jueves, noviembre 12, 2009

Resultados de la encuesta "Creés en Dios?"

Sí, todo: 9 (37 %)
Sí, un poco: 1 (4%)
Sí, pero no en la iglesia ni nada de eso: 2 (8%)
No, nada de nada: 3 (12%)
No, pero algo debe haber: 3 (12%)
No, pero si hubiera pruebas creería: 0 (0%)
Vas a arder en el Infierno: 5 (20%)
Faltan boletas: 3 (12%)

Estos son los resultados de la primera encuesta del blog (a propósito, cada viernes habrá una distinta, y tal vez, entre todos, analicemos un poco los resultados de algunas. No creo que todas den para analizar los resultados, pero ya veremos)

Voy a suponer que hubo un 100 % de honestidad en todas las respuestas, menos en las de "Vas a arder en el infierno", que consideraré como verdaderas sólo a la mitad (un 10 % del total), porque yo mismo la presenté de forma medio cómica.
No puedo asegurar ninguno de los porcentajes, pero convendrá suponerlos reales a los efectos de sacar algunas conclusiones.

La primera que saco es que nadie opina exactamente como yo. Mi opción es la que está resaltada en negrita, la que además puede observarse en los sucesivos comentarios.
Esto, en este tema tan controversial, y al contrario de lo que podría creerse, me deja la enorme satisfacción de que no sólo ha seguido el tema gente que opina de otra forma, sino que además esa misma gente consideró que aquí podía opinar libremente o que valía la pena hacerlo, y lo hizo. Gente que a pesar de sus creencias, consideró que el ateo dueño del blog no era un demonio rojo de pezuña hendida (deberían verme cuando llegan mis impuestos).
Bien por ellos en ese aspecto.

Me preocupa sobre todo el que votó seriamente por mi quemadura infernal. Me preocupa sobre todo porque lo eligió libremente por sobre su propia opción. Me preocupa porque privilegió amenazarme en lugar de hacer valer su opinión. Me preocupa porque el Infierno me lo hace él en la Tierra, porque las creencias determinan acciones y esa gente es un peligro: el otro Infierno, el de los cuentos, realmente no me mueve un pelo.

El análisis del resto de las opciones lo hacemos entre todos, si quieren.
Muchas gracias a todos por participar, menos a los infradotados peligrosos de siempre.

miércoles, noviembre 11, 2009

Se puso colorado

Hoy me pasó una cosa extraña: después de (no recuerdo cuántos) años, me puse colorado. Quiero analizar por qué, o por lo menos contarlo y que me lo analicen otros.

La situación fue la que sigue: cumplía años una compañera de trabajo y fuimos un grupo relativamente grande a almorzar al lugar donde suelo ir yo cuando salgo a comer. Voy ahí hace poco, y no voy todos los días, digamos dos veces por semana, y no siempre me atiende la misma chica. Aclaro porque soy cola de paja, nada más.

Por cuestiones de que es más divertido sentarse con los muchachos, se armaron dos grupos bien definidos: de un lado las mujeres y del otro los quilomberos. Suena horrible como grupo que, supuestamente, comparte un momento de solaz esparcimiento, pero somos así.
En fin.

En un determinado momento, antes de los postres, y mientras Marcela, la moza, tomaba los pedidos en la otra punta de la mesa, a mí me dieron lógicas ganas de prender un pucho. Yo realmente no recordaba si ahí podía fumar o no (no lo recordaba, señora, ¿está claro?), así que le hice señas a Marcela mostrándole el atado de Marlboro. Ella primero me hizo un gesto enérgico de que no, llamando la atención de los (las) que en ese momento le pedían los flanes y los helados. Y después agregó, con una sonrisa:
- Si vos sabés que no se puede, ya me lo preguntaste otro día…

Esa frase (sobre todo “otro día”, no “el otro día”, “no “ayer”, no “el lunes”, no algo que no signifique memoria selectiva, emotiva, fucking whatever), a través de toda la mesa, y la sonrisa que la acompañó, hicieron que mis compañeras mujeres (sólo las mujeres, los chicos se quedaron piolas) inmediatamente me tomaran como blanco de frases como:
- ¡Eeeeh, mirá que ella se acuerda de vos!
- ¡Eeeeh, cómo te tiene registrado!
- Eeeeeh, “Ya me lo preguntaste”…

Cosas por el estilo. Nada de importancia durante los primeros 5 segundos. Las traté de celosas y creí que zafaba como de costumbre. Yo suelo zafar bien, señora.

Pero al segundo nº seis noté calor en el rostro, y mis compañeras no la cortaban, e increíblemente Marcela no se veía incómoda (cuando en realidad la estaban gastando a ella, no a mí, ¿no? ¿No que tengo razón? Y encima las desubicadas ni siquiera la conocen, y la pobre chica estaba trabajando…No era por mí, pero soy cola de paja, señora…¿Por qué no se sentía mal la Marcela esa? ¿Acaso le gusto un poco? ¿No son unas desubicadas mis compañeras que gritan frases precedidas por “Eeeeeh”?).

Pensé que increíblemente me iba a poner colorado sin ninguna razón, y busqué apoyo entre mis amigos hombres.

Y ahí la cagaron del todo, porque lo peor que le pueden decir a alguien que se está sonrojando (me acordé en un segundo de viejas situaciones, y me acordé de cuál era la peor frase, y rogué que ninguno la pronunciara, pero fue en vano) es:
- Te pusiste colorado.

Por si no recuerdan cómo es ponerse colorado de vergüenza porque te carguen con una chica, se los cuento detalladamente: sentís mucho calor en la cara, cada vez más, y no podés evitarlo y sabés que es ridículo; mirás a la gente y la gente se ríe más porque es como que tenés algo gracioso en la cara, justo en la cara; la gente se ríe aunque no quiera, aunque no pretenda hacerte sentir mal, pero les causa gracia o ternura que alguien se ponga colorado.

Y en tu mente racional vos sabés que no hay motivos para que te gasten, evaluás en milésimas de segundo si convendrá que lo aclares, te contestás que es al pedo, que nadie te quiere hacer sentir mal o acusarte de nada, pero tampoco a nadie le importa si te descubrieron en algo, lo trascendente es que te pusiste colorado. En tu mente racional (que para el segundo nº catorce ya no razona nada y lo único que querés es que cambien de tema o que por lo menos a vos te trague la tierra), en tu cabeza, decíamos, evalúas si leíste algún artículo donde se sostenía que el enrojecimiento de la cara demostraba culpabilidad, y si habían ejecutado a alguien basándose en eso.

Después de un ratito, si se dan las circunstancias adecuadas, el rubor desciende. La gente se ocupa de otras cosas y uno recupera el dominio de la situación.
Y uno hasta se dice que es bueno ponerse colorado de vez en cuando. Todavía. Alguna vez.
Y le sale el canchero y la mira a la Marcela esa con intención, como para que conste en actas que ésto no termina acá.
Pero uno se puso colorado, y hay que apechugar con eso. Todavía.

lunes, noviembre 09, 2009

Artículo interesante

Un artículo de Santiago Bilinkis en la Oblogo de hoy:

Sin duda lo que me resultó más interesante del World Business Forum fue la presentación de Juan Enríquez. En este post quisiera compartir con ustedes algunas de sus ideas más impactantes.

Durante su exposición, yo estaba todo el tiempo cautivado. Después de todo, mucho de lo que describía sonaba a ciencia ficción. “¿Realmente el futuro traerá todas estas cosas que él describe?”- pensaba.
“Yo no soy un futurólogo.” -dijo cerca del final- “Todo lo que estoy mostrándoles son fotos, todo lo que estoy contándoles son cosas que ya pasaron. Yo soy un historiador!”. Y ahí mi cabeza estalló.

Pero antes de fascinarlos y asustarlos con lo que está pasando con la “ciencia de la vida”, déjenme empezar por el planteo más de fondo que Juan hizo.

Él argumentó que con el tiempo fue cambiando lo que significa estar alfabetizado en el mundo. En algún momento fue saber leer y escribir en el alfabeto de las letras A, B, C, etc. Luego el mundo devino digital y el verdadero idioma a dominar pasó a ser el de los unos y ceros. Ahora, para estar hablando la lengua en que están empezando a ocurrir las cosas realmente revolucionarias hay que entender el lenguaje de la vida: en de las bases ATCG con las que el ADN codifica la descripción de todo ser vivo.

Luego continuó diciendo que la Argentina dejó pasar su chance de liderar el mundo digital. Pero conserva su oportunidad abierta de estar entre los primeros en jugarse a fondo por esta nueva alfabetización.
A mí me dejó seriamente pensando que internet es historia antigua. Y que si quiero realmente estar a la altura de lo que se viene tengo que empezar a saber más de biología.

Ahora sí, algunas de las aplicaciones más asombrosas de la biotecnología que Juan Enríquez mencionó (y les recuerdo que estamos hablando de tecnología disponible hoy, no de un ejercicio de futurología!):

- Crecientemente las cosas no van a producirse en fábricas. Van a producirse dentro de organismos vivos. Si necesitamos sintetizar una sustancia, tendremos una bacteria, alga, etc con su metabolismo genéticamente modificado para que haga lo que necesitamos.

- En Synthetic Genomics, la compañía que Juan comparte con Craig Venter, el secuenciador del genoma humano, han logrado, a partir de una célula de una especie dada, eliminar su núcleo, colocarle el núcleo de otra especie y “rebootear” la célula para que dé origen a un animal de la segunda especie. En ese sentido, las células “en blanco” son programables para convertirse en cualquier especie que queramos, incluso una artificialmente diseñada que nunca antes haya existido.

- En línea con esto, mencionó que en dos días empieza en el MIT una competencia: “Los participantes reciben un kit de partes biológicas del Registro de Partes Biologicas Estandar y usar éstas, más otras partes nuevas que puedan diseñar, para construir sistemas biológicos y operarlos en células vivas”. No, no es ciencia ficción. Es el iGem, la competencia mundial de “biología sintética” para estudiantes universitarios. Participan más de 110 equipos.

- A partir de este tipo de células, que se comportan como células madre, es posible también hacer que se diferencien hasta formar sólo parte del organismo de la especie a la que pertenecen. De ese modo, es posible tener cuero natural sin necesidad de pasar por la etapa “vaca”. Y si la generación biológica del cuero se hace premoldeada, podríamos “hacer crecer” zapatos directamente. Incluso es posible en el laboratorio hacer “lomos” o “ojos de bife” sin que jamás pertenezcan a un individuo vivo completo.

- Este último mecanismo permite generar partes de repuesto para personas con órganos dañados o perdidos. Así, es posible hacer un diente, una oreja, una vejiga o una tráquea a partir de una célula de la persona que las necesita.
En el plano industrial, Juan habló también de lo que está sucediendo con los combustibles.

- Synthetic Genomics está muy avanzada ya en la generación de nafta a partir de fotosíntesis hecha por algas, sin necesidad de petróleo. Para este fin en particular, su compañía recibió U$S 600M de Exxon sin siquiera recibir a cambio acciones de la empresa!

- También están trabajando en usar bacterias para transformar el carbón mineral en gas natural, lo que permitirá generar mucha más energía con mucha menos polución ambiental.

Por último, en una conversación privada que tuve con él, Juan tiró una “bomba” más, ahora sí jugando a ser futurólogo. Dijo que él cree que estamos a pocos meses del anuncio de la primera generación de vida artificial, es decir, lograr generar un organismo vivo a partir de sustancias inertes. WOW!
En el cierre de su charla en el WBF, Juan dejó un consejo para que países como la Argentina puedan estar al frente en esta avanzada tecnológica: “Deben identificar quiénes son las 10,000 mentes más brillantes del país y asegurarse de que estén trabajando en los temas correctos. Si no es en las “ciencias de la vida”, puede ser en nanotecnología, robótica o alguna otra de las ramas de la frontera tecnológica actual".

domingo, noviembre 08, 2009

Fútbol, pasión de multitudes

Los hombres lo inventaron. Al fútbol, digamos por ahora.

Lo inventaron porque notaron que les faltaban cosas, porque vieron que les servía para varias de esas cosas, porque muchos lo sentían realmente como una necesidad (¡Pero muchos otros no! Que quede claro desde el principio: otros simplemente no sentían esa necesidad. Buscaban cosas distintas, o parecidas, pero en otros lugares, y la mayoría de las veces las encontraban. ¡Razón de más para dudar del invento!)

Entre las cosas para las que el invento servía estaba la sensación inmediata de protección, de pertenencia, estaba la identificación con el club, las fantasías de ser los mejores, los únicos poseedores de verdades secretas e incontrovertibles (porque a los fanáticos no les gustaban para nada los misterios), y vanagloriarse bastante de ello (pero también se hacía un culto de la humildad, y de los orígenes humildes); estaba la adopción por parte de los fieles hinchas de la mística inherente al grupo, y la gran posibilidad, siempre latente, de encontrarle sentido a algunas vidas que, si no fuera por el juego inventado, a algunos les parecían carentes de significado, y eso por supuesto los angustiaba mucho (¡Pero había otros que no! A otros les parecía ridículo que le asignaran tanta importancia a un invento, que se esforzaran tánto en intentar demostrar que no era un invento, que realmente terminaran creyendo que no era un invento)

Estaba el desahogo también, y muy bien organizado: el invento proveía herramientas bastante sofisticadas para la descarga, y se volvía de las reuniones con una sensación de bienestar general, más allá del resultado concreto (en realidad, ése era el resultado concreto esperado, y se lo explicitaba en cánticos donde los hinchas reconocían que no les importaba nada si ganaban o perdían, y mucho menos si jugaban lealmente: lo importante era mantener viva la pasión, el sentimiento, costara lo que costase. Y sobre todo se ne fregaban en las críticas de los “otros”, de los que no consideraban al invento como una gran cosa, sino más bien todo lo contrario)

Y el invento podía servir para explicar todo, o para justificar todo. Trascendía la historia personal, desafiaba incluso a la muerte, se inculcaba de padres a hijos, y mantenía encendida la pasión.
Siempre la pasión, siempre el fanatismo elevado a la categoría de argumento.

El invento servía para explicar, por ejemplo, la simpatía instantánea entre los del mismo club. Se aceptaban entre sí con mucha más facilidad que a alguien de otro equipo (los que pertenecían a otro club eran considerados rivales, aunque a veces el fanatismo los transformara directamente en enemigos, y muchas veces se mataban para demostrar, de esta forma curiosa, quién tenía la razón.

Sin embargo, muchos simpatizantes de cualquier club se mostraban tolerantes con los de cualquier otro, por el simple amor al juego: en el fondo de todos los fanáticos, el odio se dirigía lógicamente contra el llamado “verdadero enemigo”: aquel que consideraba al invento como un juego más bien estúpido, retrógrado, y evidentemente peligroso)

A esta altura del artículo, esperamos que el invento resulte lo suficientemente odioso. Que se sienta algo de bronca por los fanáticos necios. Que se pregunte por qué no hacen simplemente su vida sin joder a los otros.

A esta altura del artículo, resulta evidente que nos interesa fundamentalmente ese “otro”, el que tal vez a pesar de esforzarse no consiguió engancharse con el invento; el que no encontró ahí las respuestas que necesitaba y decidió buscarlas en otra parte, o el que simplemente no necesitaba ninguna respuesta, el que aceptaba que la vida, sin el invento, igual era un maravilloso misterio que valía absolutamente la pena.

A esta altura del artículo, resulta evidente que no estamos hablando de fútbol.




Si desea dejar un comentario, por favor hágalo en el post anterior, que viene siendo más o menos el mismo tema. Muchas gracias.

miércoles, noviembre 04, 2009

Revanchismo algo rebuscado





Cuando Dios decidió devastar la tierra por medio del Diluvio, hizo una diferencia muy notoria entre sus creaciones. Porque si bien la lluvia aniquiló toda la vida terrestre, los animales acuáticos no se vieron perjudicados. En realidad se vieron muy favorecidos: de repente eran los amos y señores del planeta, libres de las limitaciones de cualquier estanque, arroyo o río de poco caudal.
Y además tuvieron una cantidad colosal de alimento sin ningún esfuerzo adicional de su parte. De hecho, seguramente se comieron a toda la población de la tierra, sin distinguir entre una vaca, un koala, o incluso un pobre pecador no favorecido con el arca.
Así, mientras en la nave Noé y su tribu elucidaban con angustia el futuro incierto de la humanidad, en las aguas, la orgía de abundancia estaba en su apogeo. Así, mientras las extenuadas palomas volvían sin una mísera rama en el pico, la fiesta de la antropofagia acuática alcanzaba el cenit, bajo la mirada aprobatoria del mismísimo Creador.

Qué me vienen a decir ahora que la merluza corre riesgo de extinguirse. Que se jodan.

La foto de Bariloche

A Susana Igarzábal, in memoriam

La foto de Bariloche era mucho mejor que el retrato de Dorian Gray. Porque, a diferencia del cuadro de Dorian, en esa foto nadie envejecía nunca y tenía siempre sobre nosotros el efecto de hacernos sentir muy jóvenes: al fin y al cabo veintiséis, veintisiete años desde el viaje de egresados no eran demasiados, por lo menos no demasiados como para evaporar totalmente los recuerdos.

Mirar la foto era trasladarse a ese momento y hasta recordar los comentarios que hacíamos mientras nos acomodábamos: recordar al Gallego Fernández tirándose encima de Cañete y de Marcelo, recordar a Gustavo dirigiendo al grupo como siempre; a mí, sentándome a lo indio entre Mirta y Fernanda, en el lugar más codiciado, y que encima me abrazaran para la foto y que eso quedara, que me quedara el cosquilleo para la posteridad, para cada vez que mirara la foto de Bariloche.

Ahora la foto perdió todas sus cualidades mágicas. Ahora que pasó lo de Susana la ilusión de juventud eterna, de inmortalidad compartida que nos venía de esa foto, se fue para siempre. Ni siquiera se necesitó un accidente de autos, un disparo a quemarropa, un virus letal. Algo extraño.
Susana se murió durmiendo, se le acabó la vida porque la vida es así, el tiempo corre y la vida se acaba.
Ahora que pasó lo de Susana, la foto de Bariloche ya no es más lo que era.

Si la mirás con un poco de cuidado, vas a ver que la foto está bastante descolorida. Algunas caras empiezan a borronearse y otras se hacen definitivamente irreconocibles. Con el tiempo, los gestos se hacen como más adustos, algunas rayas parecen muecas de dolores reales. Algo pasó.
Al fin y al cabo, es una foto de hace como treinta años. Y ahora ya tiene un hueco demasiado notorio.
A lo mejor hace rato que se venía deteriorando y nosotros no nos dábamos cuenta, o no nos queríamos dar cuenta.
Era tan linda esa foto, ese cosquilleo renovado.

Pero ahora no me pasa eso, me pasa otra cosa.
La foto de Bariloche ya no tiene ninguna magia.

domingo, noviembre 01, 2009

Yo pongo los votos por Oblogo

La gente de Oblogo organizó junto al Banco Hipotecario un concurso entre todos los post que aparecieron en la revista. Hay un jurado, pero además se puede votar on line, e incluso me mandaron unos banners que (me aseguran) contienen mensajes subliminales que harán que cualquiera que lea este post vaya inmediatamente a votar por mí.

Hay 2 post, así que dejo 2 links.

Muchas gracias.

VOTAR CIELO E INFIERNO

VOTAR LOS PATRIOTAS

Bueno, muy subliminales no son. Es casi un ruego desesperado...

martes, octubre 27, 2009

Satanás te habla al vesrre (II)

Bill Hicks: "¡Qué toquen desde el corazón...!"




¿Deliro, o Brad Pitt tiene muchos gestos de Bill Hicks?





Tradiciones

Acá Argentina lindo. Gente y lugares, mucho lindo. Comida también. Macanudo.
Pero yo extraña cosas.
"Ojo" (dice yo ahora): asadito va como trompada, jaja. Gusta café con leche y medialunas, también, pero extraña cosas de país. Fideos con aguérquipes, torta rusalda, pastelitos de koki. Lédumbrams. Albóndigas de chámiek.
Ah…

Pero comida argentina macanuda, no problema con eso. Extraña más otras cosas. Tradiciones.
Mujeres de país mío.
Uy…

Argentinas muy lindas, sí señor, clarro que sí. Teribles.
"Ojo": haber argentinas feas también (dice yo, que aprender "ojo" hace poquito)
Pero argentina fea compensa con algo, porque haber mucha competencia. Argentina fea cariñosa, inteligente, o buena en katrera, entusiasta.
Cocina o toca guitara.
Limpita.

Extraña mucho mujer fea de país, señor.
Bueno: mujer de país.
Porque feas ser todas, señor, sin compensar.

Uy, delicia...

Mujer horible, señor. Pata sucia. Horible.
Ellas maleducada, señor. Enojarse. Golpear chabón.
Ellas hablar mal, comerse las "k".
No pintarse, no arreglarse. Gorda mucho, no depila. Horible, señor.
Pero…

Ellas autentík, señor.
No linda, no importa compensar. Ellas ser así nomás.
Prepara molotóv, maneja cuchillo así de larga. Todo.
Después prepara torta rusalda, pastelitos de koki, lédumbrams...toda mano sucia. Comida horible.
Agarra chabón de los pelos y mete en katrera.
Putea chabón todo tiempo.
Ah…

Yo quiere volver a veces.
Tradiciones, ¿no?

miércoles, octubre 21, 2009

Se comenta por ahí

Este es y será, probablemente, el post más impopular de este blog. Porque señalar algunas cosas que ya no soporto de los comentaristas de blogs es, por lo menos, una experiencia inédita y antipática.

Pero yo también soy comentarista en otros blogs, en todos los blogs que visito he dejado algún comentario, así que, tal vez, si declaro de movida que me incluyo inevitablemente en alguna de las categorías, pueda obtener cierta consideración de los futuros comentaristas de este panfleto estúpido, intrascendente, chupamedias, hiriente, interesado, despiadado, soberbio y/o malintencionado. Exactamente como los comentarios.

Aclaro: vengo de casi putearme con un comentarista anónimo en otro blog (no lo hice precisamente porque no es mi blog, y yo soy así de modosito), así que cierta temperatura intrínseca del escrito presente debe observarse a la luz de ese hecho. Me saltó la térmica por anónimo, por pelotudo, pero sobre todo porque anónimamente dejó más rápido al descubierto cierto comportamiento que también es observable en los no anónimos.

Y aclaro aún: Yo me considero enormemente afortunado con la gente que comenta acá, apenitas tuve que poner una vez la moderación de comentarios, porque en general me ha ido excelente, ha aparecido una gente impresionante y los comentarios están acorde. Pero esto es como un trabajo sociológico, y podemos opinar de lo que se ve por todos lados, ¿o no?.
No aclaro más, y voy a la clasificación.

Después de 3 años y medio de blog, después de casi 300 posts propios y de infinidad de otros recorridos, he visto que los comentarios pueden fácilmente separase en categorías bien definidas, y que la mayoría no son categorías precisamente virtuosas.

Hay comentarios intrascendentes

Está bien, no siempre se puede comentar algo ingenioso, o al menos gracioso, o quizás afectuoso. A veces el comentario ni siquiera tiene que ver con el post en sí.
Pero decir “Hola, pasé por acá” es de pendejo flogger, no dice nada, o en todo caso dice algo que no es necesario remarcar. Ya sé que pasaste, mató, pero…¿y?
Imaginate a Macaya Máquez, arquetipo del comentarista, diciendo “Acá estoy, en la cancha…”.
No, Enrique, eso ya lo sé.

Hay comentarios interesados

Son los que, con cualquier excusa, te hablan de su propio blog. La mayoría de las veces sin que tenga una verga que ver con nada.
“A propósito de tu post sobre las ballenas, en el mío escribí uno buenísimo…, pero sobre el pie de atleta en los maratonistas nigerianos. ¿Pasás?”

Ahora no paso nada, ahora me da mala espina que hayas puesto eso, me hace pensar que ni leíste el post: es más, no tenía nada que ver con las ballenas, yo hablaba de vallenatos.
No voy nada, sos más interesado que novia de Soldán.

Hay comentarios mala leche

Las 2 categorías anteriores tienen atenuantes: en general corresponden a gente novata, o muy tímida. Son intrascendentes porque le dio vergüenza decir algo más, o te invitan a su blog con cualquier excusa porque lo abrieron hace media hora y esperaban tener ya 400 comentarios, y no pasó nada de eso.
Pero las categorías que siguen se ponen más jodidas, sin atenuantes.

Los comentarios mala leche se dan, inexorablemente, en gente con alguna experiencia, con experiencia en blogs y con experiencia en ser mala leche, porque saben cómo hacer para jugar con ventajas. Gente que bajo las excusas más diversas, por ejemplo, la crítica constructiva (Ay, Casciari, ¿cómo los aguantás?), disfrazando un poquito el comentario, buscan pegarte donde más te duele, bajarte, rebajarte, y por el mismo precio, subirse ellos

¿Desde qué posición alguien que no escribe se arroga el derecho de ser crítico de los que sí lo hacemos?
Ya de movida estamos mal, el mala leche repartió los roles y está convencido de que puede hacernos el favor de criticarnos.
Muchas veces se suben al andamio, erróneamente, basados en el tiempo que hace que leen el blog.

Hay derecho de piso

Sí, hay. Un apartado especial merecen los mala leche que adscriben a lo anterior y suponen que la antigüedad es un grado. Estos moluscos tienen la particularidad de que no solamente arremeten ocasional y veladamente contra el autor del blog, sino contra otros comentaristas, basados en imaginarios derechos adquiridos.

“Serás mía o de nadie”, parece ser otra consigna. Porque le pegan descaradamente al dueño del blog, pero en cuanto aparece uno nuevo diciendo algo que no les parece o, tal vez, lo mismo que ellos pero con otras palabras, se le ponen inmediatamente en contra. Lo defenestran, lo tratan de minusválido, y hasta tienen la patología de ponerse nostálgicos, y añorar los tiempos en que éramos pocos y nos queríamos tanto.

Ni siquiera lo consultan al autor, a ver si le parece mal que lo lea gente nueva, o que incluso pueda renovarse parte del público, sobre todo los abiertamente mala leche.

Es gente que entendió mal el juego, gente que se comió que un blog es un diario íntimo al que es bueno que sólo algunos elegidos tengan acceso (sobre todo ellos, por supuesto: para leer de quién estás enamorado y ver cómo pueden cagarte la vida. Lo hacen hasta inconcientemente, pero no es excusa, no es atenuante. Cagate la vida solo, pelotudo).

Hay blogs que sí pretenden ser diarios íntimos, y mantener una relativa privacidad. Esos blogs, estimados mala leche, no son los públicos, los de acceso irrestricto. A esos blogs el autor les pone un derecho de admisión.
Los otros blogs se alimentan de gente que los visita, se enriquecen con los comentarios, y a cualquier autor lo reconforta (y le conviene) que lo lea siempre gente distinta.

Hay comentarios chupamedias

Y en general interesados, se entrelazan con aquellos, pero sin el atenuante de la ingenuidad, porque no les chupan las medias a cualquiera. Son comentaristas de blogs consagrados (vuelvo al ejemplo de Casciari), que no intentan aportar nada, sino figurar en el blog del famoso, aparecer siempre y aplaudirle cualquier bosta.

Parece que me contradigo, pero no (por lo menos, no acá): pareciera que esto se contradice con lo de criticar a los que critican, pero no. Una cosa es considerarte con derecho a la crítica malintencionada y como desde un andamio, y otra cosa es aplaudir cualquier bosta, que también es susceptible de aparecer en un blog bueno.

Para mí, no es necesario figurar siempre entre los aplaudidores, no es necesario que todo te guste y mucho menos es imprescindible que mientas sensaciones que ni de pedo sentiste (“Casi me descompongo de la risa cuando dijiste ‘culo’”) Dejá de mentir, eunuco. De lo contrario se empieza a sospechar de la intención de las alabanzas indiscriminadas.
Y está muy bien hacerlo.

Hay anónimos

Ah, los anónimos.
Cómo detesto a los anónimos que se hacen los piolas o que (supuestamente) te quieren pelear, pero siempre con la peor de las intenciones, siempre jugando con ventaja, siempre escondidos en el reputísimo anonimato.
Todas las categorías de malos comentaristas están incluidas en los anónimos malintencionados. Todas. Son un muestrario de patologías, y son pésimos comentaristas, para colmo.

El que se hace el guapo como anónimo debería ser descubierto por Blogger, o por Internet, o por Bill Gates, inmediatamente. Tras el comentario envenenado del anónimo, debería llegarte un mail de Billy diciendo: “Este putou vive acá”, y la dirección.
(Billy pronuncia “putou”, no es un error de tipeo)

Así que, dentro de todo, todavía hay que tener cierta consideración con el que comenta cualquier cosa, pero por lo menos no lo hace en forma anónima.
Se me podrá decir que yo tampoco entendí el juego, y que Internet es el reino de la impersonalidad, y que gracias a eso sarasa.
Mentiras, todas boludeces.
El juego sigue siendo el mismo, aunque algunos lo quieran jugar según sus propias reglas de mierda.

Hay buenos comentaristas

Claro que sí. Hay gente entusiasta, divertida, afectuosa, inteligentísima, hay gente que tiene la enorme deferencia de leer post largos, y encima aportar comentarios.
A las pruebas me remito.