jueves, diciembre 14, 2006

El show de los Muppets

Cuatro de la tarde.
Pablito se apura con un laburo que hasta ese momento venía haciendo a media máquina. Nelly interrumpe sus excursiones al baño por lo menos por una hora. El señor Cañete le mete presión a una reunión y azuza a sus muchachos para que entreguen lo que les pueda quedar en el tintero.

A las cuatro de la tarde se produce un giro dramático, casi grotesco, en la trama oficinesca. Es demasiado tarde para dar vuelta el día por completo, pero demasiado temprano para darlo por terminado. Por espacio de más o menos una hora, hay un movimiento parecido al trabajo a conciencia. Los jefes vuelven a ejercer por un rato (se relajan después del menú ejecutivo y la copa de Valmont bautizado) y entonces las caretas deben reacomodarse y sostenerse un rato más.
En una oficina que trabaja hasta las seis, a las cuatro pasa eso, se realiza el Maratón de los sesenta minutos; a las cinco eso está terminado, y la inercia manda hasta las seis. Pero las cuatro de la tarde son milagrosas. Uno podría pararse a contemplar la hora camaleónica como si fuera el cambio de guardia en Buckingham, y no saldría defraudado.
Es la mejoría de la muerte, el último manotazo del ahogado, la recta final sin ganador visible todavía, cuando el pelotón entero cobra vida de pronto por lo menos hasta que uno saque cuatro cuerpos y todo esté definido.
A las cinco se les agota el aire, se cortan los piolines al unísono y las caretas empiezan a rodar y a entrechocarse en el suelo. Pablito manda a la bandeja más oculta lo que le queda pendiente y Nelly vuelve al baño aunque sea a mirarse las uñas. El señor Cañete, súbitamente tiene una visión de su flamante cuarta esposa y quiere terminar ya con una reunión lánguida y frustrante, donde ha comprobado una vez más que está rodeado de inútiles.

A las ocho del día siguiente volverán a intentarlo, renovarán el drama que irá haciéndose comedia hacia el mediodía, caerá en el absurdo en varios momentos y alcanzará su apogeo a las cuatro, cuando un mamarracho de cucú grandote como el de Carlos Paz les indique que es la hora del grotesco.

8 comentarios:

Margaritas dijo...

y yo que pasaba porque sí! de chusma nomás, no esperaba nada nuevo, pero alégrome.
una duda: alguien toma la posta a las cuatro de la tarde y todos los siguen? o bien cada uno en la suya se transforma?
recuerdo en mi ex trabajo cuando se hacían las dos de la tarde los días sábados y todos miraban hacia la puerta para ver si llegaba el muchacho de las empanadas.
Besos! Marganto
y avíseme cuando hacemos el cacerolazo!

Sergio dijo...

Margrit: no, es como que alguno arranca, pero a la mayoría le agarre la culpa o algo así. pueden ser las cuatro, las 3, no sé.
hay un poco de invento, también, pero digamos que es licencia poética y listo.
Cacerolazo: empezando a las mil seiscientas de hoy.
Beso!

La luna dijo...

y el sueño de marta? ah no, eh? que no se dejan las cosas así no más.
buenas noches.

Sergio dijo...

¿No tiene alguna otra cosa para leer, che?
(buenas noches)

La luna dijo...

si, pero sabe qué? está muy lindo este lugar con esos colores y la verdana que usa para escribir.
linda casa tiene usted.
ahora sí, buenas noches.

Anónimo dijo...

Que buen relato. Tal cual.
Mi experiencia personal se da a las 17.00 hs, cuando mis compañeros esperan que yo, la DJ oficial, ponga siempre el mismo tema que les indica a todos la hora que es, mientras otra persona prepara el mate y asì el ùltimo tramo del dìa suele ser el mas ameno y el que se nos pasa màs ràpido y con la mejor onda (la mayoria de las veces, no todas)
besos
(me dejara comentar?? veremos...)

PARENTESIS

Fer dijo...

Su relato me hizo acordar al cuadro de los relojes derretidos... un tiempo chicloso que no llega nunca...

PD: esa oficina es generadora de modorra post-almuerzo, se lo aseguro

Sergio dijo...

LA LUNA: Si viera la cocina...

ANONIMA PARENTESIS (ja!): ¿Qué tema les ponés y hasta qué hora trabajan?
p.d.: ¿cuándo se arregla esto de los Alfas y los Betas? Parecemos Montescos y Capulettos y no me convence el final de esa milonga...

FER: ¿No pasa en todas? Yo creo que se solucionaría trabajando sólo hasta el amuerzo, y después todos a hacer la siesta en casa. Si Telerman propone eso, yo lo voto, aunque sea pelado.