sábado, abril 23, 2011

Microondas


Nunca le tuve confianza al microondas. La primera vez que noté algo raro fue cuando quise calentar unas empanadas de pollo. Calentar, se calentaron, pero el gusto no era a pollo: era cualquier cosa menos pollo. Obviamente, la mayoría le echó la culpa a "El noble repulgue" o a las hormonas que le meten a los animalitos. Yo no dije nada, pero para mis adentros pensé en las vibraciones moleculares.

Millones de microondas por segundo, millones de pulsos electromagnéticos bombardeando la carne, calentando seguramente, modificando quizás, penetrando hasta lo más recóndito para agregar energía y tal vez algo más...

Igual me comí las empanadas, y para mí tenían gusto a gremlin.

Pero yo sé (y mi familia también) que soy medio paranoico. Por eso no dije nada la segunda vez, cuando metí un pastel de papa y saqué una especie de hamburguesa gigante, durísima y de un indisimulable color gris. No había ni rastros del puré de papas y casi no tenía gusto a carne, pero a los chicos les encantó y se la devoraron. Era igual a McDonald's, dijeron.

Así que por un tiempo me acostumbré a meter una cosa al microondas y que saliera otra, a veces un poco parecida al original.
A veces nada que ver.
Cuando me preguntaban qué había para comer yo siempre decía: "Ah, sorpresa".

Estuvimos bien mientras las cosas fueron medianamente comibles. Después el horno fue haciendo cosas más complejas, como si hubiera incrementado su capacidad de transformación. Un día puse unas porciones de pizza y saqué una cosa amorfa, palpitante, que terminó en la basura.
Otro día metí un estofado, y apareció Funny, y no lo pude tirar.

Cuando llegaron los chicos del colegio primero se enojaron de que yo no tuviera la comida lista, pero cuando lo vieron a Funny se les pasó el enojo.

No sabemos muy bien qué es, pero es adorable. Es así como sin pelos, como con una pielcita nomás y unos ojazos compradores, y una colita graciosa. Ladra o hace algo parecido, y tiene un olorcito a estofado para nada desagradable.

Desde ese día no usé más el microondas, pero a veces estoy tentando de meter a Funny y ver qué pasa. Lo adoramos así como es, pero a mí me gustaría que tuviera pelos ahora que se viene el frío, y además nuncá probé el microondas en Shuffle.


lunes, abril 18, 2011

Oblogo insiste



Otra vez los chicos de Oblogo han cometido la insensatez de publicar algo mío. Así les va a ir...

(Muchísimas gracias!)



jueves, abril 07, 2011

¡Llamen a Christopher Walken!


"La zona muerta" es una película basada en la novela homónima de Stephen King. Narra la vida de Johnny Smith (Christophen Walken), el cual, luego de pasar varios años en coma, despierta con el poder de ver el futuro de las personas que toca. Johnny descubre varios misterios locales, pero la historia alcanza el clímax cuando Johnny se cruza con Greg Stillson (Martin Sheen).

Stillson es un sicótico, ex turbio vendedor de Biblias, ex turbio agente de bienes raíces, ex turbio alcalde de un turbio pueblo de New Hampshire y que ahora se postula (turbiamente) para la Cámara de Representantes. Desde que está metido en política, el estilo tosco de Stillson provoca más bien verguenza ajena y miradas peyorativas, pero... el tipo sigue subiendo en las encuestas.

La gente (poca al principio, mucha después) le festeja las payasadas, confunde el discurso patético de Stillson con sencillez campechana, confunde los "regalos" del político con generosidad, confunde las bravuconadas con valentía, la mojigatería con la fe y la moral.

Stillson dice ser un instrumento de Dios (otro más), y a mucha gente le encanta.


Todo eso lo ve Johnny Smith cuando estrecha la mano de Stillson. Pero ve más: ve a Stillson increíblemente convertido en Presidente de los Estados Unidos; lo ve desencadenando una guerra nuclear de niveles apocalípticos.

Y por eso decide matarlo...

A mí me encantan las historias de conspiraciones, tengo que admitirlo. Me encantaban Los expedientes X, y estoy investigando por mi cuenta qué hay de cierto en que luna es un satélite artificial , colgado ahí para espiarnos andá a saber por quién. No me las creo, pero me gustan: me novelan la realidad y me mantienen entrenado el pensamiento lateral, digamos. Y también me gustan las analogías.

Será por eso que cuando lo vi al diputado salteño Alfredo Olmedo (el "Príncipe de la soja", el homófobo de "tengo la mente cerrada y la colita también") con la campera y la gorrita amarilla, diciendo que la solución para la droga es que vuelva el servicio militar obligatorio, me recordó muchísimo a Stillson y su casquito de obrero de la construcción; cuando me enteré que Olmedo habla contra el clientismo político pero sortea una Hilux (amarilla) entre los que van a sus actos, cuando me enteré que piensa postularse para Presidente...me acordé del sicótico de la película.



Cuando me enteré que el moralista Olmedo tiene juicios por trabajo esclavo en sus campos de La Rioja y que usó una foto de Messi de la que Lio no tenía ni idea que le habían sacado ("Qué sé yo...tánta gente se saca una foto conmigo en los aeropuertos...Nunca pensé que la iban a usar para algo así..."), cuando escuché que el diputado estaba "de novio" con Rocío Marengo ("¡Mis compañeras fuman marihuana!"), cuando me enteré que el ídolo de Olmedo es Dios...me acordé de la película.


Y caí en la cuenta de que no tenemos un psíquico como Johnny Smith: convengamos que las predicciones de Lilita Carrió son peores que las de Horangel. Y además que no la veo a Lilita agarrando un rifle. Sobre todo no la veo escondiéndose entre las butacas de un teatro para dispararle: el cinturón gástrico no da para tanto.

Por ahí yo soy un poco paranoico, pero a este país lo gobernó gente con discursos y métodos muy parecido al de Olmedo; tenemos diputados cuyo único mérito es tener guita y slogans ("Votame, votate. Alica, alicate...": los chistes los ponemos de nuestro bolsillo, pretendiendo burlarnos los hacemos quedar simpáticos y los tipos asumen y después van por más); a lo mejor una mina linda al lado, o varias, porque la imagen de ganador garpa. Y un par de frases, o hasta palabras sueltas: inseguridad, droga, orden, moral, Digo lo que dice la gente, No al aborto, Acá hay que volver al respeto...

Olmedo, el príncipe sojero, tiene la suerte de que nadie en los medios lo toma en serio: pésimos periodistas lo invitan sin documentarse, sin poder repreguntar. Pensando, seguramente, que lo van a manejar de taquito. Le facilitan muchísimo la campaña a Olmedo, y el tipo suele dejarlos bastante mal parados.
A mí ya no me hace gracia que lo inviten a esos programas para "burlarse" del tipo.
Yo lo que quiero es que llamen a Christopher Walken.






jueves, marzo 10, 2011

El Maestro

Al maestro Bermúdez lo apreciábamos por muchas cosas, pero sobre todo por su proverbial inocencia, por su absoluta falta de malicia y dobles sentidos. Lo valorábamos, por supuesto, por su prosa elegante, por ser el escritor insigne de Lugano, por su ya legendaria obra poética y por su enorme capacidad pedagógica; buscábamos siempre su mesa en el bar, o lo invitábamos a la nuestra, y el maestro accedía siempre con la humildad de los grandes. Pero nunca dejaba de asombrarnos que un tipo tan inteligente y culto fuera a la vez tan simple, tan pajarito como para no ver una segunda intención que a veces era directamente alevosa. Nos asombraba pero nos encantaba que el maestro fuera así, tan angelical, tan sano. Alguien decía, por ejemplo:

- Hoy voy a tratar de darle de comer a la nutria, hace como un mes que no prueba nada, pobrecita.

Y el Maestro preguntaba:

- ¿Usted tiene una nutria? ¿Y aguanta tanto tiempo sin comida?

A veces era desesperante, el Maestro. Algunos no le creían cuando preguntaba cosas así, o cuando era él mismo el que relataba cosas desopilantes y todos tratábamos de descubrirle una media sonrisa, una señal de que estaba jodiendo o buscando complicidad. Como cuando contó que fue a verlo la Cinthia Goretta con unos poemas eróticos que había escrito ella misma. Y todos la conocíamos a Cinthia, sabíamos lo atorrantita que era y cómo se vestía, y que tenía más puestas de espaldas que el Caballero Rojo. Más perforaciones que Texas, decía Luisito, y el Maestro lo miraba sin entender y nos seguía contando que no solamente la hizo pasar y obviamente le escuchó los poemas, sino que le parecieron bastante buenos, muy osados pero bien escritos, intensos.

- Movilizadores – decía el Maestro, y todo el bar contenía la risa, tentadísimos de agregar por lo menos 20 opciones de cosas que podía movilizarnos la Cinthia a cualquiera de nosotros. Pero al maestro Bermúdez no. El Maestro había escuchado de boca de la propia autora que la Cinthia quería que la poseyera un unicornio lúbrico, que quería desintegrarse en un orgasmo como de lava precámbrica, que por las noches gritaba en silencio tu nombre y no sólo con la boca sino con los orificios más diversos y dispuestos. Nos imaginábamos, por supuesto (y el ambiente sórdido del bar ayudaba bastante), a la Cinthia arrebujada en el viejo sofá de Bermúdez, en minifalda y descalza, declarando con evidente emoción que quería cantar a dúo la inefable sinfonía de los cuerpos desnudos.

La ilusión se derrumbaba inexorablemente cuando nos imaginábamos, también, que el Maestro la había escuchado sin que se le alterara el pulso, sin que las imágenes irremediablemente se le transformaran en una invitación, sin verla como a una atorrantita que muy probablemente se le estaba ofreciendo; atento, en todo caso, a una aliteración mal formulada o a una metáfora deslumbrante. Bermúdez nos demolía cualquier ilusión degenerada, pero al mismo tiempo lo admirábamos más.

Porque no era un viejo chocho, lo del Maestro no era reblandecimiento ni cosa por el estilo. Andaría por los 60, pero era un tipo fuerte, de campo, bien cuidado. No era por senilidad o tontería, era inocencia genuina y falta de maldad. En todo caso al Maestro no podía verle otro lado a algunas cosas. No le salía, ni lo divertían esas cosas, y había que aceptarlo así.

- El tipo es un poeta - razonaba Marinelli -, anda siempre en su nube de pedos. Se cuelga de los heliotropos, ¿me entendés? Capaz que se queda extasiado con cosas que para nosotros son pelotudeces, y se le escapan las pelotudeces que a nosotros nos divierten.

- Pero no son cosas tan excluyentes, che. Podés ser poeta y entender los chistes.

- Y además es un tipo de barrio, Marinelli, no es un Lord Byron como para no seguir una conversación de café.

Al final siempre lo justificábamos de alguna forma, porque lo queríamos al Maestro y además porque nos dolía pensar que en otros ambientes tal vez fueran menos piadosos. Porque hay que reconocernos que jamás, en los años que frecuentamos al maestro Bermúdez, jamás alguno de nosotros le faltó el respeto o se abusó de su inocencia o lo tomó de punto. Y nos imaginábamos que no en todos los grupos le harían esa deferencia, menos todavía en algunos círculos intelectuales donde tal vez lo vieran como a un inferior o como una vieja reliquia que convenía descartar. Entonces lo analizábamos a veces mientras él no estaba, lo criticábamos un poco, pero en cuanto lo veíamos aparecer le dábamos el lugar que se había sabido ganar, a pesar de la ingenuidad del Maestro.

Contemporizábamos, y hacíamos bien. En el fondo nosotros nunca lo vimos como a un boludo, y yo creo que por eso nos sentimos tan contentos al final de esa noche que había empezado tan mal. Ni me acuerdo quién lo trajo a Goretta esa noche, porque realmente no era amigo de ninguno: lo más probable es que no haya venido invitado, que Goretta anduviera de casualidad por el bar y como era el mecánico de los autos de varios, simplemente habrá saludado y se quedó en la mesa. El Maestro llegó más tarde ese día, como todos los jueves, y estaba particularmente distraído, contento por algún motivo desconocido, soñador. En su nube de pedos, digamos.

El mecánico lo sacó de entrada a Bermúdez, le advirtió la ternura y en cuanto pudo lo cacheteó. El Maestro dijo en un momento "Qué linda noche, ¿no?" y Goretta dijo muy bajito: "Pa' culearlo". Alguno se rió inevitablemente, pero sólo hasta que cayó en la cuenta de que era Bermúdez el destinatario, y al maestro no se le hacían ni siquiera esos retruques de primaria. Al rato Marinelli contaba que le habían pasado un dato para la cuarta de Palermo, pero no tenía mucha confianza, decía, porque el datero era una máquina de generar sapos, pero Marinelli nos avisaba de todas formas por si alguno quería jugar unos boletos. Él mismo iba a anotarse con 50 nacionales, porque si el burro llegaba a ganar y él no se había prendido iba a tener que cercenarse la poronga a la altura del codo, más o menos. Unos cuantos dijeron que querían participar y Marinelli los anotaba en una libretita.

- A mí me gustaría prenderme, Marinelli - dijo el Maestro.

- Cómo no - dijo Marinelli - pero mire que no hay garantías, maestro. El último caballo que me datearon todavía está corriendo...

- Y bueno, pero el que no arriesga no gana, ¿no?

- ¿Cuánto le anoto, maestro?

- ¿Cómo se llama el caballo?

- Se llama Blue Insider, es un nieto de Potrillazo...¿le interesa el pedigree, Maestro?

- No, es que si no me gusta el nombre le juego poquito.

- Ah, no, es un boludo importante - dijo el mecánico y después directamente le gritó a Bermúdez:- Señor, acá hay otro que se llama Mitripazo, ¿le gusta?

- Bueno, sí...

- ¿Le gusta Mitripazo? - y se cagaba de risa Goretta, se le saltaban las lágrimas y le decía al de al lado: - ¡Es un tarado!

- Pero igual - le explicaba el Maestro - ya me comprometí con el señor Marinelli, y entonces...

Lloraba de la risa, el mecánico, y nos hacía sentir bastante culpables.

Muy pronto, antes de que verdaderamente la sangre llegara al río, los poquitos que todavía le hacían un coro mínimo al mecánico se llamaron a silencio, y el mecánico debe haberse aburrido. En cuanto llegó la noticia de que el caballo de Marinelli había entrado noveno, Goretta se levantó para irse.

- ¿Se da cuenta? - le dijo al Maestro al saludarlo- tendría que haberse prendido de Mitripazo.

- La verdad que sí - dijo el Maestro con tristeza, y el otro se fue aguantando la risa.

El Maestro preguntó al rato quién era este muchacho que se acababa de retirar, y le dijeron que era Goretta, el mecánico.

- Es el padre de la Cinthia, Maestro, ¿se acuerda? ¿La chica que le fue a leer poemas aquella vez?
- Ah - dijo el maestro, y enseguida empezó a reírse. Trató de contenerse un momento y después estalló en carcajadas enormes, incontenibles - Sí, sí, ¿cómo no recordarla si viene todos los jueves a casa? Por eso llego más tarde los jueves.

- ¿Le sigue llevando poemas?

- No, le viene a dar de comer a mi nutria - dijo el Maestro estrenando una sonrisa cínica - Y hay que ver el cariño que le ha tomado.



miércoles, febrero 09, 2011

Nueva modalidad de robo




Eran las 17:24 del miércoles, Argentina le ganaba 1 a 0 a Portugal pero la pasaba mal, y entonces sonó el teléfono. Maldije a los inoportunos que no miran fútbol, pero atendí:

- ¿Hola?

- Buenas tardes. Con el señor Sergio Muzzio, por favor.

- Sí, él habla.

- Señor Muzzio, ante todo perdón por interrumpirle el partido...

- No hay problema - mentí, felicitando mentalmente al tipo por haber adivinado lo que yo estaba haciendo y por tener el tacto de pedir perdón. Creo que me cayó bien instantáneamente.

- Bien, señor Muzzio, queríamos avisarle que somos ladrones y estamos al otro lado de su puerta...¿sería tan amable de facilitarnos la entrada?

- ¿¿Quién habla??

- Ah, no. No es conveniente que yo le dé ese tipo de información, como usted comprenderá, pero le aseguro que no conoce a ninguno de los 3 y que no se trata de una broma. ¿Por qué no observa por la mirilla?

Con el pulso un tanto acelerado me acerqué a la mirilla y, efectivamente, había 3 tipos del otro lado. Uno, alto y flaco, tenía un celular en la oreja y, al escuchar mis movimientos, saludó con una inclinación de cabeza. Los otros eran un negro gigante y un gordito colorado y petiso. Me dio un miedo tremendo, pero tuve que reconocer que parecían amables. Tal vez el saludo del flaco me desubicó, y por eso no corté inmediatamente.

- ¿Qué quieren? Retírense inmediatamente o llamo a la policía.

- Señor Muzzio, déjeme explicarle: ésta es una nueva modalidad de robo, la llamamos "la sincera". Algunos querían ponerle "la amable" o "la educadita": habrá notado que tiene un poco de todo eso, pero nos pareció preponderantemente sincera. En pos de esa sinceridad, le aconsejo que haga lo que le digo y sobre todo que no llame a nadie. De lo contrario la semana que viene seguramente nos tendrá de nuevo por aquí, pero interpretando "la violenta" o directamente "el baño de sangre".

- Pero...

- Señor Muzzio, usted sabe cómo es ésto, deben haberle llegado al menos 20 cadenas de mails previniéndolo de cada "nueva modalidad". Hay listas de estas cosas en Internet, señor Muzzio.

- Sí...

- Y habrá notado asimismo que los robos no cesan, que los ladrones nos las ingeniamos para seguir choreando. Es que estamos un par de pasos adelante de la gilada. Sin ofender.

- ¿Y qué es lo que proponen? - pregunté, ya medio convencido.

- Bueno, verá. Usted es el primero que achacamos con "la sincera". Sepa que todo atraco implica mucho trabajo y que siempre hay un riesgo. El objetivo de "la sincera" es minimizar ambos: menos laburo y menos riesgo. Nosotros no inventamos ni actuamos ninguna historia y usted colabora tranquilamente y ni se le ocurre resistirse o manotear algún arma escondida. Y como atención especial, por ser el primero, esperamos a que termine el partido antes de vaciarle la casa.

- ¿Y van a esperar ahí afuera? - dije yo increíblemente.

- No sé...¿tiene café?

Yo tenía café, y nobleza obliga: los tipos eran sinceros y amables y yo no quería mentirles, y la verdad es que "el baño de sangre" me había causado mucha impresión. Los hice pasar, nos acomodamos los 4 en el futón y sufrimos a Cristiano Ronaldo y su troupe hasta el último minuto. Nos abrazamos cuando La Pulga metió el penal: incluso el petisito me dio un par de besos. Cuando terminó el partido me pidieron permiso y se pusieron a trabajar en serio.

Antes de irse, ya con la casa vacía y conmigo en calzoncillos, me recomendaron que haga dieta y que cambie en forma urgente mi vestuario de ropa interior. Evidentemente, "la sincera" puede ser una modalidad mucho más cruel de lo que aparenta, así que ojito.




Para Mariel,

que me avisa todas estas cosas




miércoles, febrero 02, 2011

Oblogo-Speedy-Muzzio


La inquieta gente de Oblogo abrió hace muy poquito un site nuevo, en un proyecto conjunto con Speedy, y con la misma filosofía de divulgar material obtenido de blogs. Como todo buen proyecto tiene algún punto débil, han incorporado un relato mío. Véanlo antes de que se aviven y lo saquen.

Muchas gracias a los chicos de Oblogo, como siempre.

martes, febrero 01, 2011

Atenção, por favor


Carabelas "El Negro" anuncia el inminente arribo de su nave "Serginho I" al puerto de Santa María de los Buenos Ayres.

El capitán fiscalizará el correcto desembarco del pelado Muzzio, y luego procederá a sortear sus calzas amarelas entre los concurrentes a la recepción.

Muito obrigado.
.
...

miércoles, enero 05, 2011

Parte médico



Este blog permanecerá en estado catatónico hasta el primero de Febrero. Es probable que entretanto tenga algún espasmo, un reflejo, pero de ninguna manera deberán interpretarse como signos de reactivación.

Mostraba señales de fatiga desde octubre, casi no hablaba, de manera que consideramos oportuno ponerlo en coma farmacológico, trasladarlo de urgencia a una clínica en Brasil, y no joderlo mucho hasta Febrero.

Cabe la posibilidad de que fenezca, pero la consideramos remotísima.
Habrá que aguantarlo a la vuelta.

Muchas gracias.

martes, diciembre 14, 2010

El primer culebrón de la historia




Regreso de tanda publicitaria: sobre un fondo de cielo apenas nublado se lee el título de la telenovela mientras suena el estribillo de la cortina musical cantada a los gritos por Ricardo Montaner. Se trata de “Muchísimo más allá del horizonte”, con Grecia Colmenares como la virgen María y Osvaldo Laport en el papel de Jesús.

La cámara toma desde atrás a Laport, que está sentado a una mesa eminentemente humilde. En primer plano, de frente, se ve la cara de Grecia Colmenares consternada. Voz de Grecia en off:
“Debo decírselo…¡No puedo callarlo más!”

Colmenares cierra los ojos con fuerza mientras hace que no varias veces con la cabeza. Debe interpretarse como que no puede callarlo más.
Gira y penetra en la habitación.
Laport escucha los pasos sutiles y vuelve la cabeza. Se incorpora y saluda con una inclinación respetuosa y una sonrisa de amor filial.

- Madre…
- Jesús, siéntate – dice Grecia Colmenares - debo hablar contigo.

Laport advierte la turbación de Colmenares y deja de sonreír. Dice mientras se sienta:

- Te escucho.
- No sé cómo decirte esto, Jesús.
- Seguramente lo harás con infinita delicadeza…
- ¡José no es tu verdadero padre! ¡Jamás me tocó un pelo! Es más…¡¡¡todavía soy virgen!!!
- Ah, bueno
- ¡¡Es la verdad!! Jesús…hijo mío…¡Perdóname!
- No, todo bien – dice Laport con gesto confundido, mirando hacia abajo, como buscando una explicación en el piso de tierra - Me agarrás un poquito frío, pero todo bien. Sin embargo…

La cámara toma en primer plano la cara de Laport, que ahora tiene un gesto tenso. Ha desaparecido la mirada dulce y la boca, que tiembla ligeramente, tiene un rictus amargo y casi amenazante.

- Sin embargo, me has dado sólo la mitad de la noticia…
- Bueno… - intenta disculparse Grecia. – Es bastante complicado…
- Madre…¿quién es mi verdadero padre? Habla, por Dios...
- Bueno, justamente, jeje…
- ¡Dímelo, por favor! ¡No me hagas cargar con esta cruz!
- ¡No llames a la desgracia!
- ¡Dímelo!
- Está bien… - dice Grecia, resignada.
- Pero esta vez, sí, hazlo con delicadeza.
- OK. Tu padre…¡eres tú!
- Meee cago…¿Quién escribe esto, che?

Nueva pausa publicitaria, Montaner aúlla como nunca, se presiente un final de capítulo increíble.
Literalmente.

lunes, noviembre 01, 2010

Entreteniendo a papá

Entretener a papá es un problema.

Está solito, está grande, está medio choto, y yo no quiero que se me venga abajo, pobre papá, porque se me aburre mucho el viejo. Tiene tanto tiempo al pedo, se pone a pensar en Salgareda Vecchia, el pueblo de él, o en cosas tristes, en mi vieja...a veces se me pone a llorar...Hay que bancarlo, por supuesto, hay que mantenerlo entretenido, hacerlo hacer mandados, cualquier cosa. Boludeces para que se entretenga mi viejito querido.


Él era jardinero, pero cosas de jardín no te quiere hacer, está repodrido de las plantas. A mí me vendría bárbaro porque en casa ninguno quiere cuidar el jardín, y un jardinero te arranca la cabeza. Me podría ayudar mi viejo, la verdad, con todo lo que uno hace por él...

Pero el viejo no te toca un rastrillo, se emperró con eso, y hay que entenderlo, hay que tenerle paciencia y entonces darle otras cositas, pobre.

Algo que lo haga sentir útil, ¿no?, como para que no se tire al abandono ni le vengan ideas tristes. "Ah, ¿no querés hacer el jardín? Enseguida te lo soluciono", me acuerdo que pensé.


Lo bueno es que es obediente, y bastante hábil: vos le das un par de indicaciones y todavía algo te entiende y más o menos te lo hace. No te va a hacer un gran laburo, pero te saca del apuro.

Y uno se alegra, ¿no?, de poder entretenerlo a papá y hacerle más llevadera la vejez, pobre papá.


Eso sí: tenés que cagarlo a pedos. Como a los chicos, exactamente, porque si no, no te da bola. Tenés que ser firme igual que con los pibes, pensar igual que con los pibes que es por su bien, y no aflojarle porque si no se te desbanda, se te tira al abandono, y yo eso no lo voy a permitir. Que papá no se me tire nunca al abandono, le digo siempre a la Gorda, y ella piensa igual y también le da cosas para que papá le haga, y también lo caga a pedos.

Y algunos vecinos también: macanudos, los vecinos, comprensivos. Le buscan cositas para hacer.

Y lo recagan a pedos.


Papá resultó ser buen albañil y se da mucha maña con la electricidad y la pintura. Me conmueve tanto verlo activo, ver que no se tira al abandono, y uno se siente tan bien de ayudarlo, ¿no?, de hacer todo ésto por él.

A veces siento un poco de culpa por retarlo o por dejarlo sin comer, pero la Gorda me dice que es por su bien, para que no se tire al abandono, y entonces voy y le anoto 3 o 4 cosas en la lista de papá. Lo de la lista fue una idea de la más chiquita. Cuando vimos que papá tenía posibilidades, armamos una listita de las cosas más necesarias. Tampoco es cuestión de hacerlo entretener al pedo, ¿no?

De paso, que haga cosas que sirvan.


Le respetamos lo del jardín. De eso ahora nos ocupamos nosotros.

Todo el resto se lo damos a papá para que se entretenga, para que no se tire al abandono. Entre nosotros y los vecinos, papá ya tiene una lista como para 3 años de entretenimiento, 3 años más sin tirarse al abandono.


Lo que no terminamos de entender es por qué no se lo ve más contento. Está muy bronceado (muy) y bajó de peso (mucho), está hecho un galán y según el médico, de salud todavía está bastante bien, y del jardincito nos ocupamos nosotros, pero igual no se lo ve más alegre, al contrario.

A veces nos mira como con odio.


Qué cosa terrible es la vejez, pobre papá.

Menos mal que nos tiene a nosotros para entretenerlo.