
Es cierto lo que dice Almeyda.
Yo creo que a esta altura ya hay que hablar directamente de violaciones reiteradas y alevosas...
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El mecánico lo sacó de entrada a Bermúdez, le advirtió la ternura y en cuanto pudo lo cacheteó. El Maestro dijo en un momento "Qué linda noche, ¿no?" y Goretta dijo muy bajito: "Pa' culearlo". Alguno se rió inevitablemente, pero sólo hasta que cayó en la cuenta de que era Bermúdez el destinatario, y al maestro no se le hacían ni siquiera esos retruques de primaria. Al rato Marinelli contaba que le habían pasado un dato para la cuarta de Palermo, pero no tenía mucha confianza, decía, porque el datero era una máquina de generar sapos, pero Marinelli nos avisaba de todas formas por si alguno quería jugar unos boletos. Él mismo iba a anotarse con 50 nacionales, porque si el burro llegaba a ganar y él no se había prendido iba a tener que cercenarse la poronga a la altura del codo, más o menos. Unos cuantos dijeron que querían participar y Marinelli los anotaba en una libretita.
- A mí me gustaría prenderme, Marinelli - dijo el Maestro.
- Cómo no - dijo Marinelli - pero mire que no hay garantías, maestro. El último caballo que me datearon todavía está corriendo...
- Y bueno, pero el que no arriesga no gana, ¿no?
- ¿Cuánto le anoto, maestro?
- ¿Cómo se llama el caballo?
- Se llama Blue Insider, es un nieto de Potrillazo...¿le interesa el pedigree, Maestro?
- No, es que si no me gusta el nombre le juego poquito.
- Ah, no, es un boludo importante - dijo el mecánico y después directamente le gritó a Bermúdez:- Señor, acá hay otro que se llama Mitripazo, ¿le gusta?
- Bueno, sí...
- ¿Le gusta Mitripazo? - y se cagaba de risa Goretta, se le saltaban las lágrimas y le decía al de al lado: - ¡Es un tarado!
- Pero igual - le explicaba el Maestro - ya me comprometí con el señor Marinelli, y entonces...
Lloraba de la risa, el mecánico, y nos hacía sentir bastante culpables.
Muy pronto, antes de que verdaderamente la sangre llegara al río, los poquitos que todavía le hacían un coro mínimo al mecánico se llamaron a silencio, y el mecánico debe haberse aburrido. En cuanto llegó la noticia de que el caballo de Marinelli había entrado noveno, Goretta se levantó para irse.
- ¿Se da cuenta? - le dijo al Maestro al saludarlo- tendría que haberse prendido de Mitripazo.
- La verdad que sí - dijo el Maestro con tristeza, y el otro se fue aguantando la risa.
El Maestro preguntó al rato quién era este muchacho que se acababa de retirar, y le dijeron que era Goretta, el mecánico.
- Es el padre de la Cinthia, Maestro, ¿se acuerda? ¿La chica que le fue a leer poemas aquella vez?
- Ah - dijo el maestro, y enseguida empezó a reírse. Trató de contenerse un momento y después estalló en carcajadas enormes, incontenibles - Sí, sí, ¿cómo no recordarla si viene todos los jueves a casa? Por eso llego más tarde los jueves.
- ¿Le sigue llevando poemas?
- No, le viene a dar de comer a mi nutria - dijo el Maestro estrenando una sonrisa cínica - Y hay que ver el cariño que le ha tomado.

Eran las 17:24 del miércoles, Argentina le ganaba 1 a 0 a Portugal pero la pasaba mal, y entonces sonó el teléfono. Maldije a los inoportunos que no miran fútbol, pero atendí:
- ¿Hola?
- Buenas tardes. Con el señor Sergio Muzzio, por favor.
- Sí, él habla.
- Señor Muzzio, ante todo perdón por interrumpirle el partido...
- No hay problema - mentí, felicitando mentalmente al tipo por haber adivinado lo que yo estaba haciendo y por tener el tacto de pedir perdón. Creo que me cayó bien instantáneamente.
- Bien, señor Muzzio, queríamos avisarle que somos ladrones y estamos al otro lado de su puerta...¿sería tan amable de facilitarnos la entrada?
- ¿¿Quién habla??
- Ah, no. No es conveniente que yo le dé ese tipo de información, como usted comprenderá, pero le aseguro que no conoce a ninguno de los 3 y que no se trata de una broma. ¿Por qué no observa por la mirilla?
Con el pulso un tanto acelerado me acerqué a la mirilla y, efectivamente, había 3 tipos del otro lado. Uno, alto y flaco, tenía un celular en la oreja y, al escuchar mis movimientos, saludó con una inclinación de cabeza. Los otros eran un negro gigante y un gordito colorado y petiso. Me dio un miedo tremendo, pero tuve que reconocer que parecían amables. Tal vez el saludo del flaco me desubicó, y por eso no corté inmediatamente.
- ¿Qué quieren? Retírense inmediatamente o llamo a la policía.
- Señor Muzzio, déjeme explicarle: ésta es una nueva modalidad de robo, la llamamos "la sincera". Algunos querían ponerle "la amable" o "la educadita": habrá notado que tiene un poco de todo eso, pero nos pareció preponderantemente sincera. En pos de esa sinceridad, le aconsejo que haga lo que le digo y sobre todo que no llame a nadie. De lo contrario la semana que viene seguramente nos tendrá de nuevo por aquí, pero interpretando "la violenta" o directamente "el baño de sangre".
- Pero...
- Señor Muzzio, usted sabe cómo es ésto, deben haberle llegado al menos 20 cadenas de mails previniéndolo de cada "nueva modalidad". Hay listas de estas cosas en Internet, señor Muzzio.
- Sí...
- Y habrá notado asimismo que los robos no cesan, que los ladrones nos las ingeniamos para seguir choreando. Es que estamos un par de pasos adelante de la gilada. Sin ofender.
- ¿Y qué es lo que proponen? - pregunté, ya medio convencido.
- Bueno, verá. Usted es el primero que achacamos con "la sincera". Sepa que todo atraco implica mucho trabajo y que siempre hay un riesgo. El objetivo de "la sincera" es minimizar ambos: menos laburo y menos riesgo. Nosotros no inventamos ni actuamos ninguna historia y usted colabora tranquilamente y ni se le ocurre resistirse o manotear algún arma escondida. Y como atención especial, por ser el primero, esperamos a que termine el partido antes de vaciarle la casa.
- ¿Y van a esperar ahí afuera? - dije yo increíblemente.
- No sé...¿tiene café?
Yo tenía café, y nobleza obliga: los tipos eran sinceros y amables y yo no quería mentirles, y la verdad es que "el baño de sangre" me había causado mucha impresión. Los hice pasar, nos acomodamos los 4 en el futón y sufrimos a Cristiano Ronaldo y su troupe hasta el último minuto. Nos abrazamos cuando La Pulga metió el penal: incluso el petisito me dio un par de besos. Cuando terminó el partido me pidieron permiso y se pusieron a trabajar en serio.
Antes de irse, ya con la casa vacía y conmigo en calzoncillos, me recomendaron que haga dieta y que cambie en forma urgente mi vestuario de ropa interior. Evidentemente, "la sincera" puede ser una modalidad mucho más cruel de lo que aparenta, así que ojito.
Para Mariel,
que me avisa todas estas cosas

