
Millones de discípulos me preguntan siempre lo mismo: "¿Es posible, Maestro?"
"Obvio", digo yo con una sonrisa enigmática y hago como que voy a seguir caminando sin decir nada más.
La verdad es que me gusta crear un poco de suspenso, ver las caritas expectantes de los discípulos.
"Pero...¿cómo?" escucho siempre a mis espaldas, cuando ya me he alejado unos pasos, "¿cómo se logra, Maestro? ¿Cómo no indignarnos?"
Entonces me detengo con un suspiro que tengo bien estudiado, como si de verdad me estuvieran hinchando las bolas, como si me jodiera que me preguntaran.
En realidad me encanta, pero necesito crear suspenso y hacerles ver que se los digo por última vez, como una excepción, aunque sea mentira, aunque yo sepa que los discípulos van a necesitar que se los repita 300 veces más.
En el sobrecogedor silencio que reina llegado este punto, yo digo:
- Cambien de canal, o directamente apaguen la televisión. Mejor apagar.
Hay que ver los gestos atormentados que se suceden a continuación, como si les estuviera pidiendo que se amputen una mano o directamente el pito.
Y por supuesto me preparo para la siguiente pregunta, que siempre es una variación de ésto:
- Pero, Maestro, ¿no es mejor permanecer en la Indignación Pura? ¿No es mejor soportar el flagelo para merecer una admiración más alta?
Acá hago 12 minutos completos de silencio. Los dejo que mediten a ver si llegan solitos a la respuesta. A veces incluso me duermo un cachito hasta que alguno insiste.
No pasa nada si me duermo, porque mi sobresalto se interpreta como verdadero fastidio, y entonces ponen más atención.
- No - digo -, soportar cualquier flagelo no merece admiración, y si es un autoflagelo es directamente pelotudez.
Acá murmullo, siempre. Yo continúo impertérrito:
- ¿Acaso no vinísteis indignados el año pasado con Cumbio y Belén Francese? ¿Acaso no os dije claramente lo mismo, cambiando tal vez "pelotudez" por "boludez absoluta"? ¿Por qué volvéis ahora indignados con Ricardo Fort y toda esa bola? Cambiad de canal, o apagad el puto televisor y listo.
"En verdad, en verdad os digo que hay por lo menos 70 cosas más interesantes y divertidas que la tele. ¿De qué sirve tragar toda esa bosta y después hacerse los indignados, eh? Mirá, les rompería la jeta..."
Y así les transmito mi sabiduría, con la certeza de que en dos meses me van a venir con otra indignación parecida.
Un poco los comprendo, porque la tentación es muy poderosa.
- Maestro, ¿por qué repites siempre "en verdad, en verdad" al comienzo de las frases?
- Es que se me pegó el tartamudeo de Jacobo Winogrand -digo ante el asombro general -.
- Pero por lo menos no me ando haciendo el indignado - les aclaro.