jueves, noviembre 23, 2006

Cómo vencer la timidez

Consejos del Profesor E. Ramírez

Según nuestras estadísticas , algunos llegan hasta este blog por temas relacionados con la timidez. Y lo leen, aunque, claro, nunca comentan. Como Ramírez ha padecido lo que denomina “el flagelo” lo dejamos que escriba él.
Emmanuel Ramírez es Bioquímico y Profesor de danzas folclóricas Focalizadas (sólo la parte de la paisana). Ha escrito varios libros, pero después los borró porque no le dejaba leer lo que estaba abajo.


La timidez no es buena, mi amor.
Es la hija boba de la humildad, la sobrina tonta de la mesura y la nieta pelotuda de la seriedad. Es la que te hace elegir siempre la pollera larga marrón y el saquito cerrado; la que te hace permanecer callada en las escasas reuniones a las que vas; la que te hace ocultar las manos bajo la mesa y ruborizarte si él te mira.
A la mierda con todo eso. Vamos a revisar algunos puntos para que la timidez deje de ser tu problema.
Antes que nada tenemos que saber por qué sos tímida. Muchas pacientes me dicen que es porque se sienten feas, o porque se comen las eses, porque se flatean o porque no saben bailar, o porque no les da la maraca y temen quedar mal si hablan solamente de Luis Miguel.
Y la enorme mayoría tiene razón, son unos bagartos insoportables, pero no importa: todos tienen derecho a una vida digna y a un poco de dunga-dunga de vez en cuando. Yo mismo era muy tímido en Santa Fe, así que sé de lo que hablo. Mi escasa habilidad para los deportes, mi físico esmirriado, mis mini-shorts rosados, todo contribuía para que fuera el blanco predilecto de las bromas. Los chicos me golpeaban en los recreos. Y ahora me adoran, así que prestá atención:

Para las feas
¿Muy fea sos? Digo, ¿no zafamos de arriba, de atrás? ¿Nada?
Okay, vas a hacer lo siguiente:
Me comprás, y te los estudiás de memoria, 3 cassettes de “Lo mejor de Jorge Corona”. Y a la primera de cambio, decís: “Eso me hace acordar…” y arrancás con los chistes. Vas a ser la mimada de los varones, te van a invitar incluso a las reuniones de hombres solos. No garantizo que alguno te quiera dar, pero por lo menos dejás de ser una momia.

Para las estúpidas
No queremos que permanezcas muda, pero ojo con lo que decís. Mejor dejá correr la conversación y poné caritas. Usáme mucho “Puede ser”, “Hmm”, “Y…”, esas cosas que por lo menos dejan la duda de si sos misteriosa o te hicieron una lobotomía. Vos poné caritas y mechá esas frases todo lo que puedas. La gente no sólo va a creer que participaste lúcidamente en la charla sino que va a estar encantada de que siempre coincidan.
Y hasta vos podés creer que participaste, imbécil.


Para las aburridas
Usá siempre ropa interior Victoria’s Secrets. Lo que vas a hacer a partir de ahora es empedarte a conciencia y practicar el baile en el caño. Pero mucho alcohol, mamita, mucha ginebra Bols, mucho tetra antes del evento. Aunque sea una misa aniversario, vos te llevás una petaca llena de Legui y un walkman con la música de “Nueve semanas y media” y me la vas escuchando en el 41. Vas a llegar a la fiesta ya con calor, con ganas de revolear la ropa. Ojo: no te desates con los primeros temas, pero tampoco esperes mucho porque corrés el riesgo de terminar sola, en pedo y en bolas, abrazada a los mozos. A mí me ha pasado. Y éstos son consejos para la timidez, no para mejorar tu récord de penetraciones simultáneas.

Para las feas, estúpidas y aburridas
No, nada. Un 38 y a la mierda.

Para todas y todos en general (*)
El flagelo de la timidez se comporta como la maleza de tu jardín: si no la combates no permanecerá igual, sino que irá creciendo hasta invadir tu vida por completo. Atácala cuanto antes y de todas las formas posibles. Relájate: recuerda que todos tenemos miedos, debilidades y sobre todo espantosos secretos inconfesables. Disfruta y expande tu personalidad sensible y discreta, saca provecho de tu imagen desvalida, no dejes de divertirte aunque se te traben los pies al bailar. Intenta alumbrar con brillo propio: no copies modelos de personas audaces, ni te inventes un personaje que no eres y que no podrás sostener. Ríete de tus defectos, exagéralos. Devuelve las ironías siempre un grado más alto de lo que las recibes, pero procura hacerlo con buen humor. Ruborizarse es signo de que aún conservas la vergüenza; en ningún caso eso puede estar mal. Si no tienes nada que decir, no te sientas en la obligación de hacerlo. Pero si quieres dar tu opinión, hazlo en forma clara y nunca bajes la voz: si lo que dices les parece tonto o inapropiado, te lo harán saber aunque hables bajo. Si no te gustas en el espejo, haz algo para cambiar o cambia de espejo, pero sal a la calle con el testuz enhiesto. Y al que te ofrezca un 38 le dices que se lo pierda en el ojete.

Otras investigaciones del Profesor:
Termodinamia Asimétrica Nocturna
El agua para el mate, esa yegua indomable

(*) Ignoramos por qué Ramírez pasa abruptamente del coloquial al científico, del argentino al venezolano o lo que sea. Pero ignoramos tantas cosas de él, que no nos vamos a andar preocupando justamente por esa.
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La timidez y otras cosas
Este es el cuento que le dio nombre al libro y al blog, y la razón de que incautos timidones se ensartaran viniendo a pispear acá. Va, pues, en versión completa, y por el mismo precio.
Me parece que fue ahí cuando empezó a llover.
Usted todavía no había contestado. Tal vez no escuchó lo que le pregunté porque había mucho ruido en la calle y además a usted le preocupaba que lloviera. Yo me imagino que lo que la inquietaba era la posibilidad de que la lluvia la despeinara o le corriera el maquillaje. Es tan coqueta, usted. A mí no me importaba si llovía o no. En realidad me maltrataban los nervios porque tenía que hacer la pregunta. Lo que pasa es que entre la timidez y el ruido de la calle y como usted parece que no me escuchó, ahora hasta dudo si al final le hablé o no.
A mí me parece que también tengo un poco de mala suerte. Ojo: no digo que siempre, pero muchas veces me pasa algo a último momento y me arruina los asuntos. No es que tenga muchos asuntos, tampoco. Quiero decir, en general. Póngale que quiero organizar una reunión en casa y empiezo a invitar amigas, compañeros del trabajo y hasta familiares. Y siempre me pasa que todos están comprometidos o al final les pasa algo a los que me habían dicho que sí, un dolor de estómago y ese tipo de cosas.
Volviendo a ese día: yo le pregunté y justo se largó la lluvia, dígame si no es mala suerte, Alicia. Más vale, usted se preocupó por el mal tiempo y tuvo que apurarse, no se podía hacer otra cosa. O a lo mejor sí, pero no hubiera sido lo mismo. A lo mejor, justamente por la lluvia, usted hubiera aceptado ir a tomar algo, probablemente al café más cercano. Pero esa no era mi idea, Alicia.
A lo mejor usted no se dio cuenta todavía, pero yo le di algunas pistas. No digo algo muy concreto, pero pistas le di. Yo no sé disimular y entonces a usted tiene que haberle llamado la atención que tartamudee un poco cuando hablo y además me ruborizo tan fácil...
¿A usted no le sorprende que siempre nos encontremos en la puerta de salida? La verdad es que me le estoy insinuando, Alicia. Comprenda, no es fácil para alguien como yo encarar a alguien como usted. Es más: antes de llegar a invitarla, alguien podría analizar por qué me atrae alguien como usted. Usted es joven, tiene personalidad, tiene palabras. Y es tan linda, Alicia. Me duele el pecho cuando la veo, sin exagerarle. Ahora que lo pienso, no hay que analizar mucho por qué usted me atrae, en todo caso por qué me ilusiono inútilmente.
Yo no soy como usted. Pero siento que hay algo que nos une en su interior, Alicia, y a eso le apunto. Es decir, por supuesto que me gusta su melena rubia, y sus piernas son hermosas. Sus piernas son hermosas, Alicia, tuve que tomar aire para seguir pensando. Digo, usted me gusta mucho, no tiene sentido que lo neguemos. Y seguramente no tengo la exclusividad, deben sobrarle festejantes mejores que yo. Pero cómo evitarlo, Alicia, cómo evitarlo. Pienso constantemente en usted, su perfume me persigue, lo percibo hasta en mi café con leche de las mañanas. No que usted huela a café con leche, sino al revés, no sé si me comprende.
Sueño con usted, Alicia, y en mis sueños soy audaz y a usted le gusta.
Por eso ayer había decidido que iba a invitarla a tomar algo.
Lo tenía bastante bien planeado, Alicia. Usted, como siempre o casi siempre (porque a veces usted trabaja hasta muy tarde), iba a tomar el ascensor después que yo. La verdad es que me apuro a bajar. Siempre tengo todo listo a las seis menos diez y entonces consigo bajar en el primer o segundo lugar. Entonces bajo y espero a verla salir. No crea que la espío, lo que hago es esperarla: tengo desde hace rato la intención de poder hablarle sin distracciones, algo imposible de hacer en el trabajo. Además que no me gustaría hablarle y que escuche alguien, imaginesé. Más allá de la falta a nuestras obligaciones la gente podría hablar cosas de usted. Aunque es más seguro que yo salga peor. La gente suele ensañarse conmigo, Alicia.
Me gustaría tanto contarle cosas de mí. Usted seguramente me las sabrá comprender y viceversa; si hay una virtud que tengo es la de saber escuchar. Y sus historias deben ser hermosas como usted, Alicia. Hablamos tanto en mis sueños. Yo encuentro siempre la palabra justa que la reconforta y usted me lo agradece tiernamente.
Así que hace unos días me permití seguirle el recorrido. Usted toma siempre por Corrientes hacia el bajo y en Acevedo toma el subte. A veces mira algunas vidrieras, sobre todo las de ropa, pero nunca se queda demasiado. Lo que no pude saber es si tiene a alguien, Alicia. No me animé a preguntarlo y los comentarios que escuché sobre usted se referían exclusivamente a su aspecto físico. Esto del aspecto físico es una forma suave de decirlo, Alicia, un eufemismo. Los muchachos a veces son bastantes vulgares. Yo creo que por eso me cuesta relacionarme. Ojo: no es que yo me crea superior ni nada de eso. Pero no me gustan las groserías y hoy en día eso es casi un defecto. Y las chicas son peores, Alicia. ¿Escuchó las cosas que dicen? No es que yo tenga demasiados años, tengo cuarenta y siete y sé que las cosas han cambiado; en mi juventud hubieran sido inadmisibles muchas de las expresiones que hoy usan hasta los escolares.
No quiero irme por las ramas. La cuestión era que yo iba a esperarla a la salida y la iba a invitar a tomar un café. No tendría nada de malo, al fin y al cabo somos colegas aunque trabajemos en distintas áreas. Y yo también (aquí le mentiría, pero sólo un poco) iba a tomar por Corrientes. Lo fundamental era no espantarla, Alicia. No quería asustarla, por supuesto, sino que sonara como casual. En realidad, quería que pareciera la cosa más normal del mundo. A lo mejor usted se daría cuenta de que yo estaba estrenando traje, Alicia. Pero para eso tendría que haberse fijado antes en mí y con cierto cuidado y no creo que sea así. A lo mejor me equivoco, me gustaría equivocarme, pero no creo que usted sepa muy bien cómo me visto. Si usted hubiera aceptado, Alicia, yo la hubiera llevado a un bar que encontré en el camino que usted suele tomar. Es un lugar que me parece apropiado para tener una charla que vendría a ser como la primera. Ahora no tiene mucho sentido que le cuente las cosas que había pensado decirle, pero tenía como cinco o seis comienzos de diálogo y después, bueno, una cosa lleva a la otra, cómo quien dice.
Pero ya lo ve, la lluvia complicó todo. Usted no me escuchó o entendió mal y se apuró a llegar al primer refugio. Se detuvo apenas unos instantes y cuando se decidió a salir la perdí entre la gente y los autos. Me pareció que la veía todavía un segundo, antes de que se la llevara definitivamente la lluvia. Me pareció que usted se había dado vuelta para mirarme y tenía una expresión que ya he visto antes, Alicia.
Por eso me quedé un rato en la puerta, mojándome, tratando de adivinar si usted se había ofendido. Me quedé como otras veces, pensando en las cosas que hubiera debido decirle para que usted no se vaya así, Alicia, Para que no me mirara de esa manera. Me quedé sola y triste y descartada, con mi traje nuevo y mis frases que seguramente usted ya no va a poder escuchar, Alicia, porque la próxima vez tendrá compromiso o le dolerá el estómago.

sábado, noviembre 18, 2006

La noche de Tu Sam (cuento)

Después vino lo peor. Ojalá no lo hubiera hecho subir al escenario porque de esa forma, si el otro no hubiera subido, el asunto no hubiera pasado de una situación algo tensa pero manejable, un desubicado solo entre una cantidad, digamos digna, de público interesado. Si el otro no hubiera subido, nosotros mismos, alguno de entre el público que formábamos, le hubiera pegado un grito al maleducado y es seguro que después otros se hubieran plegado, porque la gente en general es así, uno tiene que hacer punta y, si tiene un poco de razón, el resto se anima y lo apoya. Pero fue todo muy rápido, Tu Sam reaccionó en seguida y lo encaró al que le gritaba y después se fue todo al demonio.
Yo, pensándolo ahora, creo que fue lógico lo de Tu Sam, si el otro lo estaba cuestionando y acusando de mentiroso delante de todos. No era precisamente una noche brillante del mentalista, estaba como nervioso y eso, para los que lo seguimos hace rato, era evidente y extraño. Un tipo que tiene un dominio sobre su cuerpo como el que tiene él, un poder de concentración y de sugestión tan grandes, era rarísimo que anduviera como a destiempo, acelerado. Pero tampoco había tenido errores importantes hasta ese momento; el otro era un idiota de los que nunca faltan, de esos que van a ver a un mago para tratar de descubrirle los trucos. Puede fallar, eso lo dice siempre Tu Sam. Lo que hizo que el otro empezara a los gritos se produjo durante el acto de levitación o de equilibrio suspendido. Pero no pasó nada que lo justificara, yo había visto algo parecido otras veces. Creo que se debe a una distracción momentánea de Sam o a que el sujeto escogido no está bien relajado; cabe preguntarse para que se ofrecen a colaborar si no se sienten seguros. La cuestión es que el show venía con detalles anteriores, algunos se habían reído cuando la paloma que hipnotizó o “fascinó” como dice Tu Sam (o decía, no sé, yo no sé lo que va a pasar ahora) salió volando en cuanto le sacó la mano de encima y el clima era de expectativa, porque si no levantaba con algo el espectáculo se le podía complicar. Es que lo de él es difícil, no es un actor que sigue un libreto con otros actores y si tiene una mala noche se deja llevar por los otros y listo. Él depende (o dependía) de una serie de factores bastante imponderables y yo siempre lo había visto salir airoso y hasta grandioso. Tiene esa presencia, esa mirada, en fin, esas cosas que faltaron aquella noche. Cuando se le voló la paloma me parece que también el personaje debió decir algo, porque los que estaban cerca chistaron como para callar a alguien.
El acto siguiente fue el del equilibrio, donde Tu Sam hace dormir a una persona sobre dos sillas; en realidad sólo apoya la nuca y los talones en la parte superior del respaldo de las sillas, y el resto del cuerpo queda en el aire y perfectamente horizontal. A veces Tu Sam o la chica que hace de asistente se suben encima de la persona, yo lo he visto, y a veces le sacan una de las sillas y el cuerpo sigue rígidamente extendido. Por lo menos la mayoría de las veces, porque esa noche salió un poco desprolijo y el otro empezó a los gritos y ni llegaron a esa parte, apenas la pusieron en las sillas.
La que subió para la prueba era una señora delgada y alta, y estaba tan contenta de estar ahí que la sonrisa no se le fue ni siquiera cuando Tu Sam terminó de adormecerla. Para mí eso era un signo de que no estaba bien relajada, pero Sam siguió adelante; me parece que él percibía que el show venía flojo y debió preferir soslayar el inconveniente y seguir adelante.
Les costó, a él y a la asistente, acomodarla en las sillas, a pesar de que era una señora flaquita. Pero medio se les iba de costado y casi se cae, y la tuvieron que atajar un par de veces. Y ahí fue cuando llegó, nítido, el grito de ese tipo. Andate, mamarracho, le gritó. Ladrón, sos un ladrón. Tu Sam miró un segundo hacia el público, pero se le notó que hacía un esfuerzo para volver a la señora que tenía casi en el aire. Otra vez alguien chistó para callar al guarango, pero era evidente que el tipo se sentía con derecho a protestar porque le siguió diciendo cosas, le dijo farsante y que devolviera la plata, mientras Tu Sam hacía descender rápidamente de las sillas y del escenario a la señora flaquita y algunos (pocos) aplaudían. Luego vino un nervioso y brevísimo discurso de Tu Sam dedicado al tipo, una especie de reseña de su trayectoria y se notaba que estaba enojadísimo cuando decía que no iba a permitir, que él podía demostrarnos, que de ninguna manera, y finalmente invitó al otro a subir y a sacarse las dudas que tuviera.
Los aplausos que arrancó el discurso deben haberlo convencido al tipo, o realmente quería comprobar algo o estaba decidido a hacer fracasar el espectáculo, porque enseguida un reflector lo siguió mientras se dirigía al escenario. Era bastante gordo, bajo y de anteojos y subió con aire sobrador, pero se dieron la mano y tu Sam le preguntó si alguna vez lo habían hipnotizado. El gordo dijo que no y entonces Tu Sam le puso la mano derecha abierta tapándole la cara.
Me llamó la atención que no le preguntara nada más, si se animaba a probar o algo. Es decir, me hubiera parecido más simpático que creara un poco de suspenso y que el público se fuera imaginando lo que iba a hacerle y se pusiera enseguida de su parte, al fin y al cabo habíamos pagado por verlo brillar a él. No sé: que lo atacara tan abruptamente al gordo me sonó a eso, a un ataque sorpresivo y creo que desde ese momento algo no me gustó. Cuando le sacó la mano de la cara, el gordo todavía sonreía pero ya había cerrado los ojos y entonces Tu Sam le dijo algunas de las frases típicas, que iba a sentir los párpados pesados, que se relajara y escuchara sólo su voz, y volvió a ponerle la mano, pero esta vez sólo en la frente.

Yo creo que el público se dividió en dos: los que de alguna forma querían que Tu Sam se vengara del tipo y lo pusiera en ridículo y los que temimos justamente eso. Yo tenía como un nudo en el estómago porque he visto gente hipnotizada por Sam en estado de total indefensión, gente que cacarea como una gallina o le hace creer que anda en moto o que vienen los indios, y es bastante patético.
El hombrecito entró en trance con una rapidez asombrosa, más teniendo en cuenta que seguramente se estaba resistiendo. Incluso por un momento pensé que estaba todo arreglado, que Tu Sam se había mostrado errático durante el show para impresionarnos con éste último acto. Le hizo decir al tipo el nombre y la edad, y después lo hizo retroceder hasta los seis años con facilidad y elegancia: era de nuevo el Tu Sam magistral y dueño de la situación. Y no se abusó del gordo ni lo humilló, lo contuvo sobriamente cuando el otro quiso sollozar porque creía estar en un cumpleaños y que otro nene le había robado un juguete o algo así. Después lo hizo volver al presente, hasta esa misma noche, lo sentó en una silla y le hizo creer que estaba manejando un auto por una avenida transitada. Le hizo hacer el recorrido desde su casa hasta el teatro, y lo hizo imaginar que volvía ver el acto de la paloma. El gordo comenzó a reírse en un momento, groseramente, y le daba codazos imaginarios al que estaba sentado al lado. El mentalista le preguntó qué sucedía, y respondió que la paloma se había volado. Eso arrancó risas de toda la platea, pero Tu Sam se veía muy serio y reconcentrado. “Grite”, le dijo al gordo. “Infeliz”, dijo el tipo y tuvo un acceso de tos por la risa, creo. Después le dijo que se pusiera de pie para, supuestamente, ver mejor. Y lo hizo sentar y parar media docena de veces, y mientras la gente aplaudía a rabiar, yo vi que le hablaba rápidamente al oído y le tocaba velozmente la garganta, y lo hizo sentar otra vez.
Lo fue despertando de a poco y lo miraba fijamente y a pesar de la sonrisa de Tu Sam a mí no me gustó cómo lo miraba. Casi le escupía las palabras, y eran palabras amables y el hombrecito parpadeó un par de veces y lo felicitó a Tu Sam, tuvo que felicitarlo y el teatro aplaudía como nunca. Tu Sam comenzó a despedirse mientras el gordo volvía a su butaca y había gritos y bravos entre los aplausos y en algún momento nos dimos cuenta de que pedían ayuda cerca del hombre gordo y se encendieron las luces y vimos que se tomaba la garganta y no podía hablar y muchos salieron sin enterarse y algunos seguían gritando que se moría cuando nos desalojaron y se oyó la sirena de la ambulancia y un tipo de gris se llevó a Tu Sam casi a la rastra del escenario y él lo miraba al gordo muy serio y después pasó lo que todos sabemos.

miércoles, noviembre 15, 2006

Casi como Greenpeace


Hoy a la mañana encontré una cucaracha en el piso del baño, a la que creí muerta dada la típica posición decúbito dorsal en que se hallaba. Pero vi que movía las patitas así que decidí darle un rato antes de retirarla, cuestión de que la bestia tuviera tiempo de poner en orden sus asuntos del alma y pudiera fenecer en paz. Hasta le dejé la luz prendida, y me fui a tomar mate y a leer el diario.
Una media hora más tarde y siguiendo con mis ritos matinales, me dispuse a hacer uso del inodoro y para mi mortificación descubrí que decenas de hormigas rojas molestaban a mi cucaracha, que seguía con vida: le caminaban por las antenas y ella las movía con desesperación como para desembarazarse de las atacantes. No me molestaba la presencia de insectos en casa (ha venido hasta jmslayer), pero que semejante drama se desarrollara a mis pies era demasiado, y me quitaba concentración. Así que le metí un pisotón a la cucaracha, pero no demasiado fuerte porque no quería llevarla luego en mis pantuflas. Y nuevamente comprobé que su obstinación por perdurar era fuerte, porque siguió moviendo una pata, aunque un tanto espasmódicamente.
Me resigné a ser sólo un testigo de la obra depredadora de las hormigas; me senté y prendí un cigarrillo. Me decía para consolarme que la Naturaleza era así y que no debía intervenir. Pero Kafka ha calado hondo en mi espíritu y la idea de que un Gregorio Samsa criollo estuviera siendo devorado vivo ante mis ojos me atormentaba. "¿Y usted que hacía mientras tanto?", "Yo, Señor Juez, estaba cagando".
No, no podía ser.
De manera que me dediqué a lanzarles la ceniza de mi cigarro a las hormigas, como un B-52 justiciero, y logré mantenerlas alejadas durante un tiempo.
Pero se me hacía tarde para el laburo y la cucaracha no se moría, así que le apliqué dos pisotones más y ahí sí, ahí hubo ruido a caparazón quebrado, tripas en el aire y todos contentos.
Y salí con la frente un poco más alta que de costumbre.

viernes, noviembre 10, 2006

Cuento a medida (*)

"Joven carismático pisó caca y ahora lo miran feo"

Agustín imaginaba sin dificultad el titular de Crónica; sólo que el jueguito que siempre le resultaba divertido ahora le hacía doler la cabeza. Estaba llegando tarde a la reunión y para colmo había pisado caca de perro. En realidad se había embadurnado los zapatos y parte de la botamanga en una torta impresionante; le había costado sacar el pie del montón inconmensurable de porquería, había tironeado con fuerza para escapar de la succión de la montaña de bosta; y no quería seguir regodeándose en la miseria, porque en realidad parte de la mierda había sobrepasado el cuello del zapato y se había metido adentro. O sea que los esfuerzos para limpiarse no habían servido para eliminar el olor que ahora venía de las medias. Las medias que sentía húmedas y que hacían que su pie derecho se deslizara un poco con cada paso.
Joven ejecutivo es despedido porque piensan que se cagó en una reunión. ¡Ampliaremos!, pensó Agustín.
Una cuadra antes de llegar al edificio, vio la zapatería. Entró pidiendo disculpas:
- Perdoname – le dijo a la empleada - , tuve un accidente…
- Uy, sí, quedate quieto ahí, no me manches la alfombra.
- Disculpame, me lo voy a sacar y lo tiro.
- ¿No querés limpiarlo?
- Um, no sé, no tengo tiempo. Traeme alguno parecido, cuarenta y dos. ¿Tenés medias?
- No, sólo las de prueba, pero si te sirven…
- Sí, gracias, cualquier cosa.
- Ya vengo.
- Gracias, muchas gracias.
- Dicen que trae suerte…

Consultó el reloj y vio que ya habían pasado quince minutos de la hora estipulada para presentar el sistema. Sentía la cabeza del doble del tamaño habitual y le latían las sienes. Lo único que esperaba era que su jefe también se hubiera retrasado. Le daba lástima tener que sacrificar los zapatos, eran buenos y caros, pero no le veía otra solución. Aunque si los metía en la caja de los nuevos, y en la bolsa…
- Tengo éstos que son casi iguales, pero marrones, en negro no me quedan.
- Um… pero no me combinan para nada, dame alguno en negro, cualquiera, rapidísimo…
- Sí, te traje éstos.
- Ah, perfecto, perfecto…
- Negritos, te hacen juego con los ojos – dijo la chica.
Agustín la miró y vio que ella le sonreía divertida. Era linda, muy linda. Tal vez cuando terminara la reunión…
- Me llevo éstos.
- Buenísimo.
- Y las medias.
Se iba sintiendo un poco mejor; llegaría tarde a la reunión, un poco, pero ahora su ánimo estaba bien. Los zapatos nuevos y la sonrisa de la rubia le habían devuelto la confianza.
Caminó muy rápido la cuadra que le faltaba y entró en el edificio, consultó en la cartelera el piso de “Anto-Iceberg S.A.” y subió. Antes de entrar al salón de reuniones se dio cuenta de que había dejado los zapatos sucios en el negocio de la rubia.

Lo primero que notó al entrar fue que su jefe no estaba. Pidió disculpas por la demora y nombró a su jefe para que todos supusieran que había estado esperándolo:
- En cuanto al señor Klein, no sé si…
- Sí, ya nos avisó que se encontraba retrasado.
- Ah, bien. – “Me hubiera avisado a mí…”, pensó Agustín. Pero no importaba, se sentía completamente relajado - No sé si quieren esperarlo.
- No, comencemos, por favor.
“Trae suerte”, pensó Agustín. Acomodó sus cosas y comenzó a hablar del proyecto, sin mostrar todavía los programas que había traído. Divagaba un poco: exageraba inconvenientes que en realidad estaban resueltos de antemano por el lenguaje de programación. Pero era lo que hacían con todos los clientes, y a Klein le encantaba. Siempre le decía a Agustín que exagerara con las cosas que ya estaban resueltas, para que tuviera menos efecto negativo cuando hablaran de las que aún no tenían solución. El tema de la conectividad de las sucursales remotas, por ejemplo…
- Disculpe, Agustín… ¿Hay olor feo acá?
- ¿Qué? – dijo Agustín y sintió una puntada en la cabeza.
- Sí, hay – dijo otro de los socios. Y olfateó en dirección a Agustín.
En ese momento entró Klein, saludó a todos y luego le pidieron a Agustín que continuara. Pero había perdido el hilo, transpiraba, y le parecía percibir un tufo insoportable a caca de perro. El gordo que lo había olfateado alejó ostensiblemente la silla de la mesa de reuniones y lo miraba con asco. Agustín tartamudeaba y el jefe tuvo que hacerse cargo del resto de la charla. Agustín apenas si pudo mostrar parte de los programas, porque se acercaron todos a la notebook, rodeándolo, y el olor era muy evidente. Klein parecía no sentirlo y algunos seguramente intentaban no darle importancia, pero el gordo puteó como para que todos oyeran y volvió a sentarse. Agustín dijo que se sentía mal y al levantarse envolvió a todos en una nube apestosa. Se quedaron en silencio, mirándose, y entonces hasta Klein debió percibirlo, porque le dijo que se fuera tranquilo, que él concluiría la presentación.
Agustín salió del edificio con náuseas y caminó aturdido unos metros. Después se acordó de los zapatos y tuvo que desandar una cuadra. La rubia lo miró compasivamente cuando entró, y le entregó la bolsa con la caja de los zapatos sucios.
- ¿Las medias…? - dijo Agustín.
- Las medias te las llevaste – dijo la rubia – Me llamó la atención, pero… Te las pusiste en el bolsillo del saco, ¿no estaban sucias?
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(*) A pedido de ANTO y dedicado a mi amigo Agustín, que increíblemente se vio a cargo del "Problema del año 2.000" y fue amenazado vilmente por la gente de Sistemas. Y se cagó, claro.

Consejos de Doña Petrona

Buscando material para un cuento, en la biblioteca de Parrilla encontramos la edición de 1.962 del "Libro de Doña Petrona", obra que perteneció a la abuela de jm. Yo creía que Doña Petrona C. de Gandulfo se limitaba a las recetas, pero no, se despacha con consejos de decoración para el ama de casa moderna (de 1.962) y con algo que nos viene quitando el sueño a Parrila, a Guti y a mí: el personal doméstico que cada vez viene peor *. La verdad es que no son consejos muy útiles que digamos, pero son de Doña Petrona y eso es como santa palabra.Leemos en la página 14:
"El arreglo convencional de la mucama de comedor es: traje de corte camisero de poplin o tela brillante en color negro, cuello y puños altos; delantal pequeño en hilo, organdí o piqué blanco. Muchas dueñas de casa, durante el verano, las prefieren con el uniforme armonizando con el tono del comedor; los colores que se ven con más frecuencia son: gris, heliotropo y el color bordeaux, muy paquete y moderno".

Y en la página 17: "Ante las dificultades que ha creado la escasez o desaparición del servicio doméstico, he creído de interés para todas las dueñas de casa tocar el tema. Quiero aconsejarles y programar una relativa solución al problema. No hay duda que a primera vista parece sin solución, pero no es tal si se encara con ánimo resuelto y decidido. Este problema, que recién se empieza a sentir entre nosotros, hace tiempo que ya existe en Europa y Norteamérica. La situación se ha resuelto utilizando sus sercicios lo menos posible (!)"
"Para organizar el trabajo de la casa con personal por horas se tendrá muy en cuenta nuestro régimen de vida, necesidades y obligaciones. Para familias que inician sus tareas desde temprano lo más indicado sería hacer venir a la persona de servicio desde las primeras horas de la mañana. (!!!) En caso de tener invitados, se habrá convenido el cambio de hora según convenga (!!!!!!)"
Y en la página 19 hay más consejos, para los que se reían de Boluda Total: "...debemos complementar las diversas tareas y trabajos. Esto es: si se pone agua a hervir, no es necesario esperar parada a su lado (!!!!!!!!!!!!!), pues con ello no se adelanta nada. Mientras un asado está en el horno se puede preparar el puré, la ensalada, etc. Mientras se remojan las servilletas y mantelitos, se puede hablar por teléfono o se contestará una carta. Mientras se seca el barniz de las uñas podemos leer algo de lo bueno e interesante que se publica"
En fin, después de un par de consejos más (por ejemplo, para lavar los platos en caso de que no se consiga una negra: "Pueden dejarse en un fuentón con una cucharada de amoníaco") ya se larga con las recetas. Estoy esperando a que Parrilla me mande las fotos digitales (no quiso prestarme el libro) de algunas, sobre todo de una que me llamó poderosamente la atención y que se llama "Chupé a la peruana". Aunque, por el tono general del libro, no creo que se refiera a algo sexual, sino más bien al secuestro y tortura de la mencionada peruana del orto. Lo único que podemos pedir es:
Aparición con vida de Juanita


* Guti ya tiene computadora. Cuando aprenda cómo encenderla por ahí hasta abre un blog.

viernes, octubre 27, 2006

El Chozno... (Parte Final)

Dionisio:
“Me tomé un breve descanso
que espero sepa entender
y si no hágamelo saber
y otra versión saldrá sola:
me crucé con una trola
que dijo ser su mujer”

“No está muy clara mi mente
para jugar con las rimas,
tomaría Cafiaspirina
pero [frase ininteligible]
Así que sírvanme un vino
[frase ininteligible]…a su prima”

“Pero no me he de achicar
Aunque vengan degollando
Y ya mismo le estoy preguntando
[eructo] Perdón…
Digamé…uugh [flato estruendoso]
mm…? [caída con rotura de vasos]


VII
“No me agarren de los pelos
Que me levanto bien pronto
Pa’ que sepan tengo decoro…
Pero…no decoro tortas…
Aunque lo haría…si las tortas…
Me hacen un show a mí solo”

“Me alejé un tanto del tema
que le quería preguntar
pero ya me voy a acordar
y le cedo mientras tanto
el turno para su canto…
Si igual le voy a ganar”


VIII
El Diablo:
"Su situación es lamentable
Y no me quisiera abusar
Más bien lo voy a ayudar
Con un tema que conoce
Y para mí será un goce
Lo que pueda contestar"

"Le pregunto por el vino
Porque dicen que es la sangre
De Uno para mí Innombrable,
Con el que tengo diferencias,
A ver si usté con su ciencia
Puede por fin aclararme"

"Es para mí un gran misterio
Que siendo la sangre de Ese
Además de rojo, a veces
Pueda ser de otro color
El asunto tiene mal olor,
Digamé qué le parece…"

IX
Dionisio:
¡¡¡Ahijuna que sos ladino,
Juan Sin Chota o como sea!!!
¡El alma me vibra entera
Con lo que acabás de decir…!
Por eso me vía servir
Un vasito… por la apnea

“Nuestro Señor Jesucristo
En su Divina Providencia
Dejó tan pródiga herencia
Pa’ nosotros los mortales,
Y uvas de tantos varietales
Pa’ recordar su presencia”

“Así es como el vino blanco
Representa Su sudor,
El rosado Su candor,
Su dulzura el torrontés,
Y el clarete si querés
Es el Ojete de Dios”


X
Otra vez se armó quilombo
En el festejo posterior:
Dionisio le acomodó
Un cross de izquierda al Maligno,
Empezó a cantar el Himno
Y a gritar “Viva Perón”

XI
Se calmó después de un rato
Y la gente lo vitoreaba
Porque tal vez maliciaba
Que Dionisio iba a poder
A Mefistófeles vencer
Si en la pregunta acertaba

Dionisio se persignó
Y pareció concentrarse
Como si adentro buscase
La luz de la inspiración,
Por fin los ojos abrió
Y esto pudo escucharse:

Dionisio:
“Ha dicho que de ciertas cosas
usté no puede ni hablar
Yo le quería preguntar
por un deporte muy nuestro
en el que brilló un Maestro
muy difícil de igualar”

«Diego Armando Maradona,
Me pongo de pie al nombrarlo,
Le hizo un gol con la mano
A los piratas ingleses,
Yo quiero que me conteste
Con esatitú y bien claro:

¿Cómo es que le pusieron
a ese gol de aquella vez?
Yo también lo ayudaré
Y sólo deberá completar
La frase que dejo acá:
Le dicen “La mano de…” (1)

Demudóse el rostro cruel
De Belcebú con la propuesta
Como si le fuera impuesta
La cruz a un poseído,
Soltó un pavoroso alarido
Y arrancó todas las cuerdas


XII
“Nunca fui buen perdedor,
No aguanto bien el fracaso,
Pero quiero en este caso
Felicitarlo de veras,
Vaya mi admiración sincera…
Y el segundo fue un golazo”

Así pues se despidieron
Dionisio y el Angel Caído
Y por donde había venido
Mandinga se fue callado
Sin truenos ni vientos raros
Y con aspecto dolido

“Una vuelta para todos”,
dijo Dionisio sonriente,
y se frenó de repente
como si se hubiera recordado:
“Y claro…es un amargado,
si es hincha de Independiente”

XIII
Termina así la relación
De aquel encuentro glorioso
Más un suceso luctuoso
Empañaría la fiesta
Pues a Dionisio en la siesta
Le dio un malestar doloroso

Y lo internaron de urgencia
Sin tiempo para perder
Y se murió al anochecer
“De algo raro”, dijo un dotór,
El médico que lo operó
Era un tal Luis Cifér…

Fin

(1) "La mano de Dios"

jueves, octubre 26, 2006

El chozno de Santos Vega

(Payada Infernalmente Larga)
I
Dionisio era un gaucho joven
De recio porte campero,
Pero era muy quilombero
Cuando chupaba ginebra,
Muy cargoso con las hembras,
Peleador y milonguero,

Buen asador de vacunos,
Guitarrero, poeta y cantor,
Gran jinete y domador,
Hijo amoroso, buen amigo,
Un claro descendiente, digo,
De Santos Vega el payador

Y como a Vega a Dionisio
Lo alcanzó la adversidad
Y lo tuvo que enfrentar
Al Malo en una payada,
Una umbría madrugada
Que pasamos a relatar

La pulpería del pueblo
Fue el escenario piojoso
Del aquel encuentro grandioso
Con estilos tan marcados
El uno tan limitado
Y el Otro tan Poderoso
II
Bebía Dionisio templando
Su instrumento musical
Cuando un violento huracán
Dentró alborotando todo,
Y, como brasas, unos ojos
Recorrieron el lugar

“Pido permiso a la concurrencia”,
Dijo un acento temible
“Quisiera entrar, y decirles
Algunas cuantas verdades
Que traigo de las Profundidades
Y que debieran servirles”

Algunos se persignaron,
Otros quisieron huir,
Y sobre todo al oír
Que Dionisio contestaba
“Pase nomás, que faltaba
Un puto de otro país”

El forastero dentró
Entre truenos y centellas,
Como si no le hiciera mella
Lo que Dionisio dijera,
“Está hablando la ginebra,
Mejor suelta la botella”

“Vení a sacármela vos,
Reputazo mal culiado,
Se nota que estás cagado
Por la voz, y como dijo Farías:
Para “vos” no hay como la mía,
Callate y seguí chupando”

Creció un murmullo aterrado
Mientras Dionisio putiaba
Porque a naides escapaba
Que el extranjero era Aquel
Con quien se tenían que ver
Los que el Cielo rechazaba

Más Dionisio en su embriaguez
Pidió una vuelta de patero
Hizo en la guitarra un rasgueo,
Escupió adentro del plato,
Y soltó un sonoro flato
Que dispersó con el sombrero

Aquello pareció disgustar
Al Diablo, que se acercó
Y en una silla se sentó
Enfrentando al insolente
Se hizo silencio de repente
Y ahí comenzó la función
III
“Aquí me pongo a cantar
Al compás de la vigüela
Y como sé que se espera
El nombre del que la toca
Les diré que Juan Sin Ropa
Me han llamado aquí una güelta”

Al escuchar aquel nombre
La gente gimió lastimera
Pues recordaba con pena
El nombre del payador
Aquel que un día venció
Al famoso Santos Vega

Pero Dionisio se rió
Y con el tono más duro
Le dijo “Ahora no dudo
De mi primera impresión
Vos, Sin Ropa, maricón
Sos un travesti seguro”

“El nombre no tiene importancia”,
Dijo el otro muy tajante,
“Lo que importa es el talante
Del que me quiera vencer
Lo ha intentado desde Goethe
Hasta Sbaraglia el Garante ”

“A mi me importa un carajo
lo que hizo ese Sbaraglia
no le conozco la labia
Y menos a Guét, que lo inoro
Guét, vidét o inodoro
No le usamos en la Pampa”

“Ya está bueno de pavadas”,
Dijo el Diablo con desdén
“Acordemos que a cada quien
le tocará preguntar
si acertara a contestar
lo que le inquieran a su vez”

“No entendí nada, pero vamos,
Y algo habrá de salir,
Bicho asqueroso la lumbríz,
Aunque no me viene al caso,
Me lleno de nuevo el vaso,
Y le hablo…a ver…de París…”
IV
El Diablo:
“Me sentiré muy honrado
Si se digna a contestar
Según le indique su pensar
Que me figuro muy claro:
Digamé lo que es el Pecado
Y qué le puede pasar”

Dionisio:
“El pescado es un animal
Que vive mayormente al agua,
Aunque usté con una caña
Podría hacerlo subir
Con un ganchito y la lumbríz
Que hace un rato mencionaba”

Aquí hubo una discusión
Porque Sin Ropa decía
Que nada que ver tenía
La respuesta de Dionisio
Con la pregunta que él hizo
Y que no correspondía

Encima Dionisio ni oía
Y con todos festejaba
La camiseta se levantaba
Y de arriba de la mesa
Le escupía la cabeza
Y hacía cortes de manga
V
“Ahora me toca a mí,
pero sabrán disculpar
primero me viá lavar
la cara en el bebedero
de los caballos, y luego
vuelvo aquí a repreguntar”

Y diciendo esas palabras
Salió de la pulpería
Y viendo que no volvía
Lo salieron a buscar
Y lo tuvieron que despertar
Porque Dionisio dormía

Abrazado a su caballo
De pie aunque algo torcido
Profundamente dormido
Y roncando con esmero,
Una pata en el bebedero
Y la otra en el estribo

Un poco lo sopapearon
Hasta que abrió un solo ojo
Lo metieron en remojo
Y lo ventilaron un rato
Hasta que dijo “Carajo,
Me están enfriando todo”
VI
Y cuando volvieron a entrar
Trayendo a Dionisio al ruedo
Hubo un aplauso sincero
Pues la gente se animaba
Y a Satanás le molestaba
Que no le tuvieran miedo

Dionisio:
“Me tomé un breve descanso
que espero sepa entender
y si no hágamelo saber
y otra versión saldrá sola:
me crucé con una trola
que dijo ser su mujer”

IR A LA SEGUNDA (Y ULTIMA) PARTE

viernes, octubre 20, 2006

Google Earth

Un software interesante, gratuito y fácil de manejar. Ideal para los que no podemos viajar mucho por cuestiones de presupuesto. Por ejemplo: yo, a la tarde, me fui a Mykonos, que no conocía.





El soft también permite cambiar el ángulo de observación y respeta (no sé con cuánta exactitud) la topografía. Che, parece lindo Mykonos.


Definitivamente: se pueden encontrar cosas maravillosas en el Google Earth...

miércoles, octubre 18, 2006

Los herederos


El acto menos nocivo de un emperador es nombrar al sucesor; distinguirlo fehacientemente y con mano firme, ungirlo sin ambigüedades, entregarle el anillo para que el resto de aspirantes claudique en sus ambiciones. El Rey ha muerto y Viva el Rey: un remache en caliente. Tal vez ahí rueden algunas cabezas. No es elegante pero es lo menos nocivo, serán pocas y el resto respirará aliviado.
Pero el heredero debe ser señalado por aquel que todavía manda. No hacerlo es negligencia, es descalificar a todos para siempre. Es, tal vez, pretender inmortalizarse en la desgracia porque nadie va a poder reemplazarlo con legitimidad y eso trae líos.
El General nombró como único heredero al pueblo, y todos los delfines se sintieron íntimamente designados. Sólo había que resolver cómo aplastar a los advenedizos, para que los auténticos, los de la primera hora, los legítimos, ni yankees ni marxistas ni nada, en fin, los verdaderos de verdad, pudieran cumplir con el mandato del Líder: cosa complicada.

Diluidos los ideales, atomizados los objetivos, modificada la letra de la Marcha, la prioridad pasa por acomodarse a las piñas para salir en la foto; unificados en nada, amontonados por interés, apoyados por oligarcas y/o también por revolú a la marchanta, todos se declaran herederos, únicos herederos; demócratas si hay garantía de triunfo, opositores con tendencia al saqueo, respetuosos de las ideas propias; fieles, creyentes, apóstoles, mesiánicos, fanáticos. Místicos pero iconoclastas: ni ante el féretro del General dejaron de amasijarse.
Difíciles de manejar para un cadáver sin manos.

Se comenta por ahí que el traslado y deificación de los restos obedece al terror al Síndrome de Marta Holgado: imaginate los resultados si a cada uno de los que se declaran herederos le hicieran el ADN...

domingo, octubre 15, 2006

Mucho Diálogo

Ejercicio de Taller.
Antes de la cena
- Debo decirte algo importante - dijo la chica.
- ¿Ahora? – preguntó el viejo
- Sí, ahora.
- Pues dilo.
- Me marcho de esta casa.
El viejo la miró y la chica vio dolor auténtico en sus ojos. Y a ella también se le quebró algo dentro y a su pesar se le humedecieron los ojos.
- De modo que era eso – dijo el viejo, tratando de recuperarse -. Sabía que algo planeabas. Si quieres un poco de efectivo…
- No te preocupes que no voy a pedirte dinero.
- ¿Cuándo piensas irte?
- Todavía no lo he decidido, estoy un poco confundida.
- Podrías subir más tarde, un rato, para que charlemos.
- No, gracias, no necesito esa clase de ayuda – dijo la muchacha.
- Me refiero a hablar como amigos, ya sabes.
- ¿Amigos? Tú no eres mi amigo, tú eres sólo basura.
- Escucha, no digas eso…
- No creas que me voy por miedo. Es sólo que ya no aguanto esta casa.
- ¿Y adónde vas?
- Eso no voy a decírtelo. No voy a decírselo a nadie…
- Tu madre…
- Ella no sabe nada, no me dejaría hacerlo, tú la conoces.
- Sí – el viejo se quedó un momento pensativo - ¿Y por qué te has molestado en avisarme a mí?
- No lo sé. Supongo que para que sufras.
- Me hará mucho daño no tenerte.
- Cierra esa boca sucia. No te atrevas a decir cosas así.
- Pero es cierto. – dijo el viejo con voz ronca y bajó la cabeza. Al instante ella pudo oír un débil sollozo.
- Deja eso, viejo. No me conmueven tus lamentos, sé muy bien la clase de basura que eres.
- Amy, por favor, no digas eso.
- Basura, eso es lo que eres.
Desde la cocina les llegaron los ruidos que hacía la madre de la muchacha. Destapaba ollas y estaba golpeando en una tabla mientras tarareaba la música de la radio. Casi anochecía.
- Ella debería saberlo – dijo el viejo.
- No, es mejor así. Mis cosas no le importan, de todos modos.
- Tu madre te quiere, Amy.
- Pues se ha cuidado muy bien de no demostrarlo. Te ha preferido a ti, que eres una basura.
- No, no…
- ¿Ahora dirás que tú también me quieres? Es el colmo…
La madre entró a la pequeña sala secándose las manos en el delantal. Sonreía distraídamente y no pareció darse cuenta de la seriedad de ellos dos.
- Ya falta poco – dijo y se sentó en el apoyabrazos al lado del viejo. - ¿De qué hablaban?
- De béisbol – dijo la muchacha y se dirigió a la cocina. Temblaba sin control y cuando quiso tomar un vaso estuvo a punto de dejarlo caer al suelo. Aspiró profundamente y llenó el vaso con agua de la canilla. Las ollas hervían armoniosamente y las fragancias de la cena la hicieron sentir peor. Las lágrimas corrieron incontenibles y ella sintió deseos de gritar. Él debería irse y no ella. El monstruo era quien debía irse, aprovechar que no había sido delatado, dar gracias por eso e irse. Debería haberle contado todo a mi madre, pensó. Pero lo había intentado y ella nunca quiso escucharla o eso creía Amy. Su madre parecía desviar la conversación o incluso era francamente acusadora cuando ella…
- Debería haberlo intentado mucho más, muchas veces más, ahora mismo…
- Amy, ven aquí inmediatamente – dijo su madre desde la sala. Era extraño, pero la orden tenía un tono de buen humor incomprensible. Se secó los ojos y fue al encuentro de los viejos.
- Amy, ¿por qué no me lo dijiste? – su madre parecía encantada.
- ¿Decir qué?
- Que piensas mudarte, John acaba de contármelo.
- Bueno, eso…
- Es magnífico, te hará muy bien – dijo la madre.
- Mamá, aún no lo decido…
- Oh…Bien… - su madre miró al viejo y éste se encogió de hombros. Amy sintió deseos de golpear a ambos. No entendía ese simulacro de charla de familia, esa mala parodia de padres que aconsejan y sobre todo no entendía por qué su madre parecía tan dispuesta a dejarla ir. Más que eso: la estaba empujando para que se fuera. ¿Ella le estorbaba, entonces?
- Creí que te disgustaría – dijo Amy.
- Querida, es lo más natural – dijo su madre.
- Te pedí que no se lo dijeras – Amy miró al viejo muy seriamente
- Creo que sería un error que te marcharas ahora – dijo él y su mirada tenía un brillo de complicidad.
- Tú no decides en mis cosas – dijo la chica. Pero por lo menos él parecía desear que se quedara, no como su madre…
- Amy, tarde o temprano deberás seguir tu camino – siguió diciendo la vieja.
- Aún me faltan dos años para la universidad, madre.
- Es cierto… -dijo el viejo.
- Y tal vez ni siquiera quiera ir a la universidad.
- Bueno, como sea – dijo la madre levantándose – En un rato estará lista la cena.
- Pareces muy interesada en que me vaya.
- Amy, por favor.
- Nadie quiere que te vayas – dijo el viejo.
- Claro, claro – dijo la madre.
- Ustedes me enferman - dijo Amy, saliendo para ir al baño. –Me iré pronto.
- No lo harás - escuchó que decía el viejo a sus espaldas. Y su madre, riendo:
- Déjala en paz, John.

Las ollas hervían y seguían hirviendo, como siempre a esa hora en casa de Amy.
17/10/2006 Durante la cena (*)

Se habían sentado como siempre, su madre en la cabecera y ellos enfrentados. El viejo le dirigía de vez en cuando una rápida mirada y cuando ella se la sostenía él bajaba la vista al plato inmediatamente.
- Deja de mirarme – le dijo Amy al viejo.
- Amy, compórtate en la mesa – dijo su madre.
- Díselo a él. Me molesta como me mira.
- No te he mirado en absoluto – dijo el viejo.
- No discutiremos durante la cena – dijo la madre y enseguida sonrió - ¿Han oído quién vendrá pronto?
Seguramente, pensó Amy, su madre hablaba de algún cantante que haría su pasada por el pueblo. Intentó cerrar los oídos a lo que vendría a continuación.
- Billy White vendrá en junio, y con toda su banda. No como hizo en Denver, que se presentó solo y cantó sobre una grabación. Creo que timaron a los de Denver, eso es lo que pienso.
- Billy White es un timo con o sin banda. Jesús, yo canto más afinado cuando me baño…
- Oh, no hablas en serio, John. Es muy dulce, y tiene esas hermosas canciones, ya sabes, tan románticas… Amy, ¿te gustaría acompañarnos a verlo?
- No – dijo Amy - . Tal vez ni esté aquí en Junio, de todos modos.
- ¿Vuelves con eso? ¿Entonces sí piensas irte?
- Siempre pienso en eso. Desde hace mucho tiempo.
- Niña – dijo la madre - , no seas insolente. Si quieres irte, adelante. Pero no intentes aparecer como una víctima, como si…
- Cálmate. – dijo el viejo.
- Pero es que todo tiene un límite, ¿verdad? – su madre se veía exaltada por demás. Tenía la cara roja y hablaba casi gritando. Le dijo a Amy: - Si lo piensas desde hace mucho ya deberías haberte ido, entonces. Aquí nadie te retiene, ¿me oyes?
- Rose, por favor… -pidió el viejo.
- Es que no voy a soportar esto, John.
- Debí haberme ido hace mucho tiempo, en eso tienes razón. Debí haberme escapado corriendo cuando…
- Guarda silencio, niña – dijo su madre con los dientes apretados. Acercó el rostro al de Amy y algunas gotas de saliva mojaron a la muchacha cuando le espetó: – Todos tenemos cosas que es mejor callar, ¿no es cierto?
Era un comportamiento extraño en su madre. En general rehuía cualquier tipo de enfrentamiento directo, y aunque ahora parecía querer dar por terminado el tema, la violencia del tono le permitía a Amy dejarse ir también, si quisiera, salirse por un rato de los esquemas impuestos y dejar que aflore todo. Sintió que el viejo la pateaba por debajo de la mesa y eso la desconcentró por un momento.
- El que esté libre de pecado que arroje la primera piedra, dice el Evangelio. Y no creo que ese sea tu caso precisamente, Amy.
- No tienes idea de lo que hablas – dijo Amy conmovida. – Eres tan horrible… - Ahora el pie del viejo había dejado de patearla y jugaba a pisarla suavemente. Por un instante se subía a su pie y salía de ahí enseguida, y volvía a subirse al momento siguiente. Era enloquecedor.
- Todos somos pecadores – dijo el viejo mirando a la madre. No dejaba de tocar el pie de Amy y ella parecía no poder moverlo.
- Así es, querido.
- Ahora cálmate, Rose.
- Lo haré, sí…
- Amy no pretendía desafiarte.
- Lo sé, tal vez fui muy brusca. Pero sabes que no me he sentido bien últimamente.
- Debes descansar más, ya te lo he dicho.
- Me siento muy cansada a veces.
- Es por tu problema, deberías ver al médico.
- Iré la próxima semana.
- Eso estará muy bien. – El viejo pisó a Amy con fuerza y ella tuvo que contener un grito. La miró directo a los ojos. – Amy se ocupará de todos tus quehaceres.
- No lo haré – dijo la chica al borde del llanto.
- Será sólo hasta que el doctor diga que tu madre se encuentra mejor, Amy.
- ¡Ella no tiene nada, y lo sabes!
- Por supuesto que tengo, qué clase de locura…
- Amy, estás siendo impertinente y mentirosa.
- Es una bruja, John… - dijo la madre.
- Cerdos – dijo Amy con suavidad, y comenzó a llorar silenciosamente.
- ¿Qué es lo que has dicho? – su madre se levantó con el brazo en alto.
- Rose, siéntate – dijo el viejo tomando la mano de la mujer -. Por favor, querida. Siéntate.
- John…- la madre también sollozaba.
- Ya cálmense. Todos estamos un poco nerviosos hoy. Y se me ha enfriado la cena, ¿alguien escuchará mi queja? – el viejo le sonrió a la mujer y ella se levantó de inmediato tomando el plato de él. Miró a la hija por un instante, pero luego tomó su propio plato y se fue hacia la cocina.
- Amy, ¿qué intentas hacer?
- Voy a decirle todo lo que se me ocurra, todo es cierto y ella no está enferma. Está loca, y tú también. Ambos están locos y ya no sé quién es peor.
- Pero sí está enferma.
- No, lo hace para darte lástima. Se hace la enferma cuando no quiere escuchar o para que le tengan lástima. El médico no le encuentra nada, ¿verdad?
- Hay enfermedades así, Amy…
- Ella no está enferma, tal vez esté loca pero no tiene nada en su maldito cuerpo.
- Escucha, debemos cuidar de ella, los dos.
- Eres tan bondadoso, John – dijo Amy con ironía -. Eres un encanto, en serio.
- Amy, no sigas diciendo que te irás.
- Pero lo haré, John – Amy pronunció el nombre imitando a su madre -. He estado pensando que buscaré a mi padre, ¿qué te parece eso, John?
- Tu padre. Estaría muy mal eso, Amy.
- ¿Según quién, John? ¿El Evangelio de mi madre?
- Tu padre las abandonó a ambas, Amy. Ya lo sabes.
- No me extraña que abandonara a mi madre. Yo lo haré también.
- Voy a suicidarme si lo haces.
- Me gustaría ver eso. Procura matar antes a mi madre, ¿quieres?
- Lo digo en serio.
- Sí que eres desagradable, John. Me gustaría que Rose escuchara las cosas que dices cuando estamos solos.
- Podría matarla, si me lo pidieras en serio.
- Hazlo - dijo Amy, y ambos quedaron callados. Al cabo de un rato, ella se levantó –. Maldito seas.
(*) Agarrada definitivamente la canaleta, esto puede continuar con Después de la cena, A los postres, Con el cafecito, etc.

martes, octubre 10, 2006

12 de Octubre

Declaración del Cacique Guaicaipuro Cuactémoc Atahualpa Lautaro en la reunión de Jefes de Estado de la Comunidad Europea (08/02/2002) *

"...Aquí pues yo, Guaicaipuro Cuatémoc he venido a encontrar a los que celebran el encuentro.
Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América hace cuarenta mil años, he venido a encontrar a los que la encontraron hace solo quinientos años.
Aquí pues, nos encontramos todos.
Sabemos lo que somos, y es bastante. Nunca tendremos otra cosa.

El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder descubrir a los que me descubrieron.
El hermano usurero europeo me pide pago de una deuda contraída por Judas, a quien nunca autorice a venderme.
El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con intereses, aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles consentimiento.

Yo los voy descubriendo. También yo puedo reclamar pagos y también puedo reclamar intereses. Consta en el Archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo y firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a Sanlúcar de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América.

¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque sería pensar que los hermanos cristianos faltaron a su Séptimo Mandamiento.
¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de figurarme que los europeos, como Caín, matan y niegan la sangre de su hermano!
¿Genocidio? Eso seria dar crédito a los calumniadores, como Bartolomé de las Casas, que califican al encuentro como de destrucción de las Indias, o a ultrosos como Arturo Uslar Pietri, que afirma que el arranque del capitalismo y la actual civilización europea se deben a la inundación de metales preciosos!

¡No! Esos 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata deben ser considerados como el primero de muchos otros préstamos amigables de América, destinados al desarrollo de Europa. Lo contrario seria presumir la existencia de crímenes de guerra, lo que daría derecho no solo a exigir devolución inmediata, sino la indemnización por daños y perjuicios.

Yo, Guaicaipuro Cuatemoc, prefiero pensar en la menos ofensiva de estas hipótesis.
Tan fabulosa exportación de capitales no fueron más que el inicio de un plan "Marshalltezuma", para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, creadores del álgebra, el baño cotidiano y otros logros superiores de la civilización.

Por eso, al celebrar el Quinto Centenario del Empréstito, podremos preguntarnos: ¿han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable o por lo menos productivo de los fondos tan generosamente adelantados por el Fondo Indoamericano Internacional?
Deploramos decir que no.

En lo estratégico, lo dilapidaron en las batallas de Lepanto, en armadas invencibles, en terceros reichs y otras formas de exterminio mutuo, sin otro destino que terminar ocupados por las tropas gringas de la OTAN, como en Panamá, pero sin canal.
En lo financiero, han sido incapaces, después de una moratoria de 500 años, tanto de cancelar el capital y sus intereses, cuanto de independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta y provee todo el Tercer Mundo.
Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman según la cual una economía subsidiada jamás puede funcionar y nos obliga a reclamarles, para su propio bien, el pago del capital y los intereses, que tan generosamente hemos demorado todos estos siglos en cobrar.
Al decir esto, aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarle a nuestros hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas del 20 y hasta el 30 por ciento de interés, que en ocasiones los hermanos europeos les cobran a los pueblos del Tercer Mundo.

Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo del 10 por ciento, acumulado sólo durante los últimos 300 años, con 200 años de gracia.
Sobre esta base, y aplicando la fórmula europea del interés compuesto, informamos a los descubridores que nos deben, como primer pago de su deuda, una masa de 484.147 Billones de kilos de oro y 42 Trillones de kilos de plata.

Es decir, masas que hoy equivalen a 212.345 millones de veces la producción mundial de oro por año, y 3.164 Billones de veces la de plata. El total también corresponde al 70% de toda la corteza terrestre, o al 0,7% de todo el planeta.
Muy pesadas son esas moles de oro y plata. ¿Cuanto pesarían, calculadas en sangre?

Aducir que Europa, en medio milenio, no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar ese módico interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo.
Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los indoamericanos.

Pero sí exigimos la firma de una Carta de Intención que discipline a los pueblos deudores del Viejo Continente; y que los obligue a cumplir su compromiso mediante una pronta privatización o reconversión de Europa, que les permita entregárnosla entera, como primer pago de la deuda histórica..."
.
..
.
* Realmente ignoro si este texto ha tenido el origen que indica el titular, pero su contenido es cierto, la crítica a los europeos justificada y la redacción tan ingeniosa que merece ser leído y difundido.

viernes, octubre 06, 2006

Cuento cortísimo

Réquiem

Sintió miedo, porque pensó que ahora él era un fantasma completo, un espectro que podría visitarla una noche si quisiera, sin necesidad de que ella estuviera dormida ni permiso de ninguna clase.
Y sin embargo, antes, ella nunca había conseguido soñarlo por las noches: pasaba el día entero soñando despierta con él, pero en los sueños reales (el oxímoron la hizo sonreír un poco, pero seguía con miedo) él nunca había aparecido. Claro que ella se daba cuenta de que eso era lógico, pero de todas formas la permanente ausencia de él durante sus noches la fastidiaba. Antes la fastidiaba. Ahora era preferible que nunca apareciera.
Para calmarse, y por placer, recordó los buenos momentos que él le había hecho pasar, las innumerables veces que ella tuvo que contener la risa para no despertar a sus padres; él la había hecho divertir, y reflexionar también. Y le había permitido vislumbrar un mundo desconocido a través de sus relatos, un mundo viril de bares y gente mayor que decía y hacía cosas raras, tan distintas a su vida de adolescente un poco sobreprotegida.
Ella deseó muchas veces encontrar algo bueno para decirle y algunas veces estuvo a punto de hacerlo, pero a último momento le había parecido una tontería y se había quedado callada. Otra vez la imagen la hizo sonreír: era curioso como su mente acomodaba las cosas y les daba una intensidad, un realismo que nunca tuvieron. O tal vez sí, pero era por lo menos inexacto, ella no se había quedado callada, aunque tampoco había podido hablarle. Y menos ahora, que él se había ido para siempre.

Pero sí hubiera podido escribirle, dejarle un comentario aunque sea baladí para que él lo leyera, y tal vez le respondiera.
Pero ahora era tarde.
Cada vez que intentaba abrir el blog de él, aparecía la leyenda:
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.
.
Dedicado al Yaya (El Simón dice), mi primer cadáver blogueril.