
viernes, junio 26, 2009
martes, junio 23, 2009
Fotos
A mí también me toca desmantelar la casa de mi madre,
y encontrar fotos viejas y preguntarme cosas como: ¿Cuántas personas puede ser uno en el transcurso de su vida?
espaldas (y varios más de esa época) siguen siendo mis amigos
Período Mañanas Campestres.
Tampa en el '94, cuando fui a ver a Pink Floyd
Y hace poquito, que me fui a Córdoba, y casi voy a ver a Trula...
miércoles, junio 17, 2009
Jetón
Mis nuevos jefes son españoles. Viene Fulano de Tal, que es como el capo de sistemas en España. Hablamos mucho de laburo: pide cosas y obtiene respuestas al toque. Se afloja, intercambiamos opiniones, siempre hablamos de sistemas, todo el día. Incluso se desayuna de algunas cosas que no tenía tan claras. Al parecer el tipo está bastante conforme en ese punto, así que se larga a hablar de otros temas. Hablamos de los países, hablamos de su primera visita a la Argentina. Me dice:
- Me ha sorprendido que en barrios bonitos las aceras estén tan deterioradas, por ejemplo.
(¿Dijo “barrios”? No estoy seguro, pero la idea era esa).
Le digo que sí, que es una pena. Acepto que somos medio descuidados. Me habla de las mujeres argentinas. Coincidencia total. No es ningún boludo el gallego. Pasamos a la política.
Me dice que allá básicamente hay dos partidos: izquierdas y derechas. Y un grupo de partidos menores que acaban apoyando a unos o a otros. Pero hay alternancias, y la derecha favorece a los obreros y la izquierda a los empresarios si cuadra, si es necesario, si viene al caso, si es bueno para el país.
Me dice que hay reelección por otro período y basta: 8 años máximo. Me cae bien el Manolo, pero hay un tonito, una cierta suficiencia…
Me cuenta otras cosas. Que el periodismo funciona bastante bien, que responden a intereses económicos, pero que al final ningún chanchullo se tapa por mucho tiempo: hasta por intereses económicos es mejor no apoyar a los demasiado corruptos.
Me dice que allá básicamente hay dos partidos: izquierdas y derechas. Y un grupo de partidos menores que acaban apoyando a unos o a otros. Pero hay alternancias, y la derecha favorece a los obreros y la izquierda a los empresarios si cuadra, si es necesario, si viene al caso, si es bueno para el país.
Me dice que hay reelección por otro período y basta: 8 años máximo. Me cae bien el Manolo, pero hay un tonito, una cierta suficiencia…
Me cuenta otras cosas. Que el periodismo funciona bastante bien, que responden a intereses económicos, pero que al final ningún chanchullo se tapa por mucho tiempo: hasta por intereses económicos es mejor no apoyar a los demasiado corruptos.
Que los del sur de España son más de la joda, por el clima. Pero que ellos, los catalanes, se la pasan laburando como locos, y bien contentos.
Son como las nueve de la noche. A esta altura ya me duele un poco la cabeza.
Hablamos de los inmigrantes, especialmente de los argentinos. Me dice cosas que seguramente son ciertas, porque somos bastante así como me cuenta Fulano de Catalunya. Nos reímos bastante, él se afloja más, tanto como para intentar el famoso chiste:
- ¿Sabes cuál es el gran negocio con los argentinos?
Le digo que sí, que lo conozco. No quiero que me lo cuente, son como las nueve y media y estoy cansado. Se me mezclan las veredas (las “aceras”) descuidadas, los políticos nacionales de mierda, las leyes españolas de extranjería y el chiste del ego grande, y cometo el peor fallido para cometer con alguien que probablemente sea tu futuro supervisor: hago el chiste inverso que me han contado hace poco.
Le digo:
- Pero ahora hay otro chiste circulando por España, ¿no?
- No lo sé – duda Manolo, pero se predispone a divertirse -..., ¿Cuál?
- Uno que dice: “Nunca contrates a un argentino, porque en seis meses será tu jefe”…
Se ríe, pero al rato da por terminada la reunión un poco abruptamente, y yo me voy pensando en ser un poco menos jetón en la reunion de mañana: tengo la cabeza como el bombo del Tula un 17 de octubre…algo bien argentino, digamos.
miércoles, junio 10, 2009
Ideas Falsas
Alejandro Rozitchner, al margen de conocerlo personalmente y de no coincidir con muchas de sus ideas políticas (1), es un filósofo que respeto y valoro sobre todo por su posición libre de preconceptos rígidos. A continuación un artículo de hoy en el Cronista, que me ha gustado mucho.
Ideas Falsas del mundo intelectual
Por Alejandro Rozitchner
Los intelectuales hacen falta. ¿Para? Para parir sentidos. Para ayudar a pensar, a crear planteos y abordajes, a generar nuevos enfoques. Para servir, de esas formas, a la vida siempre renovada. Para aportar a una sociedad el vuelo de crecimiento abstracto sin el cual las sociedades se empantanan. A continuación voy a enumerar y aclarar algunos de los preconceptos que dan lugar a una intelectualidad menos potente de lo que sería deseable. Son las ideas falsas que limitan el alcance y la potencia de nuestro mundo intelectual.
1. La inteligencia es pensamiento crítico: se cree que el rasgo central de la capacidad de pensar es la posibilidad de criticar lo dado. Este concepto falla por dos lados. Cuando la crítica es mera expresión de negatividad, plantea una posición reactiva. Y cuando la crítica es observación objetiva (crítica no quiere decir hablar mal de algo) de todas maneras tiene un aspecto empobrecedor: supone la perspectiva de un juicio necesario y de una objetividad de base. Al mundo no hay que enjuiciarlo, hay que quererlo. No hay que buscar desarrollar ‘pensamiento crítico‘, hay que buscar generar entusiasmo, cuna del hacer y del crear. Sí, la crítica de todas maneras ocupa un lugar en el movimiento de la inteligencia: pero uno secundario, no el lugar de reina que ocupa hoy.
2. El hombre es un paso más allá de la animalidad (o: la cultura introduce un corte radical en la naturaleza). El mundo de la intelectualidad gusta de suponer que la cultura es un paso más allá del mundo animal. Pura ignorancia. La cultura es la naturaleza humana. Algo particular, pero no otra cosa que la naturaleza de siempre. Al proponer ese corte el intelectual busca ubicarse junto a los dioses. Actúa religiosamente.
3. Hay que citar todo lo posible (drop names: dejar caer nombres al hablar o al escribir). Como si al hacerlo uno se vistiera de culto. El intelectual que sirve piensa por sí mismo. Sí, charla con otros, al leerlos o al conversar, y puede mencionarlos, pero nunca en la forma maníaca habitual. Casi pareciera que no se puede pensar sin poner nombres lustrosos en el texto: idolatría de la peor, los grandes autores conforman una especie de santoral.
4. El poder del pensamiento propio se evidencia descalificando el pensamiento de otros. Como si la vida intelectual fuera un combate constante de posiciones que nos encerrara en un vacío. ¿Y la invención, la utilidad, la creatividad, la generación de respuestas a necesidades concretas?
5. Un sistema de ideas no desemboca nunca en un mundo a experimentar, siempre hace referencia a otro sistema. Es el truco de la academia: esto que Ud. dice, ¿qué tiene que ver con lo que dice este otro (notable)? ¿Y cómo lo diría tal otro? Las ideas deben ser cotejadas entre sí, y la prueba del mundo (si sirven o no, qué efectos generan) no aparece nunca. Tendría que hacerlo, y de manera constante.
6. Hay que gustar de cosas que gusten a pocos. Me refiero al cultivo de un signo de distinción intencional. Al rechazo a considerar valioso algo que pueda ser comprendido con sencillez por muchas personas. A la búsqueda intencional de una distinción artificial.
7. Toda complejidad vale. O podríamos decirlo al revés: la sencillez, la claridad, la certeza, la simplificación, son consideradas enemigas: siempre que algo pueda decirse de un modo más oscuro debe hacerse. Sí, hay cosas complejas, el trabajo es madurarlas hasta su claridad, no lo contrario.
8 Siempre es mejor sospechar que aceptar. Hay una glorificación de la duda. Dudar forma parte del proceso de adquisición de conocimiento y certeza: pero estos son los objetivos, no la duda misma. Cuando aparece la posibilidad de ver claro hay que aceptarla, es valiosa. El intelectual corriente prefiere introducir siempre un nuevo matiz de incertidumbre, no sea cosa que vaya a meterse en el mundo real y tenga que jugarse por algo.
9. Si hay una palabra que no sabemos qué quiere decir o una idea que no entendemos es mejor no preguntar que quiere decir sino disimular y tratar de que no se note. No es necesario ser sobrenatural. No hay por qué haber leído todo y conocer todos los términos de todos los problemas. Ese es casi un rasgo de estupidez, más que de inteligencia. Hay que ser capaz de decir con toda sencillez: eso no lo sé, no entiendo, ¿qué quiere decir esa palabra?
10. El origen es el momento más importante de una evolución cultural. Es un truco de intelectual común el de preferir siempre ir para atrás, considerar la experiencia pasada, no participar -a partir de deseos o necesidades propios- en el despliegue de mundos por venir. Cuando lo hace, igual prima la imagen del pasado, planteando ‘volver a’, o ‘reparar’ situaciones idas.
11. Las fotocopias dañan la cultura. La amenaza a la situación actual de los derechos de autor es considerada un peligro para la cultura, cuando sólo es una mutación del modelo de negocios, un cambio en la circulación de los contenidos. Generalmente defensores del status quo aun considerándose revolucionarios, los intelectuales están siempre a la zaga del movimiento desbordante del mundo.
12. Si sos intelectual, tenés que simpatizar con la izquierda. Y para completar decimos: o creer que lo que no es izquierda es derecha, el truco preferido del progresismo. El intelectual corriente no se anima a poner en cuestión el dogma buenista de la izquierda, se muere de miedo ante la posibilidad de ser acusado de derechista, o sea, excomulgado de la ‘buena sociedad de los bienpensantes’. Ignorancia, miedo, incapacidad, falsedad. Lindo panorama político.
(1) ¿Es necesaria la aclaración? ¿O es miedo a que crean que soy de derecha, como dice Alejandro en su artículo? No, es ganas de joderlo a Alejandro, nomás, porque él también hace aclaraciones pero al revés, cuando se trata de desligarse de la izquierda.
Y es recalcar que se puede valorar y respetar a alguien con quien se discute de política en forma casi irreconciliable.
Ideas Falsas del mundo intelectual
Por Alejandro Rozitchner
Los intelectuales hacen falta. ¿Para? Para parir sentidos. Para ayudar a pensar, a crear planteos y abordajes, a generar nuevos enfoques. Para servir, de esas formas, a la vida siempre renovada. Para aportar a una sociedad el vuelo de crecimiento abstracto sin el cual las sociedades se empantanan. A continuación voy a enumerar y aclarar algunos de los preconceptos que dan lugar a una intelectualidad menos potente de lo que sería deseable. Son las ideas falsas que limitan el alcance y la potencia de nuestro mundo intelectual.
1. La inteligencia es pensamiento crítico: se cree que el rasgo central de la capacidad de pensar es la posibilidad de criticar lo dado. Este concepto falla por dos lados. Cuando la crítica es mera expresión de negatividad, plantea una posición reactiva. Y cuando la crítica es observación objetiva (crítica no quiere decir hablar mal de algo) de todas maneras tiene un aspecto empobrecedor: supone la perspectiva de un juicio necesario y de una objetividad de base. Al mundo no hay que enjuiciarlo, hay que quererlo. No hay que buscar desarrollar ‘pensamiento crítico‘, hay que buscar generar entusiasmo, cuna del hacer y del crear. Sí, la crítica de todas maneras ocupa un lugar en el movimiento de la inteligencia: pero uno secundario, no el lugar de reina que ocupa hoy.
2. El hombre es un paso más allá de la animalidad (o: la cultura introduce un corte radical en la naturaleza). El mundo de la intelectualidad gusta de suponer que la cultura es un paso más allá del mundo animal. Pura ignorancia. La cultura es la naturaleza humana. Algo particular, pero no otra cosa que la naturaleza de siempre. Al proponer ese corte el intelectual busca ubicarse junto a los dioses. Actúa religiosamente.
3. Hay que citar todo lo posible (drop names: dejar caer nombres al hablar o al escribir). Como si al hacerlo uno se vistiera de culto. El intelectual que sirve piensa por sí mismo. Sí, charla con otros, al leerlos o al conversar, y puede mencionarlos, pero nunca en la forma maníaca habitual. Casi pareciera que no se puede pensar sin poner nombres lustrosos en el texto: idolatría de la peor, los grandes autores conforman una especie de santoral.
4. El poder del pensamiento propio se evidencia descalificando el pensamiento de otros. Como si la vida intelectual fuera un combate constante de posiciones que nos encerrara en un vacío. ¿Y la invención, la utilidad, la creatividad, la generación de respuestas a necesidades concretas?
5. Un sistema de ideas no desemboca nunca en un mundo a experimentar, siempre hace referencia a otro sistema. Es el truco de la academia: esto que Ud. dice, ¿qué tiene que ver con lo que dice este otro (notable)? ¿Y cómo lo diría tal otro? Las ideas deben ser cotejadas entre sí, y la prueba del mundo (si sirven o no, qué efectos generan) no aparece nunca. Tendría que hacerlo, y de manera constante.
6. Hay que gustar de cosas que gusten a pocos. Me refiero al cultivo de un signo de distinción intencional. Al rechazo a considerar valioso algo que pueda ser comprendido con sencillez por muchas personas. A la búsqueda intencional de una distinción artificial.
7. Toda complejidad vale. O podríamos decirlo al revés: la sencillez, la claridad, la certeza, la simplificación, son consideradas enemigas: siempre que algo pueda decirse de un modo más oscuro debe hacerse. Sí, hay cosas complejas, el trabajo es madurarlas hasta su claridad, no lo contrario.
8 Siempre es mejor sospechar que aceptar. Hay una glorificación de la duda. Dudar forma parte del proceso de adquisición de conocimiento y certeza: pero estos son los objetivos, no la duda misma. Cuando aparece la posibilidad de ver claro hay que aceptarla, es valiosa. El intelectual corriente prefiere introducir siempre un nuevo matiz de incertidumbre, no sea cosa que vaya a meterse en el mundo real y tenga que jugarse por algo.
9. Si hay una palabra que no sabemos qué quiere decir o una idea que no entendemos es mejor no preguntar que quiere decir sino disimular y tratar de que no se note. No es necesario ser sobrenatural. No hay por qué haber leído todo y conocer todos los términos de todos los problemas. Ese es casi un rasgo de estupidez, más que de inteligencia. Hay que ser capaz de decir con toda sencillez: eso no lo sé, no entiendo, ¿qué quiere decir esa palabra?
10. El origen es el momento más importante de una evolución cultural. Es un truco de intelectual común el de preferir siempre ir para atrás, considerar la experiencia pasada, no participar -a partir de deseos o necesidades propios- en el despliegue de mundos por venir. Cuando lo hace, igual prima la imagen del pasado, planteando ‘volver a’, o ‘reparar’ situaciones idas.
11. Las fotocopias dañan la cultura. La amenaza a la situación actual de los derechos de autor es considerada un peligro para la cultura, cuando sólo es una mutación del modelo de negocios, un cambio en la circulación de los contenidos. Generalmente defensores del status quo aun considerándose revolucionarios, los intelectuales están siempre a la zaga del movimiento desbordante del mundo.
12. Si sos intelectual, tenés que simpatizar con la izquierda. Y para completar decimos: o creer que lo que no es izquierda es derecha, el truco preferido del progresismo. El intelectual corriente no se anima a poner en cuestión el dogma buenista de la izquierda, se muere de miedo ante la posibilidad de ser acusado de derechista, o sea, excomulgado de la ‘buena sociedad de los bienpensantes’. Ignorancia, miedo, incapacidad, falsedad. Lindo panorama político.
(1) ¿Es necesaria la aclaración? ¿O es miedo a que crean que soy de derecha, como dice Alejandro en su artículo? No, es ganas de joderlo a Alejandro, nomás, porque él también hace aclaraciones pero al revés, cuando se trata de desligarse de la izquierda.
Y es recalcar que se puede valorar y respetar a alguien con quien se discute de política en forma casi irreconciliable.
domingo, junio 07, 2009
Recuerdos del Futuro

Una de las consecuencias de este mundo digital (tal vez la más nefasta), es que en el futuro quedará abolida para siempre la duda, la historia alternativa, el recuerdo embellecido, el hueco en el pasado rellenado por deducción o por puro deseo.
La posibilidad de registrar todo de forma fidedigna, la capacidad de almacenar terabytes de información en pequeños volúmenes, sean textos, imágenes o videos, arrasará para siempre con cualquier controversia futura.
Quedará abolida para siempre, también, nuestra capacidad mágica de modificar el pasado, y tal vez mejorar el presente y el futuro.
Un ejemplo burdo: los que andamos por la cuarentena crecimos admirando las proezas del wing derecho Oreste Osmar Corbatta, aunque nunca lo vimos jugar en vivo, ni siquiera vimos un video. Creímos lo que nos contaron nuestros mayores, y nos encantaba. Y por supuesto, Corbatta existía más como símbolo que como puntero derecho en sí. Hoy por hoy nadie necesita contarle a los hijos el segundo gol de Maradona a los ingleses: se lo puede mostrar directamente, analizar, superponer con el de Messi, establecer analogías y diferencias.
Pero tampoco se le pueden agregar más ingleses en el camino, o evitar que se caiga al final, o hacer que de veras lo mire a Valdano como dice Diego que lo miraba. No se lo puede mejorar de ninguna forma.
Y por desgracia, tampoco podemos hacer que el primer gol no lo haga con la mano…
Del cruce de los Andes, en todo caso oímos rumores de otra verdad, pero se lo ve tan bien a San Martín en los cuadros, altivo sobre el caballo blanco, haciendo historia, dejando en el pasado un eco que reverbera hoy mejorado…
Si todo lo pudiéramos constatar en Youtube, casi con seguridad nos defraudaría. Hasta la belleza proverbial de Cleopatra o la destreza de Aquiles serían fácilmente cuestionados.
Por supuesto, sería fantástico poder ver a Moisés partiendo el Mar Rojo, o a Jesús recuperando a Lázaro, o ver cómo hicieron de verdad para construir las pirámides, o los jardines colgantes de Babilonia. Pero…¿y si el video mostrara otra cosa, si no fuera lo que en el fondo quisiéramos ver?
Pues nos quedaría la verdad incontrastable, ni más ni menos (dicen).
Más bien menos, parece.
Nos quedará el hecho cabalmente documentado, con la posibilidad de pausarlo cuadro por cuadro o de cambiarle el ángulo según 16 cámaras estratégicamente ubicadas. Veremos (verán, los seres humanos del futuro) que el abuelo en realidad no era tan bueno jugando al fútbol, o que la abuela no era tan linda como se decía.
Perderemos la posibilidad de que un hecho importante se transforme en trascendental, en mítico; la posibilidad de que un hecho histórico sea además una fábula inspiradora, capaz de modificarse con el transcurso del tiempo hasta convertirse en algo del pasado que influye significativamente en el presente.
Tendremos el recuento minucioso, verídico, y por lo visto no será suficiente.
No alcanzará con ver a Neil Armstrong pisar la luna en transmisión directa a todo el planeta: le tendremos que inventar, acaso justificadamente, que a continuación vio luces extrañas, aunque el video no lo muestre, aunque el audio jamás lo haya registrado.
La posibilidad de registrar todo de forma fidedigna, la capacidad de almacenar terabytes de información en pequeños volúmenes, sean textos, imágenes o videos, arrasará para siempre con cualquier controversia futura.
Quedará abolida para siempre, también, nuestra capacidad mágica de modificar el pasado, y tal vez mejorar el presente y el futuro.
Un ejemplo burdo: los que andamos por la cuarentena crecimos admirando las proezas del wing derecho Oreste Osmar Corbatta, aunque nunca lo vimos jugar en vivo, ni siquiera vimos un video. Creímos lo que nos contaron nuestros mayores, y nos encantaba. Y por supuesto, Corbatta existía más como símbolo que como puntero derecho en sí. Hoy por hoy nadie necesita contarle a los hijos el segundo gol de Maradona a los ingleses: se lo puede mostrar directamente, analizar, superponer con el de Messi, establecer analogías y diferencias.
Pero tampoco se le pueden agregar más ingleses en el camino, o evitar que se caiga al final, o hacer que de veras lo mire a Valdano como dice Diego que lo miraba. No se lo puede mejorar de ninguna forma.
Y por desgracia, tampoco podemos hacer que el primer gol no lo haga con la mano…
Del cruce de los Andes, en todo caso oímos rumores de otra verdad, pero se lo ve tan bien a San Martín en los cuadros, altivo sobre el caballo blanco, haciendo historia, dejando en el pasado un eco que reverbera hoy mejorado…
Si todo lo pudiéramos constatar en Youtube, casi con seguridad nos defraudaría. Hasta la belleza proverbial de Cleopatra o la destreza de Aquiles serían fácilmente cuestionados.
Por supuesto, sería fantástico poder ver a Moisés partiendo el Mar Rojo, o a Jesús recuperando a Lázaro, o ver cómo hicieron de verdad para construir las pirámides, o los jardines colgantes de Babilonia. Pero…¿y si el video mostrara otra cosa, si no fuera lo que en el fondo quisiéramos ver?
Pues nos quedaría la verdad incontrastable, ni más ni menos (dicen).
Más bien menos, parece.
Nos quedará el hecho cabalmente documentado, con la posibilidad de pausarlo cuadro por cuadro o de cambiarle el ángulo según 16 cámaras estratégicamente ubicadas. Veremos (verán, los seres humanos del futuro) que el abuelo en realidad no era tan bueno jugando al fútbol, o que la abuela no era tan linda como se decía.
Perderemos la posibilidad de que un hecho importante se transforme en trascendental, en mítico; la posibilidad de que un hecho histórico sea además una fábula inspiradora, capaz de modificarse con el transcurso del tiempo hasta convertirse en algo del pasado que influye significativamente en el presente.
Tendremos el recuento minucioso, verídico, y por lo visto no será suficiente.
No alcanzará con ver a Neil Armstrong pisar la luna en transmisión directa a todo el planeta: le tendremos que inventar, acaso justificadamente, que a continuación vio luces extrañas, aunque el video no lo muestre, aunque el audio jamás lo haya registrado.
viernes, mayo 29, 2009
Haiku gauchesco
Este fue mi comment en el post de un amigo venezolano acerca de los haikus. Sí, soy tan extenso para los comments como para los post. Es que no me van mucho los haikus.
Personalmente no creo
en esos versos esmirriados
ni en citas, ni en postulados
que a fuerza de decir poco
parecen esconderlo todo
sin dejar nada bien claro
Son como esos aforismos
que juntan dos boludeces,
meten una palabra a veces
que suena a cosa profunda,
pero al final no dejan ni una
enseñanza que se precie
Yo, porque soy argentino,
prefiero este estilo gauchesco,
y si cree que lo oscurezco
enseguida se lo aclaro
y verá que no es avaro
el formato que ennoblezco
Deje libre el primer verso,
Que rime el dos con el tres,
El cuatro y cinco a su vez,
Y el final (o sea el sexto)
debe servir de pretexto
para rimar con dos y tres
Y si no cierra la idea
en esos seis que le digo
puede escribir todo un libro
como hizo José Hernández
"Martín Fierro", sin mucho alarde
es nuestra obra testigo
Y hasta puede hacer un cuento
como hice yo de verdad
y usted lo puede encontrar,
por esas cosas modernas,
sin mover mucho las piernas,
haciendo un clic por acá
Personalmente no creo
en esos versos esmirriados
ni en citas, ni en postulados
que a fuerza de decir poco
parecen esconderlo todo
sin dejar nada bien claro
Son como esos aforismos
que juntan dos boludeces,
meten una palabra a veces
que suena a cosa profunda,
pero al final no dejan ni una
enseñanza que se precie
Yo, porque soy argentino,
prefiero este estilo gauchesco,
y si cree que lo oscurezco
enseguida se lo aclaro
y verá que no es avaro
el formato que ennoblezco
Deje libre el primer verso,
Que rime el dos con el tres,
El cuatro y cinco a su vez,
Y el final (o sea el sexto)
debe servir de pretexto
para rimar con dos y tres
Y si no cierra la idea
en esos seis que le digo
puede escribir todo un libro
como hizo José Hernández
"Martín Fierro", sin mucho alarde
es nuestra obra testigo
Y hasta puede hacer un cuento
como hice yo de verdad
y usted lo puede encontrar,
por esas cosas modernas,
sin mover mucho las piernas,
haciendo un clic por acá
jueves, mayo 28, 2009
Somos insoportables
Dios nos va a castigar y vamos a reencarnar en una mujer tetona.
Sufriremos así el justo tormento de deslizarnos cada día, cada hora de nuestro día, a través de la masa viscosa que forman las miradas lascivas, los gestos provocativos y las absurdas propuestas de los insoportables.
O sea, de todos los hombres.
Sufriremos así el justo tormento de deslizarnos cada día, cada hora de nuestro día, a través de la masa viscosa que forman las miradas lascivas, los gestos provocativos y las absurdas propuestas de los insoportables.
O sea, de todos los hombres.
(El que diga que no lo hace, solamente quiere decir que lo disimula mejor, pero eso tampoco es cierto.
Y por supuesto que no me voy a referir a los nobles intentos de levantar en serio, sino a esas especies de costumbres arraigadas que no se sabe para qué corno las tenemos arraigadas, y que son realmente insoportables)
Basta con ser un poco observador para descubrir con facilidad el asedio constante y absolutamente al pedo de los hombres sobre las mujeres. Al principio causa un poco de asombro y hasta diversión. Después cansa, y después da asco y vergüenza ajena (y propia, por supuesto)
Debe haber muchísimos ejemplos patéticos que se me van a escapar por no frecuentarlos, como el de los bailes, pero para muestra bastan algunos botones, o botonazos:
Los que tocan la bocina…y siguen
Estar esperando el mismo colectivo que una señorita en edad de merecer (o sea, desde los 5 hasta los 99 años, y ni siquiera hace falta que sea muy linda según lo tengo comprobado: basta con que tenga forma de mujer y esté sola en ese momento), de una mujer medianamente apetecible, digamos, es una experiencia insólita. Y desesperante.
Cada tipo que pase va a tocarle bocina y seguir de largo.
Algunos tocarán muchas veces, algunos lo harán con más ritmo o con más énfasis; algunos acompañarán el bocinazo con alguna frase inexorablemente estúpida. Pero todos, todos (menos los que vayan con la mujer al lado) van a tocar aunque sea una vez, y después seguirán de largo, seguramente buscando otra mujer para repetir el rito absurdo.
¿Para qué tocan (tocamos) bocina si van a seguir de largo? ¿Alguno levantó algo haciendo esto? ¿Alguna mujer se tiró de palomita adentro del auto? ¿Alguno cree que es original? ¿Alguno siente la obligación moral de hacerlo? ¿O es un impulso irrefrenable?
No lo creo. Es una estupidez, y el gesto cansado, harto, indiferente pero con evidentes ganas de gritar o de matar a alguno, el gesto de mirar hacia el cielo pidiendo compasión…esos gestos que hacen las mujeres en las paradas de colectivos, sugieren que tocarles bocina y acelerar no sólo llega a aturdirlas, sino que les confirma que somos todos unos pelotudos.
Después se niegan a cocinar y nos quejamos…
Los que ponen caras…y no hablan
Esto es válido incluso para algunos del grupo anterior: los que no pueden tocar bocina porque van con la mujer, ponen caras de galanes.
Es tristísimo, muchachos, ver cómo cambian (cambiamos) la expresión a medida que el autito se acomoda cerca de la parada…
Pero esto de las caripelas se da más en los trenes que en ningún lado. Se debe (digo yo) a que en las paradas de colectivos es poco el tiempo de exposición que tienen (atrás del auto del caripela ya viene otro peinándose las cejas, por ejemplo) y adentro del colectivo las ubicaciones casi no permiten el face-to-face.
Pero en los trenes…Dios bendito me salve y me guarde…
Qué cara…qué gesto…
En los trenes, como además así como subiste te quedás, se da mucho esto de ubicarse justo enfrente de una señorita (niña, señora, abuela, resto fósil con apariencia no muy definida pero por las dudas)
Señorita que, en el 99,9 % de los casos, se hará la dormida para que no la jodan. Pero los carilindos no dejarán de hacerle ojitos, o de mirarla fijamente, o de hacer como que cantan en silencio, todo para mostrar mejor esos labios sensuales.
Estarán ahí rodeándola. Serán 3 o 4 pelotudos con cara de amor (?), esperando a que la chica abra aunque sea un ojo y los vea y…
¿Y qué?
Y nada, la seguirán mirando con cara de Rosamel Araya, sin jamás decirle nada, hasta que la señorita, obviamente, siga con lo suyo y confirme que al macho humano el movimiento del tren le altera el cromosoma 21…
Los que dicen piropos triple equis
Hay un grupo que va más allá de la simple bocina o del gesto mudo.
Lamentablemente.
Son (somos) aquellos que escucharon que está bien ser pro-activo y que hay que decir lo que uno siente…como salga.
Este grupo puede andar motorizado, en cuyo caso se expresará a los gritos, o a pie, en cuyo caso esperará el momento de cruzarse con cualquier mina para, en este caso, susurrar casi amablemente.
Tienen a su favor que dan un paso en la dirección correcta, expresan cabalmente su deseo, pero lo hacen de una forma tan horripilante que ellos mismos salen huyendo antes de que los maten a golpes.
Son los cultores del "Mamita, te chupo toda" y sus derivados (la variante camionera y a los gritos suele virar hacia el casi elegante "Te hago un deshabillé de baba", aforismo que los camioneros deben aprenderse antes de que los acepten Moyano y sus muchachos del sindicato)
Algunos son casi demasiado elaborados ("Decime quién te hace tal cosa y yo gustosamente me ofreceré para succionarle tal otra"…o algo parecido), otros son directamente acusatorios ("Qué carita de petera…"), pero en todos los casos son, digamos, retóricos. No esperan una respuesta, salvo que sea un cross de izquierda al mentón.
Distinto sería decir una cosa agradable, algo que pudiera tener una respuesta acorde, aunque sea una semi sonrisa que habilite a proseguir el intento. Pero esto no. Esto es justamente lo contrario, es pegar un martillazo tan fuerte que el otro quede incapacitado para cualquier respuesta.
¿Entonces?
Entonces, la conclusión a la que arribo luego de estos escasos pero significativos ejemplos, es que algunos hombres (todos) lo que persiguen con estas actitudes no es una conquista real, fehaciente, genital.
Es simplemente la torpe demostración de que las queremos a todas, de que las quisiéramos a todas si fuera posible, y de que no nos importa quedar como tarados para hacérselo saber, y de que vamos a seguir intentándolo por todos los medios a nuestro alcance.
Incluso somos capaces de escribirlo para ver si lo entienden de una buena vez.
Sí, somos insoportables.
sábado, mayo 23, 2009
Felices cumpleaños
Y todo lo demás también
Hace un año debí escribir un post avergonzado (éste) por haberme olvidado del cumpleaños de mi mejor amigo. Este año me olvidé de algunos (1), pero del de Claudio no. Me hice anotaciones en la agenda, en el celular, en las paredes de casa, y por las dudas lo vengo llamando desde el lunes para ver si se siente bien de la próstata, si considera que Assman tiene que ir a la selección, si no le parece que está cara la papa: en fin, lo llamé por boludeces. Sobre todo la de Assman.
Pero era la forma de no olvidarme, y no me olvidé, y hoy, que por fin es el cumpleaños, también lo llamé temprano, y me siento una mejor persona.
Parece una cosa menor, y hasta debe haber tratados que nos avalan a los olvidadizos (2), a los que supuestamente estamos más allá de las fechas y consideramos que Todos los días son el día de la madre y Cualquiera el día para hacer un culto de la amistad. Excusas, por supuesto. Flojos argumentos para justificar la incapacidad de algunos de tener presente al otro por lo menos un día por año. Si todos los días son buenos, ¿por qué no vas a saludarlo justamente ese día?
En tren de subestimar las fechas casi cualquier cosa puede considerarse intrascendente, o comercial, y asignarle la categoría de boludez que no vale la pena tener en cuenta. Pero, como decía el amigo de un amigo, hay boludeces que están buenas y no todo pasa por ponerse la corbata solamente para los casamientos (3): un cumpleaños, un Día del amigo, hasta un Día del Protésico Dental de Laboratorio (que existe, y tengo que acordarme de llamar a Silvia), nos dan la oportunidad de saludar al otro y desearle que le vaya bien, que no es poco en estos tiempos.
Es un ejercicio de ida y vuelta, como el abrazo: se siente tan bien el que lo recibe como el que lo da. Felicitar es como esas escasísimas buenas cadenas de powerpoint que uno reenvía, no porque lo amenacen con la impotencia precoz, sino porque uno se siente bien al compartirla, por lo que dice la cadena y por poder decirle tácitamente al otro “Pensé en vos cuando la leía”.
Habría que felicitar a los demás hasta por egoísmo, para sentirse bien uno.
Habría que hacer la prueba de saludar por el motivo que sea también a los que no son tan amigos o directamente son enemigos. Habría que obligar a los políticos a que saluden a los de la oposición para el cumpleaños, para el Santo y para el día que debutaron sexualmente.
Seguramente en un par de años tendríamos mejores políticos, y hasta nos enteraríamos si De la Rúa alguna vez la puso.
Yo, como dije arriba, este año me olvidé de algunos cumpleaños, y seguramente hasta diciembre me voy a olvidar de alguno más. Pero me acordé de otros, y me hizo bien acordarme y saber que hoy voy a la casa de Claudio y puedo tomarle todo sin culpas, por ejemplo. Y además sé que va a haber Días de lo que sea para redimirme, y boludeces que están buenas, y si mi idea trasciende a lo mejor hasta hay que felicitar por algo a De la Rúa, aunque no creo.
(1) En realidad no me olvido, lo hago a propósito para escribir este tipo de cosas.
(2) Eufemismo por "pelotudos", "desbolados", "manga de cretinos incapaces de anotar como corresponde", etc.
(3) Algo más o menos relacionado: los que no se casan porque "un papel no cambia nada". Si no cambia nada, hacelo, y no subestimes la importancia de los compromisos escritos ("Contrato Matrimonial", le dicen)
viernes, mayo 22, 2009
Diarios

Cobraron $ 30 por el toque de senos y $ 55 el de cola. Punto "G" sólo con Mastercard.
Todas quedaron más conmovidas que antes.
No podrá ver la tele ni salir a bailar durante dos semanas, por pendeja desobediente
Temen que al finalizar la coronación ya no sea virgen...

Cecilia Bolocco explica cómo adobar un cerdo
a la riojana y niños (de otro) envueltos como para regalo

Un técnico observador, tirando a mirón

Diario Olé. El chiste ya lo hicieron ellos.
jueves, mayo 21, 2009
Experimento científico
Alguna vez pasa: estás con un fuerte dolor de cabeza y no tenés nada para tomar, o ya te tomaste algo pero mientras hace efecto te querés guillotinar.
Si el dolor tarda mucho en irse, seguramente vas a intentar cualquier cosa, y si tenés un blog tal vez tomes nota mental de lo que hacés y, cuando se te calme un poco, lo colgás con gráfico y todo, como un desinteresado aporte a la medicina o como una demostración de que podés postear 2 días seguidos, con dolor de cabeza y todo.
A mí me da muy de vez en cuando un dolor de cabeza, pero cuando me agarra me dura mucho, y estoy seguro de que me muero, de que se me reventó algo ahí adentro y entonces trato de recordar las principales imágenes de mi vida por las dudas...¡Pero no se puede! ¡¡El dolor de cabeza es lo peor que hay!! Se te instala y te martiriza, y ni siquiera te deja distraerte un rato divagando o durmiendo, como hace uno si le duele el codo, por ejemplo, o casi cualquier otra parte del cuerpo: el resto de los dolores te permiten ignorarlos o soslayarlos mirando una película o cerrando los ojos y pensando en Jessica Cirio. La cefalea no te permite eso: te castiga especialmente si pensás en cosas sexuales, de acuerdo a mis estadísticas (1) .
Por suerte también encontré cosas que calman el dolor, aunque muy pocas, la mayoría lo incrementa. Y las que lo calman son acciones, no pensamientos. Este es un dato importante, me parece: para que se te calme hay que hacer algo.
No voy a detallar todas las cosas que hice o pensé, porque algunas serían demasiado bizarras. Algunos de los sorprendentes resultados son los siguientes:
Cosas que calman
1. Mover la cabeza muy lentamente hacia los costados, hasta quedar mirando casi por sobre el hombro: Hay que hacerlo muy despacito, pero sin parar, y sentado lo más derecho que se pueda. Es mucho mejor que quedarse quieto o que intentar acostarse, y es más efectivo si se lo hace con una toalla mojada o algo frío en la cabeza (sí, obvio, en la cabeza. Pero por las dudas aclaro porque en esos momentos de dolor intenso uno es capaz de cualquier barbaridad y no quisiera que se claven una cervecita helada porque es peor, creánme)
Reducción del dolor: 30 %
2. Toalla mojada: Bueno, ya lo dije. A mi me hierve la cabeza cuando me duele mucho, así que cualquier cosa fría calma un: 20 %
3. Ingerir líquidos: Esto me parece que es psicológico, pero en Esfera (Michael Crichton) al matemático se le calmaba un terrible dolor de cabeza ingiriendo mucho líquido. A mi me parece que me funciona: 5 %
Cosas que lo empeoran!!!
4. Quedarse quieto: Es ilógico, pero si te quedás quieto lo único que pasa es que sentís como crecen los latidos y lo más probable es que pases de la quietud a un movimiento brusco de desesperación, totalmente contraproducente. Empeora la situación: 10 % + el movimiento brusco que hagas (golpearse la cabeza contra la pared sube como 95 %)
5. Fumar: El humo parece que te infla el cráneo como un globo, y el dolor crece proporcionalmente.
Otro aporte a la ciencia: como método para dejar de fumar, provocar un dolor de cabeza permanente hasta que se abandone el vicio, o se asesine a la mujer y los niños, lo que suceda primero.
Incrementa el dolor: 15 % + el dolor de tirar un pucho con lo caros que están.
6. Acostarse: Es una variante a quedarse quieto, pero con el agravante de que sentís cómo la sangre se corre justo para el lado que más te duele. Por supuesto, intentar dormir es imposible, y si estás que te caés de sueño es una de las experiencias más desesperantes que puede sucederle a un ser humano, equivalente a la muerte de un hijo o a haberse comprado la careta del Ogro Fabbiani.
7. Pensar en cosas chanchas: Salteo lo de pensar en Menem (incluido en el gráfico) porque digamos que formó parte de una larga serie de cosas horribles que evalué y, sorprendentemente, dolió menos que los pensamientos sexuales.
Cualquier intento de formar una imagen erótica trae aparejado inmediatamente un estallido de dolor insoportable, como una marea roja pulsante, salvaje, feroz.
El dolor de cabeza es un anticonceptivo insuperable, y nunca, pero nunca más, voy a quejarme si me dicen que no porque les duele la cabeza.
Lo juro.
(1) Esto ya lo había notado hace mucho, pero nunca se me ocurrió hacer una encuesta, así que no sé si a las mujeres les pasa lo mismo. Digamos que los resultados del experimento puedo garantizarlos para enfermos hombres. O para hombres enfermos que quieren imaginarse a Jessica Cirio en bolas mientras se les parte la cabeza del dolor.
miércoles, mayo 20, 2009
Todo sobre mi madre
A temprana edad me di cuenta de que mi madre era una tipa jodona y jodida, una mina que gustaba de poner sobrenombres hirientes, o de hacer bromas telefónicas, en fin, de estar siempre bien predispuesta para la joda que rigurosamente tomara a otro de punto. Así, yo crecí convencido de que estaba bien decirle al almacenero "el chancho alemán", o que las vecinas de la esquina se apellidaban "las concha de lata". Me dolió mucho cuando entendí por qué le decía "Notre Dame" al kiosco del jorobadito.
- Andá a "Notre Dame" a comprar ballenitas – decía mi vieja por ejemplo, y yo iba pensando o suponiendo que el kiosco se llamaba así, o sin siquiera pensarlo, como esas cosas de la infancia que se aceptan sin ningún cuestionamiento, como después pasa solamente en los sueños. Un día vi la película o leí el libro (realmente fue hace mucho, como puede notarse en el producto que iba a comprar), y en algún momento lo relacioné y me hizo sentir mal, sobre todo porque era mi madre y uno espera mayor altura moral de parte de la vieja.
Una vez, cuando yo ya era grande, atendió un llamado telefónico equivocado y, como hacía siempre, le siguió la corriente. Yo no escuché del diálogo más que la parte de mi vieja, pero puedo reconstruirlo a partir de lo que me contó en cuanto cortó, muerta de risa.
- Hola, ¿Elisa?
- Sí – dijo mi vieja, que se llamaba Martha.
- ¿Elisa, la enfermera?
- Sí, la enfermera, ¿en qué le puedo servir?
- Elisa, cómo le va, habla Gustavo de la mercería.
- Ah, qué tal Gustavo - dijo mi madre, que no era enfermera ni tenía la menor idea del tal Gustavo.
- Mire, Elisa, quería saber si puede venir aplicarle unas inyecciones a la abuela.
- Claro que sí...¿de qué son las inyecciones?
Acá yo empecé a prestar atención, porque por la cara de mi vieja era evidente que se estaba mandando una cagada. El tal Gustavo debe haber dicho el nombre del remedio, y mi vieja vio el hueco justo y la colocó como Riquelme:
- Ah, Gustavo, pero para esa droga necesito que primero le pongan una enema.
- ¿Una en…? ¿Es necesario, Elisa?
- Sí, porque después le va a afectar el nervio cacal y es preferible que evacue completamente a priori, ¿me entiende, Gustavo? Póngale ya la enema, yo a las siete voy para allá.
Y cortó, muerta de risa, y tuvimos una agarrada bastante fuerte porque era una locura lo que había hecho, no sólo no iba a ir nadie a ponerle la inyección a la pobre vieja sino que le iban a meter una enema. ¡La podían matar, y mi vieja se divertía como loca!
Con los años se le fue pasando, y al final estaba más bien convertida y me criticaba a mí por cosas parecidas a las que a ella antes le encantaban. Yo sospecho que gran parte del cambio comenzó después de lo que voy a contar.
Evidentemente los años no vienen solos, y los reflejos de mi vieja estaban más que reblandecidos cuando la agarraron, de lo contrario no se explica cómo entró en una cosa así. Justamente ella, caer en una joda telefónica…
- Hola…
- Hola, ¿hablo con el (número de la casa de mi vieja)?
- Sí… - dijo mi vieja
- ¿Hablo con la señora Martha…(Apellido de mi vieja, como figuraba en la guía)?
- Sí, soy yo…
- Señora, mi nombre es Fulano de Tal, le hablo de Joyerías Richiardi. Tenemos una entrega importante para usted, de un cliente que nos pidió que mantengamos reserva con el nombre. De todas formas él dejó una tarjeta acá para ust…
- ¿Richiardi?
- Sí, señora. El problema es que el caballero evidentemente nos dio mal la dirección, y a él no lo podemos ubicar, y el móvil está dando vueltas hace una hora y no podemos esperar más, por seguridad…¿Usted podría darn…?
- ¡Sí, sí! ¡Anote! – dijo mi vieja entrando como una yegua.
- Hola, ¿hablo con el (número de la casa de mi vieja)?
- Sí… - dijo mi vieja
- ¿Hablo con la señora Martha…(Apellido de mi vieja, como figuraba en la guía)?
- Sí, soy yo…
- Señora, mi nombre es Fulano de Tal, le hablo de Joyerías Richiardi. Tenemos una entrega importante para usted, de un cliente que nos pidió que mantengamos reserva con el nombre. De todas formas él dejó una tarjeta acá para ust…
- ¿Richiardi?
- Sí, señora. El problema es que el caballero evidentemente nos dio mal la dirección, y a él no lo podemos ubicar, y el móvil está dando vueltas hace una hora y no podemos esperar más, por seguridad…¿Usted podría darn…?
- ¡Sí, sí! ¡Anote! – dijo mi vieja entrando como una yegua.
Evidentemente el éxito de la joda pasaba por tocar inmediatamente la ambición de la víctima, que ante la posibilidad de ligar un brillante de arriba se obnubila y deja pasar detalles. Si pasaba eso, la joda se conseguía casi con seguridad, y entonces podían mandar fruta como hicieron a continuación:
- Señora Martha, usted comprenderá que se le va a solicitar documento…
- Sí, claro…
- Y un servicio a su nombre…
- ¿También eso?
- Es que lo pide la Afip….
- Ah, claro…
- ¿Tiene alguna seña particular, señora?
- N-no…un lunar en la ceja, pero…
- Espere que anoto. Es por seguridad.
Y así, quince minutos. Le hicieron confesar que le gustaba la grapa y que miraba a Tinelli, entre otras cosas. La entretuvieron con la promesa de entregarle una joya, la jugaron bien una vez que la vieron blandita. Le hicieron preparar el documento, una boleta de la luz y una del gas por las dudas, la hicieron peinar y esperar como una quinceañera el cumpleaños. Y le metieron además la intriga por el admirador.
Y la dejaron esperando como a Penélope en la estación, y yo creo que mi vieja hubiera preferido la enema a la desilusión que le agarró una hora después, cuando arrugó las boletas y pensó que tal vez lo tenía merecido.
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