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martes, julio 26, 2011

Oblogo 61


Salió la Oblogo nueva, número 61, y ahí, en el último artículo , parece que tuvieron un error de imprenta o algo, y apareció un artículo mío...

(Muchas gracias, Oblogo!)




martes, febrero 01, 2011

Atenção, por favor


Carabelas "El Negro" anuncia el inminente arribo de su nave "Serginho I" al puerto de Santa María de los Buenos Ayres.

El capitán fiscalizará el correcto desembarco del pelado Muzzio, y luego procederá a sortear sus calzas amarelas entre los concurrentes a la recepción.

Muito obrigado.
.
...

miércoles, enero 05, 2011

Parte médico



Este blog permanecerá en estado catatónico hasta el primero de Febrero. Es probable que entretanto tenga algún espasmo, un reflejo, pero de ninguna manera deberán interpretarse como signos de reactivación.

Mostraba señales de fatiga desde octubre, casi no hablaba, de manera que consideramos oportuno ponerlo en coma farmacológico, trasladarlo de urgencia a una clínica en Brasil, y no joderlo mucho hasta Febrero.

Cabe la posibilidad de que fenezca, pero la consideramos remotísima.
Habrá que aguantarlo a la vuelta.

Muchas gracias.

jueves, septiembre 02, 2010

Historia de la fealdad


Vendo este libro de Umberto Eco, comprado hace una semana.
Está impecable, flamante, es tapa dura, papel estucado y tiene un millón de imágenes a color. Pido $ 200, más o menos (escucho ofertas)

Pueden consultar la reseña y el precio donde lo compré, en Cúspide.

Lo vendo porque no me enganchó y es un libro caro, así que prefiero recuperar algo y comprarme otro, y no dejarme éste de adorno.

Va de regalo "La timidez y otras cosas" autografiado y una Oblogo 42, con la cara del que suscribe en página 5.

Si a alguien le interesa, por favor me escribe a:
sergiommuzzio@hotmail.com

Te digo: "La timidez..." solito ya te justifica la inversión.
(Perdón, Eco, eco, eco...)

martes, julio 20, 2010

Amigos

Elijo a mis amigos no por la piel u otro arquetipo cualquiera,
pero sí por sus pupilas.
Tienen que tener un brillo cuestionador y tonalidad inquietante.

No me interesan los buenos de espíritu ni los malos de hábitos.
Me quedo con aquellos que hacen de mí un loco y un santo.
De éstos no quiero respuestas, quiero mi revés.
Que me traigan dudas y angustias
y aguanten lo que hay de peor en mí.
(Para eso, sólo siendo locos)

Los quiero santos para que no duden de las diferencias
y pidan perdón por las injusticias.

Elijo a mis amigos por la cara limpia y por el alma expuesta.
No quiero solamente el hombro o la falda,
quiero también su mayor alegría.
Amigos que no ríen juntos, no saben sufrir juntos.

Mis amigos son todos así: mitad tontería, mitad seriedad.
No quiero risas previsibles ni llantos piadosos.
Quiero amigos serios,
de aquellos que hacen de la realidad su fuente de aprendizaje,
pero que luchan para que la fantasía no desaparezca.

No quiero amigos adultos ni estudiantes.
Los quiero mitad infancia y otra mitad vejez.
Niños, para que no olviden el valor del viento en el rostro,
y viejos, para que nunca tengan prisa.

Tengo amigos para saber quién soy.
Pues viéndolos locos y santos,
tontos y serios, niños y viejos,
nunca me olvidaré que la normalidad es una ilusión imbécil.

Oscar Wilde
Gracias a Sarita (no tan santa pero sí muy loca) por mandármelo.

lunes, julio 19, 2010

Revelaciones

De Bill Hicks

En YouTube pueden encontrarse 8 videos con el show “Revelaciones” de Bill Hicks, en Londres. Es todo muy bueno, aunque muy jugado (¿aunque?): Bill estaba a favor de la pornografía y las drogas y en contra de ciertas creencias más bien conservadoras, y era muy explícito y procaz, y a veces exageraba tanto que él mismo decía: “Eh, Bill, esto se está poniendo un poco raro.”

De todas formas, los que pretendan juzgarlo por bocasucia o por drogón o por burlarse de cosas "sagradas" deberían, tal vez, empezar por el final del show, cuando dice:


¿Tiene un punto mi acto? Yo diría que sí.

El mundo es como un paseo en un parque de diversiones. Y cuando decides subirte piensas que es real porque así de poderosas son nuestras mentes. Y el paseo va arriba y abajo, da vueltas y vueltas, tiene emociones y escalofríos y colores brillantes y es muy ruidoso y divertido por un tiempo. Algunos han estado en el paseo por un largo tiempo y se empiezan a preguntar: “¿Esto es real o es sólo un paseo?” Y otros se acuerdan y vuelven y dicen: “Ey, no te preocupes, no tengas miedo, nunca, porque es sólo un paseo”

Y entonces…matamos a esa gente.

“- Cállenlo. Hemos invertido mucho en este paseo. Cállenlo. Miren mis arrugas de preocupación, miren mi gran cuenta bancaria y mi familia. Esto tiene que ser real.”

Es sólo un paseo. Pero siempre matamos a esos buenos tipos que intentan decírnoslo, ¿alguna vez lo notaron?, y dejamos que los demonios corran libres.

Pero no importa...porque es sólo un paseo.
Y podemos cambiarlo cuando queramos. Es sólo una elección, sin esfuerzo ni trabajo, sin empleos, sin ahorrar dinero.

Una elección, ahora, entre el miedo y el amor.

Los ojos del miedo quieren que pongas cerraduras mas grandes en tus puertas, que compres armas y te encierres. Los ojos del amor, en cambio, nos ven a todos como uno. Eso es lo que podemos hacer para cambiar el mundo ahora, para un mejor paseo.
Tomar todo el dinero que gastamos en armas y defensa cada año, y en vez de eso, emplearlo para alimentar, vestir y educar a los pobres del mundo, lo cual nos sería recompensado de muchas formas.

Ni un solo ser humano excluido.

Y podríamos explorar el espacio, juntos, por dentro y por fuera, para siempre, en Paz.

jueves, junio 10, 2010

Siempre los mismos

Un poco está bien, porque uno quiere saber algunas cosas de la vida de los "artistas". Pero cuando ya no se habla para nada de la parte artística, sino solamente de los escándalos permanentes de ciertos personajes de la farándula, cuando los despelotes personales duran más que la obra en el teatro, cuando uno lee la nota o mira el reportaje por morbo del intestino y no por delectación del espíritu, ahí es cuando uno se pregunta si realmente se trata de artistas o simplemente de gente que ha hecho un arte (y un negocio) de la ventilación de sus intimidades más escabrosas.

Uno se pregunta, por ejemplo, por qué no sabe casi nada de la vida privada de verdaderos artistas y, en cambio, tiene que enterarse todas las semanas del nuevo escándalo con drogas protagonizado por Marcos Mundstock; uno se pregunta por qué tenemos que estar al tanto de las peleas de Daniel Rabinovich con todas sus ex mujeres, por qué tenemos que enterarnos de los golpes que Carlos Núñez Cortés le propina a su madre anciana, ¿qué nos importa el último auto lujoso que se compró Jorge Marona (y que nos refriega durante 20 páginas de las revistas de actualidad)?

¿Qué nos interesa que Carlos López Puccio sea homosexual, por el amor de Dios? ¿Es necesario que nos enteremos de la frecuencia con que sodomiza al ya mencionado Marcos Mundstock? ¿No es demasiado que además ambos le hagan juicios a cada rato y por cualquier cosa a Rabinovich, y que Marona defienda un rato a cada uno?
¿No son siempre estos mismos personajes nefastos? ¿No estamos hartos de ellos?

Por suerte existen los otros, los verdaderos artistas, de los que sólo conocemos su arte y es más que suficiente.
¡Gracias, Les Luthiers! (¡Y perdón! ¡Podrían mandarse una macana de vez en cuando!)

lunes, mayo 17, 2010

Querido diario



Hace rato que quiero sentarme a escribir, preferentemente ficción y cosas graciosas, pero me pasan cosas reales no tan graciosas que me quitan tiempo y ganas. Entonces, querido diario, quisiera aunque sea enumerar algunas de esas cosas a modo de exorcismo, a ver si la realidad se pone un poco las pilas y se da cuenta de que ya parece ficción...

1) Tenía la casa de mi madre vendida, después de 3 años de idas y venidas. Me hubiera venido genial, pero hubo problemas con unos planos, cosa que podría solucionarse si nos hubiéramos puesto de acuerdo con el agrimensor, pero la mujer del comprador (justo) tuvo un hijo y parece que tantas cosas juntas no pueden pensar, así que por ahora ellos están felices entre teta y caquita, pero no quieren saber nada conmigo y con mi casa no-planificada.
El nene es igualito al agrimensor, dicen. Por lo cagador.

2) Fui a un cumpleaños y bebí como de costumbre, ni más ni menos.
Pero se ve que me pegó distinto, porque al meterlo en el garage enrrosqué el auto de mi novia en el pilarcito de la entrada. Es el segundo inconveniente con un auto que tengo en casi 30 años de manejo, pero a mi novia esa impresionante estadística le chupó un huevo.

Incómodo el futón del living para dormir, sobre todo oyendo murmullos acusadores que vienen de la habitación, salmos exasperantes con palabras finalizadas en "udo".

3) El viernes pasado la policía me agarró a patadas la puerta de arriba de la casa de mi vieja (la de los problemas con el plano y el recién nacido cagador). No sé exactamente qué pasó, pero me llamó una vecina que se vé que quería tranquilizarme, porque dijo: "Desde acá escucho los golpes...Todo es muerte y desolación..."

4) Anoche, en la puerta de mi casa, alguien le chocó otra vez el auto a mi novia. Exactamente el mismo bollo que le hice yo, pero del otro lado.
Quedó re simétrico.

Hace juego con el que le hice yo, con los patadones de la yuta en la puerta, con el único agrimensor incorruptible del país que me toca a mí y no me aprueba los planos y con la caca del bebé que la huelo como si estuviera cagando acá, al lado mío, cosita santa.

Esto es más o menos el 10 % de los asuntos que me distrajeron. Otros no los puedo contar porque ni yo me los creo.

Son ciclos o algo parecido. Estás abajo y es más fácil que los canes te orinen, pero después la rueda comienza a ascender y agarrate, Catalina.
Se termina un ciclo y empieza otro, y quién sabe todo lo bueno que éste pueda depararte.

Yo soy optimista, querido diario.
Sobre todo cuando el comienzo de un ciclo coincide con mi cumpleaños.

17 de Mayo de 2.010

viernes, marzo 05, 2010

Cibersex



Los profesionales de la salud debemos mantenernos permanentemente actualizados. Obviamente, nosotros los sexólogos también. Pero mi especialidad, a mis casi 65 años, ha tomado ribetes francamente bizarros. Una cosa es que me actualice y otra muy distinta es tener que estar al tanto de todas las porquerías que hace la gente por la Internet. Antes era más sencillo, dejame de joder.

Antes era yo, como experto en el tema, el que desinhibía a los pacientes, el que destrababa tabúes, el que indicaba la forma correcta de hacer las cosas. Ahora digamos que la piloteo, pero a veces me da mucha vergüenza, o no tengo la menor idea de lo que me están hablando. ¿Inconvenientes con el sexo virtual? ¿Me corresponde a mí o mejor llaman a UolSinectis?

Yo supongo que los médicos más jóvenes lo habrán tomado mucho mejor. Al fin y al cabo crecieron con estas tecnologías y estos degeneramientos modernos.
Pero a mí todavía me resulta extraño, qué querés que te diga. Que venga un tipo de 50 y me diga que está teniendo problemas de erección porque la novia no maneja bien la camarita, me da ganas de reírme.
Que me diga que la mina no es una veterana de Barracas, sino una pendejita de Estambul, ya me hace sentir desubicado.

Ojo que mejoré muchísimo. Investigué, etc.
Hoy te puedo decir que no me asombra casi nada, pero igual me sigo planteando si voy a seguir con esta especialidad o me voy a dedicar a algo más tranquilo.

Porque ponete un poco en mi lugar: yo a veces tengo que darle indicaciones a la pareja del que consulta, esto no es una cosa de uno solo como podría ser un juanete: acá a veces necesitamos congeniar ambas partes, o resulta que solamente a la mina, y uno tiene que ser un profesional. ¿Cómo le explico yo a la pendejita de Estambul lo de la camarita, eh? La tengo que contactar por el MSN, hacerle probar la iluminación, a ver correte un poquito para allá, levantá la patita, etc.

Me va a dar una coronaria a mí, voy a reventar como un sapo en cualquier momento.

lunes, diciembre 28, 2009

¡A ver si nos encamamos antes de fin año, eh!

La ansiedad por juntarse antes de que termine el año abarca todo tipo de relaciones, incluso las puramente sexuales.
Sobre el particular me baso exclusivamente en lo que me informa mi amigo Emilio Ganin, testimonio que merece mi absoluta confianza, proveniente de un hombre sin compromiso formal alguno y con envidiable éxito entre las lindas, que yo por supuesto no le envidio ni un cachito.

Dice Emilio que es notable como (al igual que se suceden los reclamos de reunión por parte de amigos, compañeros de trabajo y de fútbol, conocidos circunstanciales y hasta absolutos desconocidos tipo Facebook) a las chicas les agarra como una urgencia por un último encuentro antes del 31 de diciembre.

- Parece como que quisieran dejar una señal fuerte- opina Emilio -, una marca indeleble como para que no te olvides de ellas con el cambio de año.
- A mí me suena más a ritual propiciatorio – arriesgo yo, total no me cuesta nada -. Es como una especie de agradecimiento a la Pachamama por todo lo recibido, y al mismo tiempo un sacrificio para la próxima cosecha.
- ¿Sacrificio?
- Obviamente. Incluso creo que ni tienen ganas de verte, con este calor…

Intercambiamos opiniones diversas sin ponernos de acuerdo. Emilio se inclina más por el natural sentido fatalista de las mujeres, que las hace pensar que cada fin de año es el fin del mundo y además se lo confirman las runas mayas y el horóscopo del marisco.
Yo aporto mi granito de arena llevando la cuestión hacia la eterna competencia femenina:

- Ellas saben que no tienen exclusividad, porque a algunas se los aclarás y otras lo intuyen. Es lógico que supongan que la última del año será la más recordada, la que zafe de la Promoción, la que tendrá más posibilidades en el próximo Clausura.
- ¿Qué Clausura? No es un campeonato…
- Para ellas sí. Y peor que eso: es la guerra directamente. Vas a ver que te dejan todo marcado, son capaces de morderte con premeditación y alevosía en los lugares más recónditos. Yo que vos no iría a ninguna de esas citas.

No nos ponemos de acuerdo. En parte porque cada tanto tenemos que interrumpir la charla porque a Emilio lo llama alguna amiga, y tiene que verificar días y horarios. Yo hago gestos de que está loco, de que va a arruinarse la vida si sigue así.

A mí me llama el Tano Poli para ver si nos vemos antes de fin de año, eh.
Y así de paso le devuelvo una guita que me prestó hace un tiempito.

- Es así, Emilito. Nunca hay buenas intenciones en las juntadas de fin de año, creéme.
- Puede ser. Pero son tan lindas, ¿no?

Y en eso sí coincidimos.

domingo, diciembre 06, 2009

Nuevas unidades de tiempo


Escribir un post demanda algo así como 2 cigarrillos, con el intervalo necesario entre ambos, que puede ser de 1 café y medio a 2 cafés.
Para mayor detalle: 1 cigarrillo es igual a 5 cuadras, y 1 cuadra es igual 2 mensajes de texto. Cada mensaje de texto insume casi lo mismo que una puteada larga, variando de acuerdo a la cantidad de veces que se escriba “boludo” en el mensaje.
Un “boludo” es como la menor unidad de tiempo.
Y hay posts que están escritos en boludo y medio pero, lógicamente, no son muy buenos.

miércoles, noviembre 25, 2009

¿Cuál es la onda?


¿Che, cuál es la onda? ¿Por qué no hacen más grande el agujerito de la aguja? ¿Están arreglados con los oculistas, forros???

viernes, agosto 14, 2009

Futurama

Illia González descendió rápidamente los escalones que lo llevarían a la plataforma del tren subterráneo. Llegó hasta el molinete metálico, insertó la tarjeta magnética en la ranura pertinente y los sensores automáticamente descontaron el importe del viaje: 3 creds. Consultó la hora en su teléfono celular y radió un mensaje de texto a sus 4 socios. Gracias a la tecnología del siglo XXIII podía conectarse con cualquier persona al instante, e incluso enviar el mismo mensaje a todos los que deseara, al mismo tiempo y con sólo apretar un botón. Lo que Illia llamaba lacónicamente su teléfono era además una cámara de fotos sofisticada e instantánea y luego del mensaje escrito en lenguaje tecno (“Yego en 25 mins, q Krlos empieC”) tomó una foto de su propio rostro sonriente y la despachó a los mismos destinatarios: tardaría unos 3 segundos en ser recepcionada en los aparatos de sus colegas a más de 30 kilómetros de distancia.

Carlos, su socio más experimentado en el e-commerce o comercio electrónico, podría iniciar la videconferencia con los clientes de Tokio. Illia hubiera deseado hacerlo él mismo, pero los orientales le asignaban especial importancia a la puntualidad y era preferible atenerse a lo pactado por correo electrónico entre computadoras el día anterior. Illia lamentó no llevar consigo su computadora portátil con videocámara incluida, pues de haberla traído podría haberse sumado al grupo desde el mismo tren subterráneo, instalando su modulador-demodulador a la computadora, y efectuar un enlace satelital sin problemas.

Encontró un asiento vacío, se dejó caer, e inmediatamente conectó a sus oídos el audífono de su reproductor de música digitalizada. Podía elegir entre más de 300 canciones, pero prefirió dejar el minúsculo aparato en random para que seleccionara aleatoriamente las composiciones. Cerró los ojos y la música clásica (Pink Floyd) lo hizo pensar en Sergio Muzzio, un antiguo escritor del siglo XXI que gustaba de esa clase de música arqueológica (Illia lo había investigado en la Guía Orbital Omnisapiente Gratuita, Libre y Estandarizada, llamada en general Google)
La asociación de ideas hizo que deseara algo para leer, y se preguntó cuánto faltaría para que alguien inventara por fin el libro digital...

"Vivimos una época demasiado contemporánea, Mendieta"

(I. Pereyra)

martes, noviembre 18, 2008

Próximas primeras veces

Hay que aclarar que esto se escribe un lunes, casi a las doce de la noche, y que fue un día complicado.
Hay que aclarar, además, que a la densidad habitual de los lunes se suma haber dormido muy poco y una derrota de Boca Juniors que, de haberse resuelto favorablemente, hubiera colocado al equipo en la cima solitaria. En fin, hay que aclarar que el autor tal vez se dejó atrapar por la melancolía, y que quizás mañana vea las cosas un poco distintas, pero que, en definitiva, no le salió algo divertido.
Quedan avisados desde el vamos.




Todo comenzó después del mediodía, cuando la digestión y el solcito en los ojos acaso también contribuyeron al malestar general. Más o menos a esa hora estaba pensando en las próximas vacaciones, y eso me llevó a las últimas, y a los viajes en avión, y recordé que hasta escribí algo sobre eso, y sobre la primera vez que volé.
En realidad, ahí empezó todo: en el recuerdo de la primera vez, y en la certeza de que no habría nunca más una primera vez para volar, ni para otras cosas. Muchísimas cosas.
Alejandro Dolina dice algo así: “Le he dado mucho besos a Laura, pero ninguno será como el primero que le di”. Algo de ese espíritu hay en el artículo.

Yo recuerdo el primer beso en la boca que di. Mejor dicho: recuerdo muchos primeros besos, pero si bien todos tuvieron algo de mágicos, el primero fue mágico. Yo tenía 11 años, y aunque no era demasiada edad, hacía como un año que venía pensando en eso y preguntándome qué se sentiría.
Ella se llamaba Gladys, era una compañera de escuela, y era bastante más alta que yo. Hubo un asalto, hubieron lentos, y recuerdo que primero la besé en la base del cuello (que era hasta donde llegaba, digamos, cómodo), temblando y mareado por el perfume y la tibieza de la piel. Después levanté la cara y ella la bajó. Recuerdo que cerré los ojos en cuanto se tocaron los labios y sentí inmediatamente que se me iba la cabeza.
Recuerdo también que, entre el delirio del momento, me asombró la cercanía de sus dientes. Yo me había imaginado sólo labios, hasta ahí había llegado, algo completamente blando e insípido, y los dientes y la saliva me sirvieron para confirmar que todo era real y que estaba dando mi primer beso de amor.

No lo sabía en ese momento, pero también estaba dando el último beso asombrado de mi vida: nunca más me sorprendería la presencia inminente de dientes y lengua y sabores y seguramente otras sensaciones que ahora son para siempre irrecuperables.

Seguramente también, en una escala del 1 al 10, el beso fue un 1, pero eso no tiene ninguna importancia. Daría un año de mi vida por recuperar la virginidad en todas las sensaciones de ese primer beso.

Recuerdo claramente otras primeras veces en otros rubros, y hasta podría decir que recuerdo parte de las sensaciones. Pero solamente una parte.
La mejor parte, la de la novedad y la magia, se ha perdido casi toda, sobre todo a fuerza de repeticiones. Se puede volver, claro, a la escala del 1 al 10, y es cierto que casi todo (besar, sin in más lejos) ha mejorado con la práctica. Pero hacer mejor las cosas no tiene la misma gracia que hacerlas por primera vez, con la torpeza incluida y todo. La gracia, el misterio, la magia, la expectativa verificada contra la realización, el sueño hecho realidad y en general mejorado.
Como con los aviones: yo soy bastante imaginativo, pero ni en cien años de mis fantasías más elaboradas me hubiera imaginado lo que se siente cuando un boeing despega.
Lo que se siente la primera vez, claro.
Las demás, en comparación, son bien inferiores.

Cabe aclarar en este punto que la belleza intrínseca de la primera vez no es aplicable a todos los rubros. Nadie atesora la primera vez que le sacó punta a un lápiz, digamos, o si lo hace es por algún otro motivo. Por haberlo logrado, por ejemplo, si el que sacaba puntas era un nene muy chico.
Justito acá debe llamarse la atención sobre un hecho obvio: cuanto menos edad se tiene, son mucho mayores las posibilidades de que casi todo se haga por primera vez, y tal vez en ese simple hecho estriba que la niñez esté tan preñada de magia.
Y uno, de chico, a medida que va captando el mundo, cae en la cuenta de que aún le faltan años para ir accediendo a algunas cosas que parecen buenas. Hay impaciencia por llegar a esos momentos, ganas de que los años se apuren.

Después uno llega más o menos a mi edad, donde más o menos se ha hecho lo que más o menos han hecho todos los de la misma edad. Con toda certeza, no hay ningunas ganas de que los años aceleren, al contrario. Y es una edad jodida en una época jodida, porque a pesar de no ser tan así, tenemos la sensación de que cualquier misterio es cosa de otra época (otra época del mundo, y otra época nuestra)
Y un día se empieza a pensar que hace mucho que no se hace algo verdaderamente importante o movilizador por primera vez, o se llega a algo verdaderamente misterioso por primera vez. Algo que además sea deseable, digo.

Porque es una edad en la que por algún lado nos ha llegado ya el resplandor sombrío de la muerte, y nos ha hecho volver a pensar en la propia (como cuando éramos chicos, y la muerte era un misterio más sobre el que se podía especular alegremente en los fogones, amparados en una inmortalidad de 40 o 50 años por delante * y ninguna baja ostensible. Pero con la diferencia, ahora, de que ya le hemos visto el gesto ladino y los dientes torcidos, y a la hora de los fogones preferimos otros temas)
Es una edad en la que uno hace rápidamente una lista de próximas primeras veces que parece una lista de ideas de Stephen King para una novela de terror: primera vez de un infarto, primera vez de una bancarrota, primera vez que debe considerarse seriamente la impotencia…
Y al final, cómoda e inexorablemente instalada, la del resplandor sombrío. Primera y última vez con esa señora. Y fin de la lista para siempre.

No es de extrañar que algunos opten por otras primeras veces un poco más simpáticas. Es un momento ideal para experimentar por primera vez con otras religiones, o quizás por primera vez con una religión, cualquiera. Incluso han salido varias religiones nuevas, y bastante fashions además.

O primera vez para cometer un asesinato. Esa es bastante buena para un jubilado, porque si ya se sabe que el final es la muerte y la corrupción, ¿por qué permitir que alguno te haga aún más insoportable el último tramo?
Primera vez para matar.
Primera vez para enloquecer casi del todo.
Suena, por lo menos, tentador.

Pero uno puede inclinar la balanza hacia el Lado Oscuro (sobre todo un lunes después de que Boca perdió la punta de manera increíble) o intentar un tono más pastel y no cerrar este texto tan abajo.
Pareciera surgir de lo escrito que lo deseable no es seguir develando misterios a lo pavote, sino todo lo contrario: agregar un toque de colorido misterio al gris de nuestras vidas, convencernos de que Don Juan Matus tenía razón, y de que este será para siempre un mundo misterioso y fantástico, lleno hasta el borde de cosas increíblemente maravillosas y sobre todo inexplicables (con lo cual, el misterio seguirá sin develarse). Y que es posible transformar en mágico nuestro tiempo ordinario sobre él.
El misterio está ligado a algo de miedo y ansiedad, claro. Sin esas cosas sería un misterio bastante aburrido. Sería como saber de antemano que en un buen beso en la boca va a haber algo más que sólo labios tiernos sin sabor.
Y recordar que a veces el misterio puede estar en cualquier cosa que se haga por primera vez. Al fin y al cabo, volar en un avión no es una fantasía inalcanzable de Tolkien: es un medio de transporte muy común. Menos, claro, para el que lo hace por primera vez.



* Un pedacito de esa frase es de Cortázar, pero no me acuerdo exactamente cuál pedacito.

miércoles, febrero 27, 2008

Pasajero en tránsito (o no)

Para Laura Beilin


Probablemente una reacción por abstinencia de Clonazepam, o una sobredosis de Escitalopram, o ambas cosas; o nada, abuso de Internet o locura común si es que tal cosa existe, o ataque de pánico para explicarlo de algún modo: delirio nocturno en todo caso, y mal encarado, sin encender ni siquiera el velador o la tele, hundiéndose uno en el fango mierdoso a partir de idea primigenia y totalmente ridícula, o sea que los aviones no pueden volar, que es imposible, pero entonces qué fue, cómo, sobre todo cómo porque ni siquiera suponiendo ilusión óptica y colectiva dan los tiempos, los horarios son una prueba, pero la prueba de qué no se sabe, en este momento no se sabe nada. Si suponemos que todavía no estamos locos o no lo estábamos por lo menos hace un ratito cuando se empezó a pensar en esto, aunque tan mal, entonces el tiempo como solución, el tiempo, hace un tiempo, o darse más tiempo para pensarlo. O menos, en todo caso: no pensarlo de ninguna manera, encender la televisión y subirle el volumen para que ocupe todo como hace siempre. Estupidez a la enésima. O sea que los aviones no podrían levantar vuelo con semejante peso y además gente, mucha gente. Pero hay principios elementales de física y aerodinámica, pero sobre todo de sentido común, aunque sentido común, por otra parte, tan parecido a la locura si no se toman las pastillas adecuadas y además se come en exceso y con culpa, por suerte sin alcohol porque si no iríamos a parar andá a saber adónde. Aunque el alcohol sería una buena explicación, sobre todo si la alternativa es la locura. Oh, el maldito alcohol, sép, pero eso después pasa, a lo sumo deja dolor de cabeza y de estómago. (Hay una idea que tranquiliza un poco a pesar de la grandilocuencia, a saber: que la duda y sus derivados pueden provenir de que hemos creado muchas cosas a partir de tan sólo escribirlas y entonces podríamos habernos convencido de que existe el vuelo en máquinas de acero, y hasta haber engatusado a otros. Pero es seguir sumando ideas ridículas, a lo sumo sirve para el blog, pero no para exorcizar demonios nocturnos). Garganta irritada también, puede ser. Pero pasa, al rato pasa y los artefactos y las ideas raras dejan de dar vueltas y todo es como una mañana de primavera aunque sea pleno agosto. Alguna experiencia juvenil y alucinógena aporta lo suyo y es posible imaginar que hasta la locura remite, qué bueno eso de imaginar que todo pasa y que de la casi locura al sueño placentero hay un pasito apenas.
Qué idiota pensar que todo pasa y se soluciona, cuando se nos han muerto algunos y no se les pasó nada, al contrario, todo se agravó, fueron empeorando, y además qué es esto de no querer pensar, pensemos lo que sea necesario y más, para eso nos criamos viendo a Carl Sagan, aunque también Castaneda y lo que aceptamos como realidad es apenas una descripción del mundo, una de las muchas descripciones posibles, y andá a confiarte demasiado en tus sentidos (esto todavía es aplicable a los aviones sí o los aviones no, aunque a esta altura ya no importa). Si no lo veo no lo creo, dice uno también frente al espejo, y hasta parece bastante conforme si ve y hasta es capaz de admitir que ya pasaron 43 años. O sea que el tiempo como solución es tramposo, mejor hubiera resultado no haber ni escuchado hablar de Sagan o agujeros negros o Castaneda o tantos otros aunque con temas más profundos que avioncitos, al final el capitán Beatty tenía razón y leer termina haciéndote mal. Bradbury lo quema o lo hace quemar al tal Beatty, pero primero lo deja hablar un poco y a lo mejor el pobre capitán iba a advertir que una noche terminaríamos por no saber si los aviones vuelan o no, y de ahí podés ir casi a cualquier lado. Es como admitir que realmente pasaron 43 años aunque fueron como una exhalación (y entonces igual de rápido vendrá lo que sigue y lo otro, es una pregunta para hacerse pero ahora mejor no), y que mediante la refracción de la luz, aunque invertida según alguno de los mencionados principios de física y otros de óptica que ahora se escapan, eso que apenas se ve en el espejo tiene algún significado y peso en alguna parte, en otra parte en todo caso, porque acá con las luces apagadas no da para hacerse muchas ilusiones, aunque hasta es posible admitir, ya un poco más acá de la tontería nocturna, que no importa si vuelan o no, en todo caso la mayoría admite que sí y hasta hay un sindicato de pilotos de aeronaves. Bueno sería ponerse en contra un sindicato, a esta hora de la madrugada y sin luz.

miércoles, noviembre 28, 2007

Festejos 2.012


Antes era un lío combinar para las reuniones de fin de año. Entre ponerse de acuerdo con el lugar, con la fecha, y conseguir algo que no esté reservado ni te mate con los precios, era un lío.
Además de que nunca es una sola reunión: entre la gente del laburo, los amigos, los compañeros de cerámica fría, los del fútbol, etc., se te hacen como 6 o 7 reuniones. Andá a combinar todo eso…
Hasta el 2.009, más o menos, nos arreglábamos adelantando las reuniones para noviembre, a veces octubre derecho. Y claro: esa tendencia creció. Empezamos a hacer las reuniones de fin de año a partir de abril…Cualquier época del año es buena para reunirse, pero es medio bizarro andar deseándonos suerte para el año que viene cuando faltan como 7 meses para que termine éste.
Pero las modas tienen eso de no respetar lógicas, y entonces la gente adelanta también la Navidad en familia para, por ejemplo, no quedarse sin lechón, y andan (una familia de mi barrio, sin ir más lejos) a los cuetazos en julio. Estos son bien molestos, porque no se conforman con hacer la Nochebuena en su propio patio y dejarse de joder, sino que después les da por ir a saludar a los vecinos, y no les podés decir que son las dos de la mañana de un martes de agosto y vos tenés que levantarte a las cinco para ir a laburar.
En el barrio ya los conocemos, y cuando vemos que andan colgando guirnaldas de papel y poniéndole lucecitas al pino del jardín, llamamos al laburo para avisar que andamos con síntomas gripales. Si se van temprano, vamos a trabajar. Pero si los adelantados se tomaron la molestia de comprarte un regalo y además traen Fresita, hasta las 5 no los podés echar: al contrario, les tenés que alabar la ocurrencia y la previsión.

Navidad zafa bastante bien. Es una fiesta más bien invernal, y las garrapiñadas, los piononos, los budines, los turrones y todo eso que tan mal nos caía en diciembre ahora nos fortifica para el duro invierno. Pero la onda trascendió las fiestas, y ahora es común que la gente adelante los cumpleaños, los bar mitzavs y hasta el viaje de egresados: mi prima Vanesa se fue a Bariloche en cuarto grado de la primaria, una cosa de locos considerando que el viaje incluía entradas a Cerebro, Grisú y show de strippers en las habitaciones… Allá ellos.
También están los piolas que pretenden, en una sola fiesta de cumpleaños, celebrar los 35, 36, 37 y 38. Y te exigen 4 regalos para entrar…
Hay gente que adelanta el matrimonio, reserva la Iglesia, contrata al del órgano y el salón para la fiesta, y después se dedica a buscar consorte por Internet.
La cuestión es no dormirse con los festejos, ser más vivos que los demás, y agarrar los descuentos de adornos para el arbolito de marzo/abril.

Este 2.012 me tocó organizar la de fin de año del trabajo a mí. Y se me pasó, no me lo agendé, etc. Con resignación empecé a averiguar recién el 18 de diciembre…y resulta que está todo libre, podés ir incluso sin reserva hasta el 24 a la noche y tenés canilla libre gratis de lo que quieras…cosa que no voy a decir en el laburo ni en pedo: ya avisé que ese día, por ser el organizador, también festejo desde mis 32 hasta los 40 inclusive (con los regalos pertinentes o no entrás).
Pero que pongo la bebida, dije.

martes, octubre 30, 2007

Siestero

Me gusta hacer el amor por la tarde. Es decir: cualquier hora es buena si hay ganas y compañía apropiada, pero la tarde es mi hora preferida.
La noche, por supuesto, tiene sus componentes propios de sensualidad y misterio; de bebidas, de escotes y de perfumes; de sombras cómplices y música especial.
Y la mañana tiene la ternura de la sábana tibia y el pelo revuelto, del despertar entre caricias y con la promesa cercana de café dulce y, tal vez, de una apresurada vuelta a la cama.
Pero la tarde está hecha para travesuras infantiles, para escaparse de la siesta obligatoria e irse a pescar al río, o a robar zapallos del terreno de a la vuelta. La tarde es para jugar a las escondidas sin adultos a la vista, o para meterse en la casa abandonada y no ser nunca el primero en salir disparando.
Agregarle, a la aventura menuda y siempre recordada de esa hora, el elemento sexual es convertirla en una experiencia que, a mí gusto, combina lo que ofrecen la mañana y la noche, y lo supera ampliamente.
La tarde es un punto de inflexión en el día, que puede comenzar con sol y terminar con las primeras sombras. La travesura, en parte, es esa: robarle al día y a la noche un pedacito.
Pero sin premeditación. No vale estipular que los sábados a la tarde se dedicarán a la famosa travesura, porque eso no es travesura. Para ese caso da lo mismo preacordar con el otro los viernes a las 23, que los chicos ya se durmieron y mañana no hay oficina.
Lo mejor es cualquier día de la semana, y si están los nenes habrá que hacer tan poco ruido como cuando uno mismo era el nene y se colaba por la ventana para reunirse con los amigos; alargar de improviso la sobremesa del martes ante la mirada entre preocupada y ya sabiamente divertida del otro; esperar a que se despeje el área de las escaleras y escaparse al revés, encerrarse en la habitación y olvidarse del mundo, de los padres y de los hijos. Y por una rato (largo, si es posible) no tener muy claro si se es otra vez un chico que juega al adulto o un adulto que juega como un chico. Y que no importe tenerlo claro, por supuesto.

domingo, julio 08, 2007

Dos o tres grados



Él le hizo un último llamado, supuestamente de confirmación de horarios y de sala, pero en el fondo de su corazón y de su piecita tibia (imposible describirla como “cálida”), esperaba que a ella le sucediera algo, un contratiempo u otro corte de luz de los que venía padeciendo, pobrecita, y tenía que bancarse, encima, el frío polar y los monzones nocturnos entre velas tétricas.

Ella lo atendió con alegría (con una fría alegría, podría decirse) y hablaron de lo feo que estaba el día, de lo horrible que había estado todo el día, gris y helado, sin un mísero reflejo de sol que justificara medianamente a Marilina Ross.
Ella le confesó que ni había averiguado los horarios de la película, pero como él ya lo había hecho, después de un rato se pusieron de acuerdo: tempranito, eso sí, porque con este frío, claro, y además que vivimos tan lejos uno del otro y sin auto y vos con esa tos, bueno yo también ando como con gripe, pero está okey, el centro es como un punto intermedio y me voy con una petaca de whisky, que se lleva muy mal con el pochoclo acaramelado pero levanta la temperatura y mejora cualquier película.

Abrigate bien, dijo ella con acento maternal y como para que quedara claro, mirá que hace mucho frío. Y él dijo que sí y cortó.

Afuera debían hacer dos o tres grados, pero la sensación térmica de viajar una hora hasta el centro y después tener que volver… Volver era para alpinistas, para gente muy preparada y muy loca, que arriesgaba la vida y pasaba frío porque seguramente de chiquitos los habían tratado muy mal y les había dicho que debían llegar a lo más alto cueste lo que cueste o porquerías de ese estilo. La cuestión es que la sensación térmica de él con ese panorama le aseguraba que, vieran la película que vieran, para él sería “El milagro de los andes” y hasta le daría por la antropofagia con su amiga, pero no por hambre ni deseo sexual, sino de bronca, sobre todo cuando la petaquita estuviera por terminarse.

Antes de que se decidiera a entrar en el baño helado, sonó el teléfono.
Era ella:
- Che, negro, está horrible…
- ¿Sabés que ando con gorro de lana acá adentro?
- Sí…no sabía cómo decirte, pero…
- No, si a mí me pasa igual. ¿Querés que lo suspendamos?
- Síííí…
- ¡Me parece bárbaro! ¡Lo dejamos para diciembre!
- Nooo, a lo mejor ma-ma-ña-na…
- ¿Te castañetean los dientes?
- Es que vengo de afuera…

Al final hablaron un rato largo, contentos de poder hacerlo cada uno en su casita y se contaron cosas mientras se tomaban algo caliente (él un whisky, ella juró que un Latitud 33 y putearon a dúo por vivir tan lejos uno del otro), hablaron de cosas que por otra parte, a lo mejor no se hubieran dicho durante la película o la probable huída después del cine.
Y la sensación térmica personal se hizo mucho más agradable, y probablemente terminaron la noche leyendo e imaginando la salida de los cines del centro como una suelta de espectros congelados que seguramente pensarían por qué no se habían quedado en casa viendo la CNN en húngaro o algo así.

Él le prometió que igual, antes de irse a dormir, le haría otro llamado a ver si se le había cortado la luz o le había pegado mal el Latitud.
Pero prefirió no llamar, y escribirlo, y dedicárselo.


Para Sarita C.


Nota: Esto puede ser perfectamente el complemento de ésto, y terminar de convencer a los que quieren irse del país.

miércoles, marzo 21, 2007

Ferrero, el adelantado

La rica historia del fútbol abunda en prodigios de habilidad y de inventiva. Harto menos frecuentes son los casos de estrategas fenomenales, de jugadores dotados con la capacidad de imaginar movimientos alternativos, o de prever el desarrollo de la jugada con exactitud. Se dice que Pelé era capaz de mantener tres dibujos mentales posibles, y de elegir siempre el más conveniente; Maradona, según el mismo estudio, llegaba a los cuatro aunque no siempre discernía cuál era el mejor y, por ejemplo, dejaba en posición de gol a Blas Giunta e inexorablemente la pelota iba a parar a la tercera bandeja.

Curiosidades, fenómenos que deslumbran al simple aficionado e intrigan a los investigadores científicos. Como el caso de Enzo Ferrero, el pibe de Campana, que jugó en Boca Juniors a partir de 1971 y que durante varias temporadas hizo una sociedad magnífica con el Patota Potente.
Ferrero era zurdo, era habilidoso y era rápido, y después de una intervención quirúrgica fue también un adelantado: durante algún tiempo al menos, Ferrero pareció tener un sexto sentido que le anticipaba con precisión dónde debía ubicarse y dónde se encontraría el resto de los jugadores. Después se tornó incomprensible hasta el absurdo y se diluyó en el olvido como tantos otros.

Reseñando la historia de Ferrero, los investigadores hablan de un punto de inflexión acaecido luego de la operación de ligamentos cruzados que le practicaron en abril de 1972.
En efecto, grabaciones de la época anterior a la operación muestran a un Ferrero hábil pero sin visión, un puntero izquierdo con desborde pero no completamente integrado al resto del ataque.
Y luego de pasar por el quirófano se ve al Ferrero deslumbrante, al jugador que de espaldas habilitaba a los compañeros o que iba a buscar un rebote que todavía no se había producido, y siempre con una exactitud asombrosa.
Dice Carlos María García Cambón, compañero del wing de Campana: “Enzo salió muy cambiado de la operación…Hablaba de un túnel, de una luz, de gente que decía su nombre… Pero eso es lo que siente cualquier jugador cuando va saliendo a la cancha, ¿no?…”

Los partidos inmediatamente posteriores a la cirugía convirtieron a Ferrero en el jugador estrella: comenzó a manejar todos los balones con una clara anticipación de la jugada por venir, que en algunos casos parecía mágica y en otros pura suerte. Es famoso el gol que le hizo al Pepé Santoro, arquero de Independiente, al que Ferrero le pateó desde su propio campo un balón que parecía llegar débilmente a las manos del golero, cuando éste sufrió un desmayo sorpresivo y la pelota entró como en cámara lenta, rozando la aletargada mano derecha de Santoro.

Pases increíbles, captura de todos los rebotes, casualidades extrañas, visión privilegiada y la habilidad de siempre, hicieron que Ferrero se volviera indescifrable para los adversarios. Pero en poco tiempo también se hizo incomprensible para sus propios compañeros.
Rememora el Muñeco Madurga: “Al principio iba todo bárbaro, él sabía quién se iba a mover para quebrar el orsai, y se la dejaba justa. O te hacía esos pases de espaldas como si tuviera ojos en la nuca. Pero después algo le pasó, perdió precisión o intuición, o dejamos de entenderlo. Fue muy triste, pobre Enzo…”

Dos testimonios de la época en que los compañeros de Ferrero ya estaban francamente indignados con su desempeño, les dieron la pista a los investigadores de “Angola Today Sports”.
En un pequeño artículo del Gráfico de 1972 Potente relata lo siguiente: “En el vestuario casi nos agarramos con el Enzo, porque me recriminó que se la había pedido en un lugar y la fui a buscar a otro…pero yo ni siquiera se la había pedido”.
En el mismo artítulo, el Chapa Suñé, tratando de ser irónico, agrega algo fundamental: “La semana pasada Ferrero se la pasó tirándola afuera y me decía que yo me corría a propósito, que le estábamos haciendo el boicot. Hoy, que jugué de 8 en lugar de 5, me di cuenta de que acá hubiera agarrado todas las que mandó a los caños la semana pasada…já.”

En reciente charla telefónica con el doctor Ruiz, el cirujano que operó al jugador, manifestó: “Ferrero tuvo un paro y se nos fue por un minuto mas o menos...”
¿Pudo estar Ferrero adelantado a su tiempo, en virtud de quién sabe qué don adquirido en aquel episodio? Los hechos parecen indicarlo así.

En efecto, estudiando los tapes los investigadores han concluido lo siguiente: Ferrero “volvió” con la capacidad de prever el futuro.
Y esa capacidad se fue incrementando: al principio fue de apenas un segundo y después llegó a mas de una semana.
Superponiendo las imágenes, los estudiosos comprobaron estupefactos que las pelotas que una semana terminaban en el lateral coincidían exactamente con la posición que ocupaba Suñé la semana siguiente.
El problema era que Ferrero no podía discernir entre lo real y las visiones, y enseguida quedó afuera del equipo.

En el último partido que jugó hizo un fantástico gol en contra (para Ferrero se lo hizo a River Plate, equipo al que enfrentarían siete días después) y lo festejó enloquecido hasta que fue detenido y golpeado por sus compañeros, por el masajista, por tres hinchas y por dos policías con sus correspondientes perros.

Algunos rumores aseveran que finalizó su carrera en el “Unione e Benevolenza” de Campana, pero no como jugador sino como ayudante de campo, y que su principal virtud era darle al técnico un informe detallado y preciso de lo que harían los rivales quince días antes de enfrentarlos.