sábado, marzo 31, 2007

Encuentro imaginario

entre Giuseppe Baldini y Antoine Pélissier, perfumistas


Ejercicio autoimpuesto de imitación creativa (?), no recomendado por ningún taller y sin otro objetivo que el entretenimiento propio, y tal vez ajeno.
Los citados son personajes de la novela “El perfume” de Patrick Süskind.


Dice el autor:
“En aquella época vivían en París una docena de perfumistas. Seis de ellos vivían en la orilla derecha, seis en la izquierda y uno justo en el medio (1), en el Pont au Change, que unía la orilla derecha con la Íle de la Cité…”
“…Baldini se quitaría la levita impregnada de agua de franchipán, se sentaría ante su escritorio y esperaría una inspiración. Esta inspiración no llegaría. Entonces se dirigiría a toda prisa al armario donde guardaba centenares de frascos de ensayo y haría una mezcla al azar. Esta mezcla no daría el resultado apetecido. Con una maldición, abriría de par en par la ventana y tiraría el frasco al río. Haría otra prueba, que también fracasaría, y entonces empezaría a gritar y vociferar y acabaría hecho un mar de lágrimas en la habitación de ambiente casi irrespirable. Hacia las siete de la tarde bajaría desconsolado, temblando y llorando, y confesaría: ‘Chénier, ya no tengo olfato, no puedo crear el perfume…”
“…y entonces Chénier le propondría enviar a alguien por un frasco de ´Amor y Psique´de Pélissier, y Baldini accedería con la condición de que nadie se enterase de semejante vergüenza; Chénier lo juraría y por la noche perfumarían el cuero del conde Verhamont con la fragancia ajena…”
“…¡Ah, qué triste resultaba para un hombre cabal verse obligado a seguir caminos tan sinuosos! ¡Qué triste manchar de aquel modo lo más valioso que el hombre posee, su propio honor! Pero, ¿qué hacer, si no? El conde de Verhamont era un cliente que no podía perder. Ya casi no le quedaba ninguno…”
“…Y si Baldini, finalmente, experimentando durante noches enteras averiguaba la composición de ‘Amor y Psique’, Pélissier creaba ‘Noches turcas’ o ‘Fragancia de Lisboa’ o ´Bouquet de la corte’ o el diablo sabía qué más. Aquel hombre era, en todo caso, con su irrefrenable creatividad, un peligro para todo el gremio.”

(1) A mí me da 13, pero así dice.

El dilema de Baldini, en la novela, se ve resuelto con la aparición de Jean-Baptiste Grenouille, el asesino del olfato más fino del mundo. Pero supongamos que no fue así, y que tampoco envió a otro a conseguir el perfume del odiado Pélissier.
Acá voy:

Baldini desembocó finalmente en la Rue Saint-André-des-Arts y se detuvo frente al toldo esmaltado de Pélissier. Echó una rápida mirada al mostrador distante y vio que se hallaba vacío. Si sus cálculos eran correctos, Pélissier no se rebajaría a atenderlo en persona. Hasta él mismo, el arruinado Baldini, conservaba aún las formas y mantenía en el mostrador a Chénier, y sólo bajaba de su estudio cuando se trataba de un cliente demasiado importante.
Vio su reflejo en el oscuro vidrio del escaparate y le pareció que el bigote falso se había despegado un poco del lado derecho. Lo apretó firmemente, contuvo la respiración y entró en el local.
Cuando volvió a respirar, lo asaltó un remolino de olores más vertiginoso aún que el de su propia perfumería, que de inmediato le llenó los ojos de lágrimas e hizo que su nariz, congestionada por los intentos fallidos de imitar el “Amor y Psique”, comenzara a gotear. A su paso un carillón anunció la entrada y automáticamente se puso en funcionamiento un dispositivo mediante el cual un ángel de oro comenzó a verter desde su cántaro una famosa creación de Pélissier llamada “Fuego español” en una enorme fuente en forma de concha, también de oro macizo. Baldini lo comparó con sus tristes garzas de latón que escupían la vieja agua de violetas cuando (cada vez más espaciadamente) un cliente trasponía las puertas de su negocio, y no pudo evitar sentirse descorazonado.
Más aún cuando vio que el propio Antoine Pélissier bajaba pomposamente las escaleras de ébano para atender el llamado.
- Sea usted bienvenido, monsieur… - dijo Pélissier ubicándose detrás del mostrador. Había hecho la pausa justa para que su interlocutor se presentase, pero Baldini no había previsto eso y dijo lo primero que acudió a su mente.
- Frangipani…Giuseppe Frangipani, maître Pélissier…
- ¡Caramba! ¿Acaso sois descendiente del famoso Mauritius Frangipani, el descubridor de la solubilidad en alcohol de…?
- No – cortó Baldini -, me temo que no. Soy apenas un comerciante de sedas de paso por vuestra ciudad, monsieur.
- Vaya. Frangipani es el inventor del perfume tal cual lo conocemos hoy, de ahí mi…
- Conozco la historia, gracias. Pero os repito que sólo es una coincidencia.
- Estimado señor Frangipani…¿en qué puedo serviros? Mi local está enteramente a vuestra disposición.
- Muchas gracias. Bien, desde que llegué a París no he escuchado hablar más que del “Amor y Psique” de Pélissier.
- Es lo último que he creado, claro.
- Lo he sabido también.
- Y naturalmente lo queréis - dijo Pélissier con un brillo de triunfo en los ojos. La seguridad del hombre joven y la displicencia con que Baldini percibía que lo atendía hizo que se sintiera súbitamente enojado.
- En realidad no, maître Pélissier.
- ¿No?
- Verá (2): no ha terminado de gustarme. Lo hallo un tanto tosco y vulgar. - dijo Baldini mientras volvía a secarse la nariz.
- Ahá…- dijo Pélisier fingiendo interesarse y controlando a duras penas su deseo de tomar al otro por las solapas.
- En efecto. Tuve ocasión de experimentarlo y me pareció una fragancia común. ¿Por qué París se rinde frente a esto?, me pregunté.
Baldini se escuchaba a sí mismo como en distintos planos. En uno estaba simplemente siendo Baldini, diciendo lo que en verdad le parecía y olvidando el motivo de su visita al negocio de Pélisser. En otro (pero este era un plano más alejado, casi un susurro inaudible) se preguntaba adónde quería llegar y se imploraba abandonar esta tontería.
- ¿Y qué habéis descubierto, maître Frangipani? – preguntó a su vez Pélissier, cambiado con sorna el “monsieur” por el “maître”, cosa que a Baldini le pasó inadvertida.
- Pues no lo sé, francamente. Supongo que son los tiempos que corren, mi estimado Pélissier, donde la novedad tiene más predicamento que las cosas verdaderamente buenas. Pero no he venido a deciros eso…
- Espero que no – dijo Pélissier mirando al otro directo a los ojos – Ahora, si quisiérais ser más espécifico…
- No os he dicho toda la verdad, antes.
- Señor – dijo Péllisier irguiéndose en toda su elevada estatura -, hace apenas dos minutos que habéis ingresado a mi local. Y ya habéis insultado una de mis fragancias y ahora confesáis que también sois un mentiroso. Debo pediros que…
- En realidad sí soy descendiente de Mauritius Frangipani.
- Pues…
- Aunque no me he dedicado al arte de la perfumería…
- Entonces no sois quién para…
- Pero conozco todo lo que es menester, maître Pélissier…
- Lo dudo bastante…
- Y tengo una inmensa fortuna. Escuchad: hay en esta ciudad alguien que sí mantiene las sagradas tradiciones de vuestro arte, alguien a quien mi ancestro elegiría sin dudar como su digno sucesor…
- ¿A quién os referís?
- Sin embargo es un hombre viejo y enfermo, y además está en bancarrota y pronto se verá obligado a cerrar sus puertas.
- ¿Baldini?
- Alguien que en otros tiempos creó verdaderas obras de arte como la “Rosa del Sur”.
- ¡Baldini! ¡Estáis hablando del decrépito Baldini!
- Esta es mi propuesta: deberéis conseguir las fórmulas de Baldini, de cualquier manera. Luego, en secreto, os financiaré para producirlas a gran escala.
- ¡Salid inmediatamente de mi negocio!
- El esplendor de las grandes fragancias de Baldini será nuestro…
- Maldito loco…¿por qué no vais directamente a ver al viejo Baldini…?
- Ya os he explicado que agoniza: mejor vos, mejor alguien joven aunque sin talento…
- ¡Fuera de aquí!


Y así sucesivamente. Pélissier terminaría echando al atrevido y Baldini se quedaría sin el perfume, pero con la satisfacción de haberle dicho unas cuantas cosas al rival, y encima tentándolo por saberlo ambicioso. Y si Pélissier no lo echara y aceptara robarle las fórmulas al “otro”, aunque después todo quede en nada, ¿no sería fantástico para el viejo Baldini?


(2) ¿Verá? ¿Veréis? No importa mucho, y supongo que me equivoqué en varios.


16 comentarios:

La luna dijo...

Viste la película?
Buenos días.

Sergio M dijo...

Buenos días! No, no la vi...No me digas que en la película se encuentran!

APA dijo...

¡Yo venía a comentar en el otro!Estoy mirando esta película y a pesar de lo que dicen me gustó.Ahora leo todo. Saludetes.

Sergio M dijo...

Bueno, haga tranquila... ¿Usted la recomendaría?

APA dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
APA dijo...

Dije estoy mirando porque todavía no me bajé el cd 2 (soy nueva en esto y me avivé tarde) faltan horas y la termino de ver...

APA dijo...

el perfume: Muy buena fotografía y mucha sensualidad. En lo personal me gustan las "de época". Además tengo debilidad por los perfumes, sí ya sé que es una frivolidad pero bueno... Sergio lo nombro juez de mi post del 30 de marzo, vaya a decidir quién sube al podio así publico algo nuevo, gracias.
(Los otros hombres no van a confesar)

Sergio M dijo...

Como dijo la Coca Sarli, ¿Qué pretende de mí?
Me tomo unos mates, me pongo la toga y allá voy a impartir Justicia...

laura dijo...

no vi la película ni leí el libro.
vale pasar a saludar igual?
beso
laura

El profe dijo...

Los perfumistas procuran más que cualquier otra cosa no embotar su sentido olfatorio, tienen complicados rituales de limpieza y cuidado de su apéndice nasal...por eso me parece que no habitan ni trabajan en ambientes sobrecargados de aromas....digo.

Sergio M dijo...

LAURA: Nena, como no veas películas en algún avión...Volvé, Laura! (estás viajando mucho, ¿no? Qué bueno!)

Sergio M dijo...

Profe: yo pensé lo mismo, pero la idea era seguir a Süskind y está armado así. Inluso la gotera nasal de Baldini es bastante más grave en el libro...

laura dijo...

Muzzio
Volví, estoy en bs as, pero taardo en llegar. De a poco. Y en al avión no veo películas. Ya te dije. ni películas ni nada. Viajo como mario barakus.

Sergio M dijo...

No entiendo por qué...pensá en cosas lindas: LAPA, los radares, el silencio de radio...

Anónimo dijo...

ja-ja ¡Que buenito! ja-ja

Camila dijo...

Utilizo mucho internet, para conseguir recomendaciones de distintas películas y también de libros. Es por eso que trato de buscar novedades cada semana para poder ir al cine. En los últimos días estuve un poco desaparecida, ya que estuve dedicada a la compra de una heladera patrick, y de un televisor, pero ahora me voy a reincorporar a mis salidas cinematográficas