a partir de ahora, si a la Selección le va mal (pero le va ir bien), el fantasma que brillará en ausencia durante las eliminatorias y el Mundial de Sudáfrica. Siempre y cuando no haya fumata de paz de un día para el otro y el incidente evolucione hacia un nuevo pacto de hermandad. Con dos cracks como ellos puede pasar cualquier cosa.



Actualización lunes 16/03:



Ver artículo de Clarín

Ver artículo de Olé

Nobleza obliga: Gracias, Maradona, por hacerlo enojar.

viernes, marzo 13, 2009

Comentario

Ese comentario apareció hoy en el blog de Rozitchner, a raíz de uno mío en el que decía que no me gusta mezclar animales y chicos.
Más allá de lo que yo haya dicho (un delirio, pero fue en función de hacer más entretenido el comentario y puede haber salido mal), lo que me pareció interesante es esta especie de consejo encubierto, y saqué algunas conclusiones y también algunas dudas que me gustaría compartir a ver qué piensan.
  1. La que escribe es una mujer con humor negro a la que le gustan los gatos: Que es mujer y que tiene humor negro se deduce porque de lo contrario no podría afirmar que soy impopular dentro del rubro. Que le gustan los gatos digo yo, porque el post de Rozitchner hablaba a favor de eso.
  2. Es una mujer que me vio una vez y se acuerda: Esto lo dice explícitamente ella.
  3. Es una mujer preocupada por mi popularidad (negativa) con las mujeres y quiere ayudarme: Qué lindo gesto, pero me genera algunas dudas:
  • ¿Por qué una mujer que me vio una vez y a la que le caigo antipático va a preocuparse por darme consejos?
  • Si me vio sólo una vez, ¿cómo sabe que soy impopular con las mujeres? ¿O se hizo una encuesta a ella sola? ¿Y con esa objetividad opina?
  • Si le preocupa tanto la popularidad, ¿por qué escribe como "anónima"?
  • Si en serio me quiere dar un buen consejo y no lo hace desde el lado malo de los ovarios, ¿por qué me escribe como "anónima"?
  • ¿Qué me quiere decir con "impopular" y por qué específicamente con las mujeres? ¿No importa si soy impopular con los hombres? ¿Habla de opiniones o de levantes?

¿Qué opinan???

martes, marzo 10, 2009

Carne y uña


Cuento

Llegaron a la cabaña cuando empezaba a nevar. El caballo de Marcos resoplaba ruidosamente y estaba cubierto de un sudor espeso y blanco, lo que le valió las bromas de los otros tres. Pobre tordillo, cargar con semejante peso. Para la próxima le alquilarían una vaca: si de todas formas era insuficiente, por lo menos harían una bonita pareja. Enorme y congestionado, Marcos los aguantaba estoicamente. Se apearon y entraron en la caballeriza. En realidad, los cuatro caballos estaban agotados y los rodeaba una nube de vapor propia a cada uno. El que mejor se veía era el de Claudio, pero eso porque no era alquilado. Lo había comprado de potrillo y se lo cuidaban en Quillen. Además, el alazán tostado conocía el camino a la cabaña a la perfección.
- Mierda... qué frío hace...
- Pero valió la pena ¿o no? ¿Te gusta, Toto?
- Muy lindo, Claudito. Espectacular.
-¿Y a vos, gordo?
- Al que no le gustó un carajo fue al tordillo... – interrumpió Fabián y los demás rieron.
- Gordo, te van a denunciar a la Protectora de Animales.
-A mí me defiende Greenpeace, boluditos – dijo Marcos y los toros lo miraron sorprendidos – Y claro: ¿no defienden a las ballenas esos?
Bromeando, entraron a la cabaña. No siempre había sido así, pensó Toto. El Gordo Marcos seguramente había pasado una infancia difícil, por decirlo en forma delicada. Ser obeso desde los cinco años no era chiste. Y peor en la adolescencia, cuando se conocieron. Marcos ya era una especie de fenómeno en primer año, el blanco de las cargadas menos inspiradas. Lo había tratado de resolver primero con la introversión y después a las piñas. Hasta que aparecieron los que iban a ser los amigos de siempre, los que lo aceptaron como era, con los que se permitía bromear sobre el tema.
Una lástima que el físico le jugara tan en contra, a Marcos, con lo buenazo que era. Uno esperaba mejor suerte para los amigos, alguna compensación que hasta ahora, a los 37 años, no había aparecido.
En ese momento empezaron los relinchos del tordillo.


-¿Está lastimado? ¿Qué tiene?
- Qué sé yo... no se puede parar.
Por la forma de quejarse, algo le dolía mucho al caballo. Se había echado muy derecho, y parecía hundir el lomo. Claudio intentó pasarle la mano por la zona y los lamentos aumentaron y el animal hasta intentó pararse, sin conseguirlo. Se veía una gran mancha oscura en el lugar que ocupara la silla.
- Toto, lo quebró...
- No, ¿qué decís?
- Te digo que este animal tiene el espinazo partido, Toto. Qué hijo de puta...
Fabián y Marcos se habían quedado encendiendo el hogar. Claudio era el dueño de casa y el único que entendía algo de caballos. Por otra parte, era el responsable de los animales: los había alquilado por siete días a nombre suyo.
-¿Y qué hacemos?
- Con esta nevada, nada. Le voy a meter hielo para que calme un poco y trataremos de que se pare. Mañana veremos.
-¿No tendrá algún problema de antes, Claudio?
- Toto, ¿vos escuchaste cuando le pregunté al gordo cuánto estaba pesando? Doscientos veinte kilos, Toto. Lo mató. El problema es que si no para de relinchar, van a empezar a bajar los gatos. Andan cagados de hambre...
- No me jodas.
-¡Vengan a comer, che!
El que gritaba era Marcos, por supuesto.


El gordo lo había tomado muy mal. Claudio no había puesto ninguna sutileza al decírselo. El caballo estaba roto y no había vuelta que darle. Los problemas que se venían eran varios. Habían dejado los autos en Quillen y se habían llegado hasta la cabaña a caballo. Ni siquiera se les ocurrió llevar uno de repuesto. La idea era pasar una semana pescando y haciendo cabalgatas. Nada de celulares ni motores ruidosos.
Si el caballo no se componía, alguno tendría que hacerse los 15 kilómetros hasta Quillen. Habría que aguantar al dueño y pagárselo. Era el problema menor.
Si la nevada arreciaba, no iban a poder ir a ningún lado. Para colmo el tordillo no paraba de quejarse.
Si aparecía algún puma, la cosa se iba a poner muy brava.
El único que tenía un arma era Fabián. Podía usarse con algún animal chico, pero contra un felino grande era inservible.
Y cabía la posibilidad, también, de no encontrar un caballo que aguantara a Marcos. Habría que modificar todos los planes.
- Soy un monstruo... – la frase sonó tan desubicada que los otros tres se callaron al mismo tiempo.
- Qué decís, Marcos. Ahora el problema es otro, vamos a resolver esto y después te hacemos terapia de grupo.
- Pará, Claudio... – dijo Toto.
- Loco, está bien. Mirá, Gordo, nadie te culpa por lo que pasó. Pero la situación es así de clarita.
- Partí un caballo al medio, ¿te das cuenta?
- Probablemente estaba medio débil del lomo. Son caballos de alquiler, andá saber cuántos tipos... grandes lo montaron antes. – la intención de Toto era buena, pero la pausa contribuyó a que sonara a acusación directa.
- Una vez casi mato a una mina. No me dí cuenta, estaba caliente. Casi muere asfixiada... – el Gordo seguía hablando como para sí mismo, perdido en una laguna de tristeza.
- Marquitos, pará. Nadie quiere hacerte sentir mal. Esto es un accidente... o algo así, pero no es tan grave. Si llega a aparecer un puma, trataremos de espantarlo. Y si no, que se coma el matungo y listo. Acá no va a entrar, quédense tranquilos. ¿Vos tenés la escopeta, no, Fabi?
- Si, pero...
- Es para asustarlo, nomás. Nadie habla de cazarlo. Mañana a la mañana, de última, nos corremos hasta Quillen y listo. Traemos los autos, compramos una Itaka, lo que sea.
Comieron con mejor ánimo y mucho apetito: algunas latas y un hermoso jamón que Marcos insistió en llevar desde el pueblo. Lo trajo todo el camino a la espalda, en bandolera, y Claudio lo había comparado con aquel compañero gordo de David Crockett que andaba siempre con el banjo a la espalda. Eran apenas las seis de la tarde, pero la cabalgata les había dado hambre. Y además, había que hacer algo para cambiar el espíritu. Y comer como lobos seguía siendo una de las mejores expresiones de camaradería entre hombres. Además, un poco de vino del valle hacía milagros cuando un grupo de amigos se juntaba. La nieve caía, había oscurecido y el hogar crepitaba exquisitamente. Marcos quiso ponerle palabras al sentimiento reconfortante que lo invadía.
- Ustedes son lo mejor que me pasó en la vida...
- Callate, Gordo... Ahora sí que no te salva ni Greenpeace: te estás morfando a tus semejantes.
Marcos acompañó discretamente las risas, mirando pensativamente el trozo de cerdo en la punta de su cuchillo.
- Por la amistad – dijo Claudio levantando de la mesa la botella de vino. Y soltó un estruendoso pedo.


Pobre Gordo. Capaz que en serio el matungo estaba jodido de la espina y justo se lo dieron a él. Me acuerdo la vez del banco de gimnasia. Un armatoste viejo que tenía rajaduras por todas partes. Si en el Moreno lo venían usando desde que estudiaba mi hermano mayor... “Toto”, me decía el Gordo, “lo único que me sale bien es el banco, no entiendo”. Y tenía razón. Había algo en los ejercicios que hacíamos ahí o en la plataforma que usábamos que le venía muy bien a Marcos. El Gordo era torpe para los deportes, pero corría bastante rápido y cuando llegaba hasta el impulsador, se acababan los problemas. En el aire, el Gordo se volvía un atleta consumado. Le encantaba.
Se le podía haber roto a cualquiera, pero le tocó a Marquitos. Para colmo ese día estaban las chicas haciendo handball en el patio de al lado. Clara también estaba y Marcos lo sabía. Estoy seguro de que le dolió más eso que el porrazo que se dio.
Qué joda. Estoy seguro de que la vida de Marcos debe estar llena de bancos que se le desbaratan por culpa del físico. A cualquiera le pasan esas cosas, pero cuando le pasan a alguien como él, se suma a tántas otras...
Y claro que me acuerdo lo de la mina que casi se muere, si lo llevamos nosotros a Marcos. Se armó bastante revuelo porque la tipa le dio un ataque de histeria o algo así. Habrá querido intentar ir arriba él, pienso. Esa vuelta arreglaron todo entre Fabián y Claudio. A los del cabaré se les pasó rápido, pero al Gordo hubo que reflotarlo durante una semana entera.
Por suerte, mientras comíamos nos olvidamos un poco de todo. Esperemos que el tordillo se la banque piola y mañana caminaremos o no sé.


Era un puma viejo y famélico. Bajó la sierra a los tumbos, oyendo los relinchos lastimeros como si fuera música de ángeles. Les olfateó el miedo a las yeguas en cuanto empezó a cavar en una esquina del galpón. La tierra estaba ablandada por la nieve que no había parado un minuto. Uno de los alazanes había destrozado a patadas su corral y ahora la emprendía contra la puerta, que cedía. Los hombres debían estar sordos como para no asomarse con el escándalo. O no eran cazadores.
Por fin, entró a la caballeriza.
Por el boquete de la puerta, se escapó el alazán y una de las yeguas. Ya se dedicaría a ellos, o tal vez los topara la hembra que lo seguía a distancia prudencial. La petisa luchaba con su corralito y lo estaba astillando. Se abalanzó sobre ella.
El tordillo consiguió pararse y tuvo la suerte de que no le hubieran cerrado el corral. La petisa casi acierta al puma con una tremenda coz y el repliegue del gato les dio el hueco justo para dispararse los dos.
El tordillo consiguió hacer unos treinta metros antes de que el puma lo alcanzara, justo cuando llegó el disparo de Fabián.


“Nos va a matar a todos, esto es una ratonera”, piensa Claudio mientras oye al puma desde la curiosidad, muy lejos de las balas de Fabián.
- Que mierda va a asustarse, está con hambre.
-¿Cuántos son? ¿Viste algo?
- No sé, no sé...
Después de un rato interminable, vuelve el silencio apenas roto por la nieve que cae acompasadamente.
De par en par los ojos, Toto se percata del olor que viene de sus pantalones.


La playa era el peor lugar de todos. Porque en cualquier otro lado, siempre hay una sombra que justifique la remera. Pero en la playa era donde se sentía más expuesto. Extraño que sueñe ahora con Mar del Plata, horas después de lo del puma. Marcos se revuelve en su cama, inquieto.
Revive aquella vez en el mar, junto a los muchachos. Un par de rubiecitos, en la loneta de al lado, lo miraban y se reían, le hablaban al oído a las chicas que los acompañaban. De vez en cuando le llegaban nítidas algunas palabras.
Elefante marino, gordo...
Solloza Marcos y patea las frazadas. El hacía como que no escuchaba, pero se le habían coloreado las mejillas. Al final, Toto había encarado al rubio que más se reía. El otro cometió el error de decirle “No es con vos la cosa...”. Ahí se pararon también Claudito y Fabián. No le explicaron a los rubios, mientras los golpearon, que lo que hacían a uno de ellos se lo hacían a todos. Sobre todo si se lo hacían al Gordo Marcos.



Con las primeras luces se animaron a salir. De la caballeriza a los restos del tordillo había huellas de un puma. En el lugar del festín, por lo menos de dos o tres. La nieve nueva aún no cubría enteramente las manchas de sangre. No había marcas de que hubieran arrastrado gran parte de la presa.
Era una mala señal. Si los pumas se habían sentido seguros como para quedarse a comer ahí, iban a volver.
-¿Andarán por acá todavía?
- Quién sabe... Lo más probable es que se hayan hartado con lo de anoche y no vayan a intentarlo tan rápido. O por lo menos, no de día. Pero si el olor de la cacería les llegó a otros allá arriba, quién sabe...
-¿Qué hacemos?
- Hay que irse a Quillen ya mismo – dijo Fabián.
- No creo. Ir a pie nos puede tomar muchísimo tiempo.
- Y no te olvides de los pumas.
-¿Entonces?
El que preguntaba ahora era Marcos. Sabía que había algo más que los otros tres no decían. El mayor problema de la caminata era él mismo. A ninguno se le escapaba que no iba a resistirla. O que iba a ser un estorbo.
Por el lado del río, vieron aparecer a Catriel, el alazán de Claudio, al trote rápido. Traía los belfos dilatados y ojos de loco. Seguramente había andado espantado toda la noche y en cuanto se orientó enfiló hacia la cabaña. Lo llamaron a los gritos y vino. No muy lejano, escucharon al rugido.
- Lo meto a la casa, ya – Claudio tiraba de las crines del tostado, que se movía nervioso.
- Claudio, se nos van a querer meter los pumas, están cebados.
- Sin caballo, no vamos a salir nunca de acá. Adentro todos.
Catriel se resistía a entrar, pero al final consiguieron meterlo. Claudio le daba palmadas mientras Marcos y Toto buscaban una soga para tenerlo. Si había roto la puerta de la caballeriza, podía hacer lo mismo con las de la casa. Fabián se apostó cerca de la ventana, con la escopeta en el regazo.
- Ahí vienen... tres.
Los pumas avanzaban despacio, olfateando el aire de la mañana y gruñendo bajito. Cuando estuvieron a 20 metros de la cabaña, Fabián les disparó. Saltó la nieve cerca del grupo, y los pumas se separaron.
A Claudio se le ocurrió pensar que si alguien oía los disparos, a lo sumo iba a suponer que los citadinos se estaban divirtiendo a lo cosaco. El alazán forcejeó violentamente cuando escuchó los zarpazos de la puerta de atrás.
-¡Hijos de puta!
- No tires, Fabián, no va a atravesar ni la madera. Guardá algo por si entran...
Toto no podía creer lo que había dicho Claudio. Si los pumas entraban, se acababa todo. A lo mejor, si les soltaba el alazán...
La voz del Gordo les llegó, glacial, desde el otro lado de la habitación.
- Claudio, subite al caballo y preparate para salir al galope.
-¿Estás loco? Me agarran en dos trancos...
- Vos, Toto, vas a cerrar la puerta en cuanto salga Claudio. Fabián te cubre.
Marcos se había llegado hasta la puerta del frente.
- Tienen que aguantar hasta que Claudio vuelva con ayuda. Tranquen las puertas con cosas. Tírenles con lo que puedan...
-¡Marcos!

Con las manos en el picaporte, el Gordo parecía buscar palabras. Al fin pareció encontrarlas:
- Ustedes son lo mejor que me pasó en la vida.
Cuando terminó la frase, ya estaba del lado de afuera. Comenzó a llamar a los pumas a los gritos y corrió para alejarlos todo lo posible de la puerta por la que debía salir Claudio.
Cuando por fin llegó el primer zarpazo, se sintió casi dichoso.



Nota: Este también es de "La timidez y otras cosas". Lo leo 3 años después, y justo después de los apuntes para Bazán, y me parece casi naif, además de muy mal escrito. Pero es el camino recorrido y está bien reconocerlo, y además es una oportunidad para que si alguno de los que compró el libro quiere que le devuelva la guita, me escribe y listo.

martes, marzo 03, 2009

Apuntes de Bazán

Lo que sigue son apuntes para una novela, que en principio sería como "Diario de la guerra del cerdo", pero al revés: acá los atacantes son los viejos. La idea es que la organización (y sobre todo los métodos) que van a usar los viejos me permita incluir buenas dosis de humor, aunque sea negro. Pero la verdad es que todavía no salió ni un poco de eso. Quedan advertidos.

(Bazán en el club, al grupo de viejos, olores)
Para odiar bien no hace falta tener razones altruístas, lo que hay que tener es odio. Mucho odio, y tan en estado puro como sea posible.
Hay que odiarse uno mismo, para empezar. Odiarse por haber envejecido, por encontrar chotos e insoportables a los de la misma edad, porque la pija no se te para más, porque a cada rato se suma una razón para volarte la cabeza.
Sentir un odio redoblado por cosas como ésta; esta me pasó a mí mismo, señores Viejos de Mierda que me escuchan: hacía un tiempo que todo olía mal, había un olor feo en el aire, flotando, y yo fruncía la nariz y me preguntaba cuándo iba a caer por fin el aerolito purificador, cuándo el Angel de la espada de fuego iba a terminar con esta porquería de mundo, si ya se percibía el hedor de la carroña.
Y era yo, señores. Era mi propio olor a rancio el que sentía, era mi propio halo podrido el que me envenenaba el aire. ¿Cómo no odiar con toda el alma, entonces? Con estas cosas, ¿cómo no salir a matar, señores? ¿Cómo no querer reventar al primer guacho que se cruce?
Ese es el Odio Primero, del que tenemos que partir: un odio sin más explicaciones que el habernos dado cuenta de que la vejez es una estafa, una tortura insoportable para los que ni siquiera tenemos el consuelo de habernos vuelto idiotas; un castigo innecesario y alevoso, desmedido, una burla, una justificación para el suicidio en masa apenas cobrada la primera jubilación. Hay que irse, señores.
Entender esto y no irse es prestarse para la joda, es hacerle el caldo gordo al que te quiere seguir humillando. Hay que irse, viejito.
Pero hay que irse bien. Antes de irnos…hagamos lo que tengamos que hacer.
O mejor: hagamos lo que se nos cante.
¿Quién puede decirnos nada? Yo no voy a escuchar a nadie. A la mierda los audífonos, señores.

(Bazán a Bernardo, mujeres)
Cuando yo era muy chiquito miraba a las nenas y pensaba con horror que iban a crecer y se iban a deformar. Estaban tan lindas, yo en ese momento las hubiera dejado así para siempre, como muñequitas. Me gustaban las nenas de mi edad, más o menos hasta los 7 u 8 años.
A esa edad me empezaron a gustar más grandes que yo, de 13 o 14, ya con proyectos de tetas. Me parecían perfectas en ese estado larval, previo a la maduración definitiva. Pero ya intuía que las minas más grandes estaban mejor que las de mi edad, y me generaba cierta ansiedad. Siempre me apasionaron las mujeres, vos lo sabés bien.
A los 20 más o menos descubrí que las de mi edad estaban buenas, pero también me gustaban las de 40, o más. Y me sentí casi feliz, Bernardo, porque mirá la conclusión que sacaba: Cuanto más grandes, mejor.
Sostuve esa pelotudez un buen tiempo, porque a los 20 no existe la vejez, hay como la idea de una vida más o menos igual pero con más años, no se pueden imaginar todo el cansancio, todos los dolores...
A los 20 se es un ignorante completo de estas cosas, Bernardo. Y entonces yo andaba contento, casi tranquilo porque la principal razón de mi vida siempre fueron las minas, y creía que tenía el rubro asegurado hasta que me muriera. Un disparate absoluto, obviamente.

(Bazán y Bernardo - el robo al banco)
- Vos te acordás, Bernardo. Si lo planeábamos por lo menos una vez por trimestre. Y nunca lo hicimos. Pero cada vez que lo analizábamos, entendíamos que no estaba mal asaltar el banco. Y no éramos delincuentes, ni tampoco jóvenes idealistas ni esa poronga. Nosotros queríamos la guita, pero al mismo tiempo sabíamos que afanársela al banco no podía estar tan mal, ¿no?
- Tendríamos de habérsela afanado, pienso.
- ¡Y eso es lo que te digo, beninún!
- Flor de turros, los bancos.
- Pero había una gran diferencia, Bernardo: en ese momento teníamos cosas que perder. Podíamos ir en cana o podían matarnos. O podía salirnos bien y pararnos para toda la cosecha, pero nos teníamos que ir del país.
- A Paraguay – dijo Bernardo y se le llenaron los ojos de lágrimas.
- ¿Te acordás? A vos te hubiera gustado irte a Paraguay, ¿eh?
- Eh, claro.
- ¿Por qué no lo hicimos, hermano? ¿Por qué no te fuiste con la paraguaya? ¿Para qué nos quedamos, me querés decir?
- Yo me casé – dijo Bernardo pero como si no quisiera decirlo.
- Sí, te casaste. Dejáme de joder, Bernardo.
- Eh, las obligaciones.
- Por eso, las obligaciones – dijo Bazán y se quedó mirando el piso.
- Tendría de haberme ido, ¿no?
- Pero por eso te digo que esta es otra oportunidad, ¿entendés?. Distinta, pero otra oportunidad. El amigo de tu nieto…
- Ese es un sorete, Bazán. Y mi nieto también.
- Pero el pendejo, el amigo de tu nieto…
- ¿Qué hay?
- Nada –dijo Bazán y se le iluminaron los ojos-. Pero labura en un banco, ¿no?
- Sí…me parece que sí.
- Creéme, Bernardo. Ese sorete va a afanar el banco para nosotros.

viernes, febrero 27, 2009

La noche del cantor

Una nota previa: Hasta ahora evité poner los cuentos que pueden considerarse largos para un blog, y creo que estuvo bien hacerlo porque cansan de sólo verlos. Al mismo tiempo van a cumplirse 3 años de la publicación del libro y, como una forma personal de celebración (o de resarcimiento, porque la culpa de que sean un poco largos no es de ellos sino mía), voy ir posteando cada tanto algunos de aquellos de los que hasta ahora sólo hubo un pequeño fragmento hace 3 años.


La noche del Cantor - Cuento

Lastima, bandoneón, mi corazón, tu ronca maldición maleva... Lo que lastima los corazones es la voz de Julio, desafinando parejo como todos los viernes, sábado dos funciones y domingo matinée, en El Palacio del Tango de Caseros. Los parroquianos se consuelan con el vino y con las excelentes achuras del Palacio, porciones abundantes, como está anunciado en los pueriles carteles del salón. Y también lo aguantan a Julio porque después vendrá la orquesta de Mauricio Flores para que se largue la milonga. Ya sé que me hace daño, yo sé que te lastimo, canta Julio y el público se siente identificado. El guitarrista que lo acompaña sufre también, se le nota en los ojos, que a veces cierra con fuerza como debe querer cerrar los oídos.
Pero Julio Carletti, nombre artístico Julio Del Puente, prosigue inmutable su marcha sin querellas por las noches de Pompeya. Dos temas más y el gran final con Los mareados, que la gente aplaude con entusiasmo y agradecimiento, porque sabe que es el último. Julio agradece a su vez conmovido y cuando baja del escenario se va directamente a su camarín sin pasar por la barra, no es cuestión de estropearse la garganta todavía.
Hace dos años que Julio consiguió la concesión del Palacio, que en realidad es un anexo del club Defensores. Lo encontró en franca decadencia y se jugó los últimos pesos en levantarlo. Al final los de SEGBA le hicieron un favor al indemnizarlo antes de tiempo. Se resiste Julio a llamar Edenor a la empresa privatizada, como se resiste a dejar de cantar. Por supuesto que sabe que desafina, y que últimamente hasta se olvida algunas letras. Pero lo que siente cuando sube al escenario es demasiado grande como para abandonarlo. Que la gente lo tome por un caradura, que lo soporte a duras penas, que sienta vergüenza ajena. Cualquier cosa, lo que quieran. Pero dejar de cantar, no. Es un derecho que se ha ganado en estos dos años.
Cuando se hizo cargo, apenas si subsistía una barra con borrachos incondicionales y una tarima desvencijada que había servido alguna vez como escenario. Los bailes se hacían con música grabada y lógicamente no convocaban a nadie. Por lo menos, no a la gente que Julio quería convocar: le apuntaba a los que sentían el Tango de verdad, a los que se emocionaban con aquello de que es un sentimiento que de baila. Julio quería convocar a los que entendían la Magia igual que él.

Debe ser por eso que contrató al mago. Ese día había sido especialmente malo para Julio. Andaba resfriado y con la voz tomada y estaba como desconcentrado. Le había dolido la cabeza todo el día y eso se había notado. Por suerte el espectáculo que había preparado Mauricio era contundente. Trajo un pibe nuevito que había arrancado muy bien con la gente, porque era un vecino de Santos Lugares y eso tenía un plus con el público de Caseros. Julio escuchaba el show desde su camarín, que en la semana le servía de oficina y en todo momento era el depósito del material de fútbol. El pibe lo estaba logrando. Con un repertorio elegido a la perfección y el acompañamiento sin fisuras de la orquesta de Mauricio Flores, el éxito estaba asegurado. Y además tenía una voz impecable, que a Julio le recordaba un poco la suya cuando tenía esa edad.
Lo sacó del ensueño el llamado a la puerta. Cuando abrió se encontró con el viejo, que le sonreía desde su metro cuarenta.
- Señor Carletti, buenas noches...
- Del Puente.
- Del Puente, claro. Me dijeron los muchachos que lo podía encontrar acá. Quería felicitarlo, señor Del Puente.
- Bueno, muchas gracias – dijo Julio, y en ese momento se percató del aliento alcohólico del viejo. Con razón, pensó Julio, taqueloparió.
- Realmente me gustó. Mu... chísimo.
- Le agradezco, señor...
- Pero también quería verlo por otra cosa. No sé si tiene tiempo ahora...
- La verdad es que tengo que volver...
-¿A usted le gusta la magia?
Al final, se había quedado hablando un largo rato. A pesar del etílico, el viejo era agradable y saltaba de un tema a otro con la gracia de un prestidigitador. Hablaron del pibe que estaba cantando (quién pudiera todavía, dijo Julio) y de viejas orquestas famosas, que el petiso conocía a la perfección. Pero lo mío es la magia, señor Del Puente, decía el viejito antes de saltar a otro tema. ¿A usté no le parece que podría gustar?
Finalmente arreglaron para hacer una prueba cuando finalizara el baile. Carletti había propuesto que volviera por la mañana, pero el viejo le dijo que de día su magia no tenía efecto. Lo que debe tener efecto a la mañana, pensaba Julio, es todo lo que chupaste, cretinazo. Sin embargo, el cantor se sentía mucho mejor de la gripe y lo de Mauricio era para disfrutar. Julio se emocionaba con los aplausos que llegaban al final de cada tango. Había gritos de aprobación para el pibe, pedidos de temas y las voces de las mujeres se escuchaban nítidas por sobre las de los hombres. El de Santos Lugares definitivamente lo había logrado. Podía perder un rato con el viejo, después de todo.


Era bueno. Contra todo lo que podía suponerse, el mago era bueno. A eso de las cuatro de la mañana, cuando las parejas que quedaban ya no bailaban sino que permanecían ensimismadas en sus mesas, otra vez apareció el mago. Julio estaba solo en su mesa de siempre, tomando un té muy caliente para terminar de componerse la garganta y fumando un cigarrillo tras otro para compensar el tratamiento. Pensaba rematarlo con un whisky doble, pero sin hielo.
- Estoy listo – dijo una voz atrás de él y Julio soltó el cigarrillo sobre sus pantalones.
- Eh, viejo, no me haga eso...
- Disculpe, señor Carletti.
- Del Puente. Y no se lo digo más. Acá me trata de señor Del Puente, ¿estamos?
- Perfectamente entendido, señor Del Puente.
- Usté mejor que nadie debería saber que la magia tiene que conservarse siempre. Los artistas alimentan la fantasía de la gente, qué joder. Si usté me dice Carletti, ¿adónde va a parar mi imagen? ¿Me comprende?
- Cristalinamente, señor Del Puente. No volverá a ocurrir. ¿Quiere que empiece?
- Dele.
Durante los siguientes quince minutos, Julio se había sorprendido con los trucos del petiso. Le causó gracia que, a falta de música para el acto, el enano silbara entre dientes viejos tangos del ’30.


Debía haberlo supuesto. El otro estaría durmiendo la mona o simplemente se había olvidado. La cuestión es que el sábado no apareció. Por suerte no había habido tiempo para anunciarlo de ninguna forma. Ni carteles, ni un aviso por la FM Apuntes, nada. Mejor así. El maldito enano había desaparecido igual que como había aparecido, sin un rastro.
Era el día del Concurso y eso acaparaba completamente a la gente, así que tal vez fuera lo mejor. Los cantores andaban nerviosos y pendientes del Concurso, demasiado preocupados, por otra parte, como para prestar atención a un viejo ilusionista con debilidad por el trago. La intención de Julio había sido que la actuación del maguito atenuara un poco tensión, pero si no se presentaba, nadie lo extrañaría.
Excepto Julio.
Le había tomado una especie de afecto al viejo, totalmente inexplicable. Era verdad que el mago tenía un aire de abuelo bonachón, una especie de duende tanguero y lenguaraz, con el agregado de que le gustaba la bebida. Mientras charlaron en el camarín de Julio, le había contado algunas historias que valían la pena.
Pero Julio tenía la responsabilidad por el buen funcionamiento del Palacio y no estaba dispuesto a arriesgarse con las informalidades del viejo. Si aparecía alguna otra vez, sería como espectador. Para artistas malos ya estaba él mismo.

El domingo prometía ser memorable. Harían su número los ganadores del Concurso y cerraría el pibe de Santos Lugares, todos acompañados por la orquesta de Mauricio. Cartón lleno, pensaba Julio mientras daba las últimas indicaciones a los mozos antes de retirarse a su camarín. Faltaba más de una hora para el primer compás y el Palacio ya estaba lleno a medias. Julio Carletti había decidido no cantar esa noche. Quería que todo fuera perfecto.
Pero cómo le gustaría, piensa Julio mientras se arregla la corbata. Daría lo que no tiene por ser él el encargado de cerrar la función otra vez. Como le ocurrió en algunas ocasiones en los festivales de SEGBA. Ahí si que lo conocieron en un buen momento. Nunca fue un elegido para la canción, eso hay que admitirlo. Pero tenía algo que le llegaba a los que lo oían. Angel, carisma, presencia. Lo que tiene el pendejo que va a cerrar hoy.
Julio termina de acomodarse y se va a controlar que todo esté en orden en el vestuario de los ganadores del Concurso, en diez minutos los presento, muchachos, salgan tranquilos y rompanlán, que hoy hay algo especial en el ambiente.


Julio adivinó que era él antes de abrir la puerta. Ahora se daba cuenta de que lo había estado esperando desde la tarde, cuando acomodaba las cosas en el escenario. Un verdadero caradura, el viejito.
- Usté me debe estar cachando, ¿no?
- Señor Del Puente, lo siento muchísimo, me sentía mal.
- Yo lo sentí muchísimo ayer, señor mío, cuando usté me dejó garpando como un otario. Además que me mintió, viejo. Me dijo que había hablando con los muchachos y era verso.
El petiso ponía cara de aflicción, retorcía las manos nerviosamente y rogaba por otra oportunidad.
- Imposible. Y menos hoy.
Desde el salón llegaban los compases precisos, era el momento del dúo de los ganadores y parecía que se conocieran de toda la vida. Y lo de Mauricio no tenía desperdicios. La orquesta estaba tocando como nunca y la gente lo agradecía. Tal vez fuera una de esas noches que hacen historia, pensaba Julio.
- Entonces... – dijo el viejo.
- Entonces, se queda escuchando por ahí, invitado de la casa. Pero hoy nadie va a arruinar el espectáculo, palabra de Julio Carletti.
- Del Puente.
- Del Puente, gracias.
- Señor Del Puente, yo ya estoy viejo y además soy un flojo. Pero usté fue muy bondadoso conmigo el otro día y yo quisiera hacerle...
- Momento.
Alguien golpeaba la puerta con urgencia.
- Malas noticias, Julio. Estábamos preocupados porque el pibe no llegaba y llamamos a la casa. La mujer dice que chocó y está en el hospital, qué hacemos.
- Qué barbaridá, dijo Julio.


Y por qué no.
A fin de cuentas, un accidente lo tiene cualquiera. Y si no era una noche especial, bueno, el principal desencantado sería el mismo. Julio evalúa la situación mientras los músicos se prestan a los bises. Sabe que en diez minutos debería subir el muchacho de Santos Lugares. Le explicará a la gente lo que ocurrió y para que los que quieran escucharlo, hará él mismo uno o dos temas. Le pedirá a Mauricio que haga un poco del show bailable después, aunque hoy el público ha venido a escuchar. Pero no es tan grave.
O quizás sí. Si la gente no se decide a bailar, el final será mediocre. Y si él tiene una mala noche cantando, el final será malo directamente. En un rato se puede borrar todo lo bueno que han hecho los muchachos antes. Julio se debate entre sus ganas de cantar y la alternativa más lógica, que sería pedirles a los ganadores del Concurso que hagan algunos temas más. Bueno, también podría actuar el mago, aunque se escurrió cuando trajeron la noticia del accidente. Ya andará reclamándoles a los mozos la invitación de la casa con bastante hielo.
Cuando terminan los cantores, la gente comienza a aplaudir por lo que han hecho y por lo que se viene. Julio se aclara la garganta y va para el escenario del Palacio.


Algo le dice que va bien, a Julio.
Lo notó en las primeras notas, la voz le viene profunda y segura, desde alguna parte desconocida del pecho. Y afina sin esfuerzo. Mauricio Flores asiente con la cabeza, mientras alza las cejas y tuerce la boca. Mirá vos, pero qué sorpresa.
Julio prueba a alargar las frases y ponerle más aire. La voz lo obliga a abrir más la boca y Julio siente la vibración portentosa de sus cuerdas vocales. Lanza una nota imposible y comienza el estribillo conmovido con su propia voz, que no es su propia voz. A través de las primeras lágrimas, mira al público por primera vez y nota el asombro y la admiración. Alguno participa del llanto, también.
Julio se deja llevar por la magia del momento y encara el final del tango agregándole una distorsión virtuosa al último verso. Cuando gira la cabeza se encuentra con el viejo duende que le guiña el ojo un momento antes de escabullirse de nuevo y el cantor comprende cual es el regalo que le ha hecho, usté fue bondadoso y yo quisiera hacerle, dijo el enanito antes de desaparecer, pero qué me iba a imaginar que al final convoqué a la magia nomás, piensa Julio cuando empieza a recibir la primera ovación.

jueves, febrero 26, 2009

Uvular Larpa


La Corporación Médica de San Martín es un sanatorio moderno, con buenísimos profesionales y que encima me queda cerca de casa. Además tiene una hotelería confortable, las chicas son todas lindas, y hay televisor de plasma gigante en todas las habitaciones.
En el medio de tanta excelencia, resulta hasta sospechoso el infame método que tienen para dar los turnos, incluidos los turnos para cualquier estudio. La única forma de hacerlo es por teléfono.
Parece que me quejo de hinchabolas nomás, pero no es tan así.

Más allá de lo ilógico de no poder pedir un turno en persona (la mayoría de las veces ya estás ahí, fuiste a ver al clínico y te manda a hacer análisis, es de lo más común), la cosa se complica cuando hay que interpretar la orden del médico. Es de dominio público que la letra de los médicos es un desastre y la verdad es que la mayoría de las veces uno ni se fija en lo que ponen como para sabérselo de memoria después. Para el caso de un remedio es fácil: uno le presenta la receta al farmacéutico y que el farmacéutico se arregle. Para eso es farmacéutico y además tiene el ojo entrenado.

Pero uno no: uno no entiende de esas cosas y además cuando fue a ver al médico porque ronca como un jabalí, pensó que a lo sumo sería 1 (un) estudio el que le harían, no 8 (ocho).
Con uno solo que se llame nasofibrorinolaringoscopía alcanza para quedar trabado en el teléfono llorando de impotencia.

Leí la orden por primera vez cuando ya me había atendido el teléfono la señorita simpática. (1)
Por supuesto, la orden no decía nasofibrorinolaringoscopía en clara letra de imprenta. Ni en pedo:
- Sí, hola. Necesito un turno para un …para una nasun…firto..mmmporcosp…topía…Algo así.
- No…no sé…¿Qué dice el diagnóstico, señor?
- Uh, esperáme…Hiptxr paladar BL más hipxtkx uvular larpa…Te juro que dice eso
- "Hipertrofia de paladar blando"…es lo único que le entiendo
- ¿Qué es uvular larpa?
- Nunca lo escuché…
- ¿Pero no suena a muerte lenta y dolorosa?
- La verdad que sí.
- Bueno, sigo con los otros estudios…
- Sí, mejor…
- Tomografía… demacizo tranco nupcial… Pero qué hijo de puta…
- ¡Tomografía de nariz cráneo-facial! ¡¡La saqué enseguida!!
- ¡¡¡Genia!!!

Y así tres cuartos de hora.
Algunos estudios los dedujo mi hada telefónica y por otros tuve que volver a ir al médico, munido ésta vez de una libretita y un grabador de periodista.
Ignoro el por qué de esta modalidad siniestra de hacerte quedar como un estúpido por teléfono. Salvo que sea para cobrar dos veces (o tres, o cuatro…) la misma consulta al médico, o porque tienen un acuerdo con la telefónica.
En cualquier caso, se merecen un cuadro agudo de Uvular Larpa.

(1) Olvidé mencionar que existe un teléfono dentro del sanatorio especialmente instalado para pedir turnos, por si te amotinás y no querés irte a llamar de otro lado. O sea, podés estar enfrente de la rubiecita que reparte los turnos, pero nunca lograrás que te atienda en persona. A lo sumo te indicará dónde está el teléfono ese. Algunos médicos, contagiados de este espíritu, ya han comenzado a instalar cabinas en la puerta de sus consultorios y atienden a los pacientes por teléfono diciendo "¿Qué le anda pasando, Rodríguez?" Los más expeditivos tienen un contestador con opciones y atienden recién cuando llega el momento de dar el tratamiento, o para decir: "En este momento el doctor House está trincando a la enfermera y no lo puede atender, a menos que usted sea el de los whiskies"

martes, febrero 24, 2009

Cinco por uno (*)


¿Cómo debe interpretarse la desaparición de un seguidor? ¿Adónde se hace la denuncia? Estas preguntas y otras igualmente angustiantes (“¿Saldrá muy caro el rescate?”, por ejemplo) son las que originan este post.
Hasta ayer había 7 (siete) seguidores de este blog, y hoy ya falta uno.

Lo sé porque los tengo permanentemente contados, les sonrío respetuosamente cuando entro al blog, les acomodo el pelito de la foto y les hago promesas de que voy a mejorar sólo por ellos, por su invaluable compañía. Todas mentiras, por supuesto, pero a veces hasta yo me las creo y durante 3 minutos hago algo verdaderamente a conciencia y con el espíritu desbordante de las mejores intenciones. Al minuto 4 me canso un poco y después ya depende de la buena suerte o de la programación de Telefé.

Pero la verdad es que yo no escribo para mí, en eso coincido con Birmajer y su segundo consejo para escritores:
2) Si no escribe para los lectores ni para la crítica, no publique. Envíele sus escritos por mail a su abuela. ¿Para qué molestar a correctores, diseñadores y editores, si a usted no le interesa salir de su casa? En cualquier caso, no repita más que escribe sólo para usted mismo. Ya lo dijo Borges, y tampoco resultó verosímil.

De manera que la pérdida de un seguidor es una circunstancia dolorosa para mí, más allá de quien sea el señor o la señora. Porque la verdad es que no sé a ciencia cierta cuál es el lector que se me ha fugado. Sólo sé que eran 7 y ahora son 6.

Ahora que lo pienso, tal vez debería saber exactamente quién es. Tal vez, a pesar de tirarles besos a las fotitos, no me he dedicado en cuerpo y alma a conocer a mis lectores. ¿Debo hacerlo? ¿Comprenderá el marido de Laurita que si la invito a cenar es sólo por mi dedicación de autor?
¿Me dejará Laurita que la apriete un poco, ya que estamos?

Muchas preguntas angustiantes, como decía al principio.


(*) Como muestra de mi atención personalizada a partir de ahora, hago saber especialmente y con cariño a la lectora IN-prudencia (que es colombiana) que la frase del título alude a un cantito peronista que terminaba “…no va a quedar ninguno”, cosa que no nos va a pasar jamás a nosotros, ¿no es cierto, linda?

jueves, febrero 19, 2009

Un blog llamado Juan Carlos

Elegir el nombre de un blog no es cosa fácil.
Esto ustedes ya lo sabían, pero yo no, hasta hoy jueves que me pareció que Latimidezyotrascosas ya no me gustaba, que era demasiado largo, y que era hora de cambiarlo por algo más representativo, más corto y más lindo. Todo eso.
Hace 3 años no tuve ningún problema porque el blog salió al mismo tiempo que el libro y más bien como complemento de éste, así que les puse el mismo nombre a los dos y listo. Y además no tuve problemas porque en Blogger todavía no existía ese nombre.
Porque ahí reside el verdadero problema, en encontrar un nombre que no haya sido registrado previamente, y esa es la razón lógica que hoy le encuentro a los nombres deplorables de algunos blogs (¿Collagedeyo , Laura? ¿Qué carajo es eso?)

En realidad, los nombres que quedarían como anillo al dedo ya están todos usados, y entonces uno tiene que agregar letras, o palabras, o hacer conjugaciones extrañas, o anagramas, o escribir al vesrre para encontrar algo que no haya sido utilizado antes, y cuando finalmente ve el resultado, ya está tan agotado que termina dejándole un nombre que no tiene ni siquiera un parecido remoto con la idea original.
Peor, todavía, en el caso de que uno haya querido mejorar un primer nombre algo defectuoso. Por ejemplo:
- Che, cambié el nombre del blog porque me parecía largo, difícil, poco representativo…
- ¿No es más Latimidezyotrascosas? ¿Ahora cómo se llama?
- Collagedeyo3-2-1alcuadradomellevo3-ole-ole-olé.
- Ah…
- La última "é" es con acento…
- Qué precioso…

Claro está que la mayoría de los iniciados nos manejamos con los links dinámicos, o guardamos el vínculo en algún lado, y con un solo clic llegamos a los sitios que nos interesan. Pero eso es como decirle "Cacho" a un amigo que se llama "Pierce Exequiel ". Es decir, hubo una intención en los padres de Exequiel, no se quedaron con un Juan Carlos, no se lo podés presentar a una mina como Cacho. Tiene que haber un laburo detrás aunque de entrecasa le digamos Cacho.
O tal vez es solamente una cosa mía, no lo sé ni me importa demasiado: lo que sí me importa es que a mí me gustaría que el nombre del blog fuera lindo.
Para mí los nombres son importantes, y los títulos mucho más.

Y además, aunque no fuera importante, me gusta poner títulos, es una de las partes que más me gustan de escribir. Y hablo de escribir cualquier cosa: hasta para un mail me fijo que el Asunto le sea claro, o le llame la atención, o le dé una pauta del contenido al que quiero que lo lea.
Pero la triste realidad es que hay que encontrar un nombre que esté libre, y usar ese aunque sea una porquería.

Exhausto, intenté apelar a la ironía como último recurso.
Pero ya ni siquiera me dejan que le ponga Juan Carlos :
Ya existe juancarlos.blogspot.com, ni siquiera eso me dejaron.
Fui al blog de Juan Carlos a putearlo como se merece, pero encima es un blog abandonado.
Juan Carlos dejó algunas preguntas para que reflexionemos, no se animó a escribir "cagar", y se fue para nunca más volver.



Adiós, Juan Carlos, adiós.
Ojalá a tus hijos les digan de por vida Cacho, Pomarola y Cabeza de Poronga.

viernes, febrero 13, 2009

El perico


Cuento

Ah, sí.
Ahora ponen cara de asco o me acusan de cosas varias. Pero ahora: después de lo que pasó. Al principio a ninguno le pareció asqueroso, o degenerado como dice la Susana Tessore ahora que se enteró de todo.
La idea fue de Martín, pero en realidad yo creo que a todos se nos cruzó por la cabeza en cuanto salió el tema, a todos. Pero fue el gordo Martín el que le agregó la parte del proletariado sexual y por qué la falta de recursos debe privarnos hasta de los juguetes eróticos, díganme un poco por qué, señores. Y entre el calor de la arenga y el calor de imaginarnos nuevos placeres antes prohibidos (por la guita, claro; porque entre gastarla en un vibrador o pagar la luz no teníamos opción), decidimos la compra comunitaria del consolador entre varios de los de la oficina. Karina dijo que conocía un lugar donde vendían esas cosas, pero se negó rotundamente a ir sola. Martín se ofreció a acompañarla y a mí se me ocurrió lo del papelito anónimo con las sugerencias para la compra del perico. Porque era obvio que no a todos y todas les iba a gustar lo mismo, y eso sí tenía que ser un poco privado, y después había que comprar algo que fuera lo más cercano al gusto de todos.
Así que primero estudiamos las sugerencias (te juro que había cosas desopilantes, y hasta te puedo decir quién escribió un par de ellas; había hasta descripciones de venas y torceduras apropiadas: fue un momento de desparpajo maravilloso) y después la mandamos a Karina a averiguar por un consolador de entre 20 y 25 centímetros, no muy ancho pero con relieve y textura, no negro pero de preferencia oscuro, con distintas velocidades, preferentemente de acrílico o de un material que fuera resistente a detergentes poderosos (esto era prioritario, por lo menos en los papelitos) Y así vino un martes Karina con un católogo de los 5 o 6 posibles, así hicimos la colecta un viernes y así el lunes siguiente Martín lo trajo.
El jueves yo me había encargado de sortear entre los participantes los turnos para llevárselo: casi como hacen los chicos de jardín con la mascota de la salita.
Un detalle importante: el lunes Martín abrió la caja delante de todos y mostró que el perico continuaba herméticamente envuelto. Es que a esa altura ya todos habíamos tenido tiempo para pensarlo más fríamente, e incluso Valeria la de Contaduría se había borrado olímpicamente, aunque pidió que no dejáramos de contarle las anécdotas. Lo que quiero decir es que ya había recelos, creo que algo de culpa, o vergüenza. En todo caso, ya no era el jolgorio de cuando empezó. Y entonces también se nos ocurrían cosas como que Martín y su mujer podían haber usado el pingüino durante el fin de semana, nuevito, y después traerlo ya como una cosa de segunda mano, sucia, más un instrumento de flagelo y oprobio que de goce. Flagelo y oprobio eran también palabras de Martín cuando se le daba por el discurso político. Carlitos decía que eran los primos del gordo. El primo Flagelo y el primo Oprobio, de Ramos Mejía. Martín decía que Carlitos era un reaccionario, pero no le encontraba ningún parentesco para endosarle, así que Reaccionario cumplía más bien las funciones de apellido de soltero, y de Mierda venía a ser el de casado. En todo caso, Carlitos también participó del Círculo Cerrado de Alegría Genital, y tuvo el primer turno para estrenarlo.
Al perico le pusimos Perico y al nombrarlo casi dejó de ser un objeto inanimado. Algunas incluso le hicieron unas caricias antes de que Carlitos lo metiera en su portafolios, y Andrea le pidió que lo trataran bien. Es sensible Andrea.
Yo creo que ese fin de semana todos garchamos pensando en el perico, imaginándonos a Carlitos y a la esposa dándole vida al muñeco. Yo creo, también, que ese fin de semana nos dimos cuenta de que era como una orgía lo que íbamos a hacer, que sabíamos que el próximo que se llevara el perico (Andreíta) inevitablemente estaría llevando también algo de Carlitos y de la jermu, y el tercero se llevaría algo de Andreíta, y así sucesivamente. A algunos que somos más imaginativos se nos ocurrió que el consolador haría las veces de copa de vino, y que al pasar de labio en labio (sin doble sentido, pero casi) nos enteraríamos de los secretos sexuales de todos. Lo que no podíamos imaginarnos era que estábamos tan cerca de la verdad.
Ahora yo te lo cuento y suena mal o suena a verso. Ahora parece increíble que las esposas y esposos también hayan estado de acuerdo, por ejemplo. Yo tengo la teoría de que lo vendimos bien. Teníamos (en el ratito que nos duró) un entusiasmo y una alegría contagiosa, incluso subimos las ventas en la semana previa, mientras duraban los preparativos. Hubo felicitaciones para dos sectores y todo. Después se lo llevó Carlitos, y empezó la ronda del perico, y la historia que te tengo que contar.
No pudimos sacarle demasiada información a Carlitos, ni el lunes ni el martes. El miércoles directamente nos dijo que se lo había prometido a la esposa, que había estado todo bien pero que la esposa le había hecho jurar por los hijos que no iba a contar nada de nada. En realidad le correspondía tener el perico hasta el viernes siguiente, pero el jueves lo trajo y anunció que además se retiraba de la ronda. Y no lo veíamos nada bien, pero podía ser por tántos motivos…
La cuestión es que Andreíta era de las que todavía mantenía el entusiasmo intacto, como yo, y aceptó gustosa llevárselo un día antes de lo previsto y ese jueves fue una fiesta entre los mails con sugerencias que le mandaban a ella (con copia a todos, por supuesto) y las contestaciones de Andrea pidiendo disculpas por anticipado si lo devolvía gastado y mordido. El viernes Andrea llegó tarde, lo que generó expectativas más bien envidiosas. Pero cuando vino se la notaba como triste, y tampoco quiso contar nada.
Fuimos a almorzar los tres, Andrea, Carlitos y yo, y casi no comimos porque a Andrea le vino un ataque de llanto que no podía parar, y solamente se fue calmando cuando Carlitos la abrazó y le dijo que ya estaba, que se olvidara de todo, que hiciera de cuenta que fue una pesadilla y que no se preocupara que el marido iba a estar bien. Yo supuse que Andrea le había contado algo en secreto, que tal vez el marido estuviera enfermo y yo no me había enterado. La cuestión es que entre ellos parecía que se entendían y yo pude comer algo, y sin saber muy bien cómo al término del almuerzo yo me había agenciado del perico.
Obviamente, Andrea no estaba para andar jodiendo, con el marido enfermo y esa angustia, y Carlos ya había dicho que no lo quería más y además Andrea podía tenerlo hasta el viernes siguiente. En realidad le hubiera correspondido al gordo Martín, que era el siguiente de la lista, pero el que estaba en el almuerzo era yo, y en cuanto sugerí que podía hacerme cargo del muñeco, Andrea aceptó. Dudó un poco, y hasta lo consultó a Carlos con la mirada, pero de eso me di cuenta mucho después.
Llamé a mi novia en cuanto volvimos al laburo y le dije que se viniera esa noche a casa, con una botella de champán o algo. O nada, pero que se viniera sin falta. La verdad es que yo nunca había usado esas cosas y estaba como intrigado, por sobre todo sentía curiosidad, pero la curiosidad aumenta la excitación o por lo menos a mí me la aumentaba, y ese viernes a la tarde no podía concentrarme en el laburo, estaba disperso, contentísimo. Caliente, si querés. Lo que quiero decir es que podés estar seguro de que estaba diez puntos, en todo sentido.
O sea, lo que te cuento no es para justificar nada, no son excusas ni inventos. Ya sabés, ya te dije que soy imaginativo, pero eso no tuvo nada que ver.
Te ahorro la previa y te cuento lo que me pasó, una cosa espantosa.
Al principio casi bien, cuando todavía ni había sacado el perico. Pero después me agarró como un dolor de cabeza, y todavía no había hecho nada. Me dolía la cabeza, mucho vino tal vez, y la cuestión es que empecé a imaginarme o a ver a Carlos intentando meterle el aparato a la mujer y a ella negándose, pero negándose con alma y vida, con todo. Era como una película, una cosa extrañísima y que me sacaba de clima como la puta madre, era una porquería. Y después la vi a Andrea, clarito. Y vi cómo Andrea también había visto a Carlos, la vi a Andrea confundida y después excitadísima.
La vi a Andrea muy pasada, metiéndole el consolador al marido casi con rabia, metiéndoselo para lastimarlo como finalmente lo lastimó y a él casi aceptando que se merecía todo eso. La vi después llorando en un rincón de la cama, sola, como había llorado en el almuerzo o peor, y hasta sentí la angustia de ella y el dolor de él.
Suena a invento, ya lo sé.
Mi novia debe pensar que me drogo, algo de eso me dijo cuando tiré el perico por la ventana y me quedé como vacío por un rato largo, y ese fin de semana ni la toqué.
El lunes tuve que explicar en el laburo que al perico me lo había llevado yo y que además lo había perdido, y nadie me creyó y se armó tal lío que se enteró hasta Susana Tessore, pero Carlos y Andrea me dijeron que había hecho muy bien, y Martín me trató de cipayo y yo lo mandé a cagar sin remordimientos.

miércoles, febrero 11, 2009

Pause y después Play


(Imagen que apareció en "Orsai" el 17 de febrero)


Esto es así.
A veces se escribe mucho, y a veces no tanto. A fin de cuentas este blog no es un diario (Dios me libre), y uno también es de la opinión de no apurar nunca la escritura, de dejar decantar bien las ideas y mientras tanto ir juntando material casi sin darse cuenta, de ir apuntando en la libretita, de tentarse a veces con empezar algo y después tentarse con dejarlo en reposo un rato más, y todo eso sin que le dé angustia.
Pero uno también sabe de la inercia, y sabe que los cuerpos en reposo tenderán a permanecer en ese estado y los que se muevan harán otro tanto, y ya entregados al lanzamiento de frases hechas es muy fácil decir que para escribir hay que escribir, justamente; diez porciento de inspiración y noventa porciento de transpiración, y si las musas vienen a visitarme que me encuentren trabajando; y doble cabezazo en el área es gol, además. Eso significa que para justificar la larga ausencia es posible decir vacaciones (un cabezazo) y después acopio de material (golazo).
Y para vencer la inercia, o para cambiarle el sentido, bien puede escribirse sobre el particular. Hay novelas de 600 páginas y manuales de autoayuda con menos argumento que ese.

Una anécdota: en el último post de Hernán Casciari en Orsai (blog que leo con invariable placer) hablaba de algo parecido, y el de él es del 20 de diciembre y todavía no lo actualizó, y como el último mío es del 22 de diciembre hasta ahora yo sentía que Casciari me estaba justificando ampliamente, que hasta que él no actualizara yo todavía tenía tiempo. Al fin y al cabo él es un profesional, cada post tiene como 400 comentarios y seguramente hay gente esperándolo ansiosamente.
Excusas, en definitiva. O pautas que uno se pone como jugando, y que llegado el caso pueden pasar abruptamente de justificación a acicate, de tiempo extra a ultimatum.
Por ejemplo, hoy me desperté casi asustado de que Hernán ya hubiera actualizado y me hubiera puesto en vergonzosa evidencia (ante todos los que conocieran la pauta, o sea: nadie), y decidido a escribir lo que saliera, y a postearlo cuanto antes.
Es más: estoy escribiendo muy rápido, no sea cosa que actualice Orsai antes de que yo termine esto...

Por lo pronto, bloqueo, lo que se dice bloqueo, no hay. Ideas tengo, y algunas me gustan bastante. Por lo menos lo bastante como para intentar desarrollarlas y ver hasta dónde pueden llegar, que es lo que hago habitualmente. Hay una que me gusta particularmente, y que tiene que ver con las frases hechas del fútbol, como la del doble cabezazo, técnico que debuta no pierde, etc.
Hay una que reza “Equipo que gana no se toca”. Basado en esta última, imaginé un equipo que no perdiera nunca, y por lo tanto no fuera cambiado. Así, hasta que los jugadores son ya prácticamente ancianos, aburridos de jugar siempre con los mismos compañeros, con achaques de la edad, y hasta asustados del estigma de no poder perder ni a propósito e intentando como locos quebrar la maldición.
Otra, de un tipo que se pelea con su propio perro por la demarcación del territorio. Y claro, lo hace con el mismo método que (dicen) usan los perros: esparciendo orina sobre la zona reclamada. El problema básico es que el perro incluye en el territorio demarcado, siempre, a la mujer del tipo. Y ella parece que se siente halagada, la muy idiota.
Otra, que no sería un cuento sino más bien un artículo y por qué no una denuncia, acerca de una tendencia notoria y alarmante de que los hombres, cuando se deciden a convivir, se están mudando siempre para el barrio de la novia y no a la inversa, cuando antes sucedía exactamente lo contrario. Para mí tiene que ver con los metrosexuales y esas modas raras de depilarse, etc.
Y tengo una joyita basada en una historia real de una amiga cubana, acerca de cómo velaron a su padre mientras asolaba la isla el huracán Charley en agosto de 2004.
Y una idea (aunque bastante verde) para una novela al revés del “Diario de la guerra del cerdo” de Bioy: en este caso, los viejos atacan a los jóvenes. Y razones no le faltan, según yo…

Así que, por lo expuesto y por varias cosas más, el problema es sobre todo de decisión.
Yo ya tomé la mía de volver a escribir y a postear.
Decídanse ustedes a leer y comentar (pueden poner: “¡Pri!”, “¡Segundo!”, y esas boludeces), y robémosle el espacio al puto de Casciari de una vez por todas.